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Catalina Gil, la 'directora' del Argantonio

  • El sueño cumplido de crear un colegio familiar.

Catalina Gil con su marido, el poeta José Manuel García Gómez, y su hijo Luis en un viaje al Algarve portugués. Catalina Gil con su marido, el poeta José Manuel García Gómez, y su hijo Luis en un viaje al Algarve portugués.

Catalina Gil con su marido, el poeta José Manuel García Gómez, y su hijo Luis en un viaje al Algarve portugués. / d. c.

Casi siempre ha aparecido en un segundo plano, pero el colegio Argantonio no se puede explicar sin ella. Más allá de ser gerente de este centro educativo, esposa y madre de poetas, están la tenacidad y el trabajo. Ella ha participado en momentos importantes de la cultura y la educación en Cádiz.

Catalina Gil Jiménez (El Puerto de Santa María, 1941) se crió en una familia cuyo padre, Vicente Gil de Reboleño García, era de origen montañés. Nació en Caviedes, como la abuela, aunque el abuelo era de Vallines, donde Catalina acompañó a su padre en muchas vacaciones de verano. El padre trabajaba en el sector vinatero y tenía bares. Su madre, Catalina Jiménez, se había quedado viuda y con dos hijos a los 24 años. El primer marido, que era taxista, falleció en un accidente de tráfico. Se volvió a casar y tuvo otros siete hijos, entre ellos Catalina.

Sus recuerdos primeros son portuenses, de sesiones de infantil que la aficionaron al cine, o de juegos en la plaza Peral. Vivía en la calle Jesús Cautivo. Comenzó a estudiar en las Esclavas. De allí pasó a las Carmelitas para el Bachillerato. Después se fue para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel, en Sevilla. Ya era muy aficionada a la pintura. Pasó dos años en Sevilla, mientras residía en casa de una de sus tías. En ese tiempo se sevillanizó bastante, pero el destino la iba a gaditanizar definitivamente.

Cuando apenas tenía 20 años, volvía junto a sus padres de unas vacaciones de verano. Viajaba en aquel antiguo tren Correo, que tardaba más de 12 horas desde Madrid a Cádiz. En el pasillo del tren, se cruzó un joven, que empezó a conversar con ella. Era el poeta gaditano José Manuel García Gómez. A partir de aquella charla, surgió un noviazgo. José Manuel era muy conocido en Cádiz, donde fue uno de los grandes dinamizadores de la vida cultural desde los años 50. Antes de conocer a Catalina, había intentado ligar con una secretaria de Pemán.

Catalina Gil se casó con José Manuel García Gómez en 1964. La boda se celebró en la iglesia de San Joaquín, de El Puerto. El matrimonio tuvo cinco hijos, pero el tercero y el quinto fallecieron. Los tres hijos del matrimonio García Gil son reconocidos profesionales: José Manuel es el actual director del colegio Argantonio y Luis el gerente de dicho centro. Mientras que Daniel es médico internista especializado en urgencias, coordinador de Hospitalización en el Hospital de San Carlos, de San Fernando. Catalina tiene seis nietos: tres de Daniel, dos de José Manuel y una de Luis.

Su vida cambió con la boda. Catalina Gil se vino a residir a Cádiz, a la calle Cervantes, que era donde su marido había vivido desde que nació. En esa casa, García Gómez compartió vivencias con poetas como José Hierro, Rafael Montesinos y los hermanos Murciano, que se alojaron allí. Eran años en los que cultivaba su poesía mientras dirigía la revista Caleta, que había fundado. Sirvió para aglutinar a la generación de poetas de los 50. Aunque también escribieron en sus páginas figuras del 27, como Rafael Alberti, Vicente Aleixandre o Gerardo Diego.

En aquellos primeros años, Catalina fue la fiel compañera de ilusiones de José Manuel, que publicaba una página literaria, entre otras colaboraciones, en Diario de Cádiz. Amaba a Cádiz y la defendía. Gracias a él se evitó un proyecto que pretendía el derribo del Arco de la Rosa. José María Pemán apreciaba mucho al matrimonio García Gil, aunque José Manuel había afrontado algún desencuentro. En su domicilio, Catalina tiene una foto de Pemán dedicada "a la musa" y "al poeta".

Todos los sueños compartidos de Catalina Gil y José Manuel García Gómez se hicieron realidad en 1970, cuando fundaron el colegio Argantonio, en San Severiano. Ella piensa que García Gómez, por encima de todo, era un educador. Había sido profesor en el colegio María Auxiliadora de Puerto Real. Y tenía el sueño de crear un colegio propio. Primero se integraron en el proyecto dos profesores de Puerto Real, pero al poco tiempo renunciaron y el matrimonio García Gil se quedó al frente.

Empezaron con 140 niños. Pidieron un préstamo de 25 millones de pesetas. José Manuel se ocupaba de la dirección del colegio y Catalina de la gestión administrativa. Al principio, tenían el edificio alquilado, aunque después pudieron comprarlo y ampliarlo. La última mejora fue la instalación de pistas deportivas. Actualmente cuentan con más de 700 alumnos. En los tiempos de natalidad alta llegaron a 1.500 alumnos, con tres unidades educativas por ciclo. Ahora hay dos. Ofrecen Educación Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato.

En el comienzo, Argantonio era un colegio privado, con enseñanza mixta. Fue un centro novedoso en Cádiz. Después se integró en la enseñanza concertada. Mantiene fidelidad a sus principios de una enseñanza libre y laica. Incluye clases de religión, pero no ha sido nunca confesional. En sus aulas han estudiado alumnos que ahora son reconocidos profesionales: médicos, abogados, arquitectos, artistas... Cuidan ciencias y letras, con profesores que garantizan la calidad de la enseñanza.

Catalina Gil cree que lo más importante del colegio Argantonio es que funciona como una familia, cada uno en su lugar. Elogia la buena labor de la AMPA. Ella ha ejercido la gerencia durante 40 años, hasta que se jubiló. Su esposo fue director hasta que falleció en 1994. Pero la empresa mantiene el vínculo familiar, ya que su hijo José Manuel es el director y su hijo Luis es gerente.

Ambos han heredado la faceta de poetas y escritores de su padre. José Manuel García Gil tiene una importante obra poética publicada. Recibió el premio Hermanos Machado de 2016 por La belleza no está en el interior, su último libro. También es director de la editorial Calembé. Luis García Gil, además de poeta, es ensayista, experto cinéfilo y un especialista de referencia en Joan Manuel Serrat y Luis Eduardo Aute, entre otros. Es autor de Un poeta en medio de las olas, que incluye datos esenciales sobre la vida y obra de García Gómez. En cuanto a Daniel García Gil, es autor de guías médicas muy consultadas, como el manual Terapéutica médica en Urgencias.

Así que los tres hijos de Catalina Gil han publicado libros. Su gran afición ha sido la pintura, que ha practicado en sus ratos libres, aunque nunca ha expuesto. Acudió a clases de perfeccionamiento en la Escuela de Artes y trabajó con el pintor Manuel Virella.

También ella ama a Cádiz sobre todas las cosas. Ahora vive en Bahía Blanca, en la calle Tamarindos. Le duele ver el centro de Cádiz triste para las fiestas de Navidad. Le gusta el Carnaval, pero en su momento; y vive la Semana Santa viendo sus cofradías preferidas. Su marido fue pregonero de la Semana Santa de Cádiz en dos ocasiones (1967 y 1980). Sólo han repetido él y Montero Galvache. Además de la pintura, sus aficiones son el cine y la lectura.

Su ilusión sigue viva. Para muchos siempre ha sido la directora del Argantonio. Allí trabajan hoy unas 80 personas, entre el personal docente y no docente. Algunos pensarán que ha vivido en función de los demás: su marido, sus hijos, sus nietos, la gran familia de su colegio… Puede que no haya aparecido en muchas fotos. Pero nada de lo que ha conseguido se podría explicar sin su trabajo, su ilusión y sus esperanzas. Un día se subió a un tren que cambió su vida.

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