Una cuestión de ciudad

  • Transformación. El gobierno de coalición de izquierdas ha sabido evolucionar en estos tres años. Ha dejado al lado la política del megáfono y apuesta ya por la gestión de ciudad

Decía el alcalde José María González a este periódico, tras el inicial fiasco del proyecto hotelero en la Ciudad del Mar, que él siempre estaría "a favor de todo lo que venga a dinamizar el turismo, la economía y todo lo que venga a traer empleo de calidad a Cádiz", afirmando así que su gobierno estaba dispuesto a plantear una modificación puntual en el PGOU para evitar la pérdida de este complejo. Al instante, el concejal de Urbanismo, Martín Vila, se reunía con los promotores y les ponía a su disposición la oficina técnica para solventar las dificultades técnicas.

La postura del gobierno de izquierdas, aquel al que hace tres años muchos acusaban de llevar la ciudad a la ruina, es la propia de un gobierno de ciudad, que asume acciones que van en favor de una mayoría, que beneficia la economía de la ciudad y la apuesta de ésta, en este caso, por un desarrollo del turismo.

Bajo esta visión, se afianza la apuesta por la movilidad urbana. Hoy hay una nueva cita en la plaza de España. Un proyecto de peatonalización ambicioso que, como el del hotel en la Ciudad del Mar, tiene un calado de 'ciudad', más allá de las dudas de algunos vecinos siempre acostumbrados a dejar el coche en la puerta de sus casas. Más de una vez hemos recordado en estas páginas que hubo una vez en la que la calle Ancha, San Francisco e incluso Catedral estaban tomadas por los coches. Y hoy a nadie se le ocurriría abrirlas a la circulación de nuevo. Al tiempo, eso mismo pasará cuando nos acostumbremos a una plaza de España peatonal, bien cargada de actividades culturales o lúdicas. O donde, simplemente, se nos invite a un paseo tranquilo.

La apuesta por los centros escolares públicos también es una forma de apuesta ciudadana.

Este que firma estudió parte de la EGB en un anexo del colegio público Jaime Balmes (Arbolí), que ocupaba la planta baja de la antigua residencia del obispo, en lo que hoy es Entrecatedrales. Aulas frías, nada preparadas para la enseñanza y patio lleno de piedras. Un ejemplo de lo que era entonces, hace ya unas cuantas décadas, la apuesta por los colegios públicos: nula, la gran mayoría mal cuidados, sin instalaciones deportivas, sin salón de actos, sin nada. No nos extrañemos así que muchas familias optasen por llevar a sus niños y niñas a los colegios privados, después reconvertidos en concertados, todos o casi todos grandes, enormes, bien equipados. Incluso en tiempos de democracia el cariño hacia lo público en Cádiz fue muy limitado por la administración topándose a veces con delegados de la Junta (ahí está la recordada Pilar Sánchez al frente de Educación), que dinamitaban cualquier proyecto de nuevos colegios en la capital.

Por eso es bueno que desde el gobierno de la ciudad se lance una apuesta por la educación pública (curiosamente el PP defendió en sus años de gobierno más a los colegios públicos que el PSOE, aportando suelo y pagando colegios como el Carola Ribet -otra vergüenza mientras se mantuvo en su ubicación original en la barriada España-, o el instituto del Náutico, entre otros), aunque lo ideal sería que fuera acompañada por una mayor carga presupuestaria y no ir remendando desperfectos a la vez que dan la cara.

Dineros que aparecen en el Presupuesto Municipal. Esta semana el gobierno de José María González ha rubricado el acuerdo para apoyar las cuentas de 2018 con el PSOE de Fran González. Es el primer acuerdo de este mandato corporativo, y aún nos estamos preguntando porqué no se pudo cerrar en años pasados y, sobre todo, porqué se han consumido ya casi cuatro meses para conseguir un documento consensuado.

Ahora queda lo más complicado: cumplir con lo comprometido en el documento. Apostar por los servicios sociales (¿veremos de una vez por todas los cambios tantas veces reclamados por Podemos-Ganar Cádiz para este área cuando gobernaba el PP?), impulsar la política de viviendas sociales, recuperar el patrimonio histórico, potenciar la movilidad urbana, el empleo...

Entramos en el último año de este mandato, por lo que para González y los suyos es bueno contar con un presupuesto renovado, olvidándonos del de 2016. Nos queda la duda de si en el mismo se darán ya los pasos necesarios para impulsar los nuevos contratos de la limpieza urbana y del transporte urbano, dos claves en el día a día de la ciudad donde también se tendría que ver el modelo de ciudad de la coalición de izquierdas.

En todo caso, las cuentas para el 18 demuestran que el gobierno de González es capaz de llegar a acuerdos en cuestiones que son esenciales en la gestión de una ciudad, como es el Presupuesto Municipal. No nos extraña. Ya se logró con la Universidad de Cádiz para la operación del Campus de la capital y también con la Junta de Andalucía para determinadas operaciones urbanísticas, como la Ciudad de la Justicia. O con la Autoridad Portuaria.

Todo ello en conjunto viene a significar que José María González ha ido acumulando sabiduría como gestor de la ciudad. Ha dejado a un lado los impulsos radicales que en un principio se le suponían, por su procedencia política, para priorizar los intereses de Cádiz, como acaba de pasar también esta semana con el nuevo contrato para Navatia, tan criticado por los suyos desde Madrid. Porque gobernar no es lo mismo que gritar en una protesta callejera, aunque algunas de estas decisiones a veces no hayan sido comprendidas por aquellos de los suyos que siguen pensando en clave megáfono y no en clave Cádiz.

González lleva ya a rajatabla (tras los patazos iniciales de una parte de su equipo) lo que él mismo pregona cuando puede: que hay que pensar en modo ciudad y no en modo partido.

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