El castigo cotidiano

  • Los vecinos y trabajadores del casco antiguo sufren la falta de aparcamientos

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Aparcar el coche en el centro es cada vez más una misión imposible para los vecinos y trabajadores, especialmente, del barrio Santa María y San Juan de Dios. El autobús se ha convertido en el medio de transporte por excelencia para llegar al centro.

Los residentes se quejan de las zonas azules y la reducción cada vez mayor de aparcamientos libres a causa de las obras. "Esto es criminal", apunta enfadado Joaquín Chulián dueño de un almacén en el barrio Santa María. "El barrio más pobre de Cádiz es el que más paga por aparcar en zona azul, es vergonzoso", señala indignada Ana María Romero, propietaria de una panadería.

Cada vez que el marido de Ana tiene que aparcar tarda una hora en encontrar sitio y "al final lo tengo que dejar en Bahía Blanca". Al no encontrar plazas de aparcamiento libres y no poder dejarlo en zona azul porque se excede del tiempo máximo, Ana y su marido dejaban a veces su vehículo mal aparcado y "en un mes se ha llevado la grúa dos veces el coche". Ana apuesta por la creación de unas tarjetas para los residentes que les permitan aparcar gratis en las zonas azules.

Por su parte, Lourdes Navas ha optado por coger el autobús desde San Fernando para ir todos los días a trabajar a su tienda de golosinas y frutos secos. Cada día se gasta tres euros y los días que trabaja por la tarde seis. "La gente de fuera no viene a Cádiz, conoce los problemas de aparcamientos, prefiere ir a los centros comerciales con cómodos garajes que venir al centro a comprar", opina resignada Lourdes Navas.

Joaquín Chulián vive en Loreto pero trabaja durante todo el día en un ultramarino de Santa María. Cansado, hace algunos años decidió abonarse al parking de Las Cuestas de las Calesas. "Nunca encontraba sitio, a veces lo aparcar mal y tenía que estar atento por si venía la Policía y otras veces lo dejaba en zona azul pero cada tres horas tenía que cambiarlo". Otros como Melchor, dueño de una frutería, deja su furgoneta en zona de carga y descarga. Y el hijo de Samuel López, residente del centro, prefiere venir desde Chiclana a recoger a su padre en coche para llevarlo a su casa y luego traerlo de nuevo a Cádiz que agobiarse buscando plaza de aparcamiento.

"Esto es un desastre. No hay suficientes aparcamientos en el casco antiguo y ahora, encima, quitan los pocos que quedaban", señala Samuel López. "Quieren crear muchos garajes públicos, pero no se dan cuenta que no todo el mundo puede permitirse pagarlos". Vecinos como Samuel creen que este tipo de iniciativas no atraen a la gente que viven fuera del casco antiguo. "Los ciudadanos necesitan plazas libres, los parking públicos no son atractivos, y menos con los altos precios que establecen".

El empresario Antonio Septiem ve un lado positivo en este asunto. "Las obras fastidian, sí, pero el resultado será beneficioso para el barrio y la ciudad". La mayoría creen que las mejoras previstas darán vida a la ciudad pero el problema del aparcamiento sigue sin resolverse.

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