La azafata que disfrutaba de cada minuto

  • El padre gaditano de Sonia Rodríguez, que murió en el accidente de Spanair, recuerda que tenía pasión por su trabajo

Sonia Rodríguez del Castillo iba a cumplir 29 años el próximo 20 de septiembre. Sin embargo la vida se truncó el pasado 20 de agosto en el desagraciado accidente que sufrió el vuelo de Spanair JK5022 en el aeropuerto de Barajas.

Sonia tenía sus orígenes por la rama paterna en Cádiz, donde había nacido su padre, Ignacio Rodríguez Unzurrunzaga. Su familia en estos lares es muy conocida, ya que su abuelo, Edmundo Rodríguez Escobar, fue director de la fábrica de San Carlos en San Fernando. Sin embargo, su padre un día se fue a Málaga a estudiar Económicas y allí se quedó y allí conoció a su esposa, Sonia del Castillo González, de cuyo matrimonio nacieron Sonia, Begoña, Ignacio y Borja.

Sonia Rodríguez llevaba nueve años como azafata de vuelo en la compañía Spanair, a donde llegó nada más cumplir los 20 años. Fue entonces cuando trasladó su residencia a Madrid, junto a toda su familia, pero volvía al sur con frecuencia a Málaga.

Su padre, poco antes del funeral de Sonia, recordó que adoraba su trabajo: "Sentía pasión, disfrutaba muchísimo; siempre llegaba a casa contando anécdotas divertidas, que si un pasajero esto, que si un pasajero lo otro. Siempre eran buenas historias".

Sonia Rodríguez se pasaba el día volando, tenía la experiencia que dan los años de trabajo y cubría todos los destinos, tanto nacionales como internacionales. De hecho, el día después del accidente tenía que volar a Gambia y el domingo anterior al siniestro, el 17 de agosto, viajó de Málaga a Madrid con su padre. "¿Que como estaba? Se encontraba muy bien, como era ella, muy divertida", respondió Ignacio González.

Su padre la recuerda como una persona que "tenía muchos amigos, pasión por su trabajo, era muy marchosa y le gustaba salir por la noche con su hermana, era muy abierta... Le gustaba disfrutar de la vida, buscar siempre el lado positivo". La playa el esquí y la lectura eran algunas de sus aficiones, pero lo que más le gustaba era navegar. Había estado unos días en Ibiza navegando y tenía planeado regresar dentro de unos días. No en vano sus planes eran los de alquilar un barco con un grupo de amigos y navegar por las aguas ibicencas antes de hacer una escapada por la Riviera Maya. Su ideal era la de disfrutar cada minuto de la vida.

Hasta que el maldito 20 de agosto la fatalidad se cruzó en su camino. La familia ha agradecido el trato y la atención de la compañía Spanair que califica de "ejemplar", aunque comprende y respeta la desesperación que cunde entre los familiares. Apenas dos horas después del accidente, le comunicaron que Sonia formaba parte de la tripulación de ese vuelo, aunque aún no estaban en condiciones de confirmar ningún dato más. La noticia de su muerte llegó un poco más tarde y entonces "el mundo se vino encima".

Sonia Rodríguez del Castillo falleció por el impacto del avión de Spanair y su cuerpo fue entregado a la familia al día siguiente. El jueves se celebró un funeral en la parroquia de San Miguel de Miramar en la capital malagueña. La iglesia estaba abarrotada y las señales de pésame y dolor no cesaron.

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