Los artesanos dicen que el sector aún es un desconocido y precisa promoción

  • Aseguran que las galerías de El Pópulo y Santa Catalina son malos lugares para la venta y que, en general, la actividad no termina de arrancar · Por su parte el Ayuntamiento valora que la evolución ha sido buena

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No es que les vaya mal. Con trabajo todo se puede, determinan, pero las condiciones no les ayudan. Aunque el Ayuntamiento se muestra satisfecho con la evolución del sector, los implicados creen que hace falta mucha más promoción.

Los artesanos de las galerías de El Pópulo venden, pero porque llevan años de empeño y porque la mayoría de su economía corresponde a encargos. Si dependiesen de que los ciudadanos y turistas tuviesen que pasar por allí para adquirir sus productos, no podrían sobrevivir. Explican que la zona es mala, que no pasa casi nadie durante el día, pues cuando está ambientada es por la noche. Aunque algunos, como Regla Lorenzo, la artesana de los abanicos, intentan prolongar la jornada hasta las diez de la noche, poco tienen que hacer de esa manera. Hay quien dice permanecer allí porque precisa de un taller y le compensa que le salga gratis, aunque la ubicación no sea la mejor.

Por todo esto ven esencial que se tomen algunas medidas. De entrada, que se señalice mejor la ubicación de la galería, como apuntan Rubens Hernández, de Oho, y Fernando Vargas, de Manos gaditanas. Dicen que lo ideal sería que se haga incluso desde las plazas y calles más céntricas de la ciudad. Otros proponen, por ejemplo, que se dé más información en las oficinas de turismo o incluso, que una de las rutas turísticas pase por allí; "que pongan una de esas líneas de colores".

Peor aún es el caso de las tiendas que también cede el Ayuntamiento en el Castillo de Santa Catalina. Allí, directamente no compensa tener los locales abiertos. Algunos lo usan de almacén, pues estos no se pueden utilizar como talleres, y se dedican mejor a vender, ahora en verano, en el Paseo Marítimo. Explica el secretario de la Asociación de Artesanos Eritheya, Manuel Fernández, que "al principio parecía que iba a ser buen sitio porque el Ayuntamiento decía que pasan miles de personas todos los días por allí, pero lo cierto es que no es así, no se vende nada; en verano todavía podría hacerse algo, pero imposible por ejemplo en noviembre o diciembre".

Precisamente tres de los cuatro locales de venta de artesanía que hay en Santa Catalina están ahora vacíos. El Ayuntamiento señala que esto se debe a que se han acabado las concesiones, que es preciso renovar, y que el proceso ahora es más largo debido a la nueva ley de contratación. Sin embargo, en septiembre tendrán nuevos dueños (o los mismos) y además, los responsables municipales tienen previsto mejorar la señalética.

La valoración que se hace desde el Gobierno local de la evolución del sector es buena. Aseguran que está en auge y lo argumentan con los datos sobre la cantidad de productos que están inscritos ya dentro de la marca Artesanía. Una iniciativa que se puso en marcha hace no mucho más de un año con el objetivo de agrupar y potenciar la actividad de los artesanos que cumplan requisitos de calidad, originalidad, diseño y vinculación a la ciudad, todo bajo una misma imagen, la de la marca, que los identifica.

En concreto en la última apertura de solicitudes para adscribirse a la marca, que se celebró en mayo (hay otras dos en enero y septiembre), se incorporaron 60 artículos. Esto es, casi el doble de los que hasta ahora existían, que eran 37, y resultando un total de 97 productos con la marca.

Además la administración local tiene previsto responder a la demanda de promoción que hacen los artesanos. Señalan que, por ejemplo, se quiere realizar un nuevo proyecto integral y consensuado sobre artesanía.

Pero a los artesanos no les convencen las cifras. Explica Manuel Fernández que "es cierto que puede haber muchos productos inscritos en la marca, pero al final, no son de más de un total de nueve artesanos". Otros problemas que le ven al sector es que ha comenzado a saturarse el mercado, es más, mucha de esa competencia pertenece a economía sumergida.

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