"Si esto no se arregla, en 2012 habrá pancartas"

  • El barrio de Santa María abre las puertas de sus partiditos, donde se vive sin ducha ni cocina, ante el temor de que los grandes proyectos del Bicentenario los deje en el olvido

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Encarna se ducha en la cocina. Coloca bien las sillas, tiende una toalla en el suelo para no inundarlo todo y se coloca sobre una palangana amarilla de plástico. Se va echando el agua calentada en el fogón desde un jarro hasta que termina. Antes ha tenido que recorrer la azotea de su casa para llegar a este cuarto, la cocina-ducha. Más lejos aún, en otra zona diferente de la azotea, está el cuartucho con el inodoro, que el martes pasado amaneció completamente atascado. Por eso por las noches, ante el temor de que le pase cualquier cosa, usa un cubo que reposa en el balcón de la tercera parte de su hogar: una habitación de pocos metros donde conviven el frigorífico y la cama, la televisión y el armario.

José Rodríguez y Julio Sánchez, presidente y vocal de Vivienda, respectivamente, de la asociación de vecinos Tres Torres de Santa María son los que llaman a la puerta de la casa de Encarna Rodríguez, que cumple este año los 72 y está enferma del corazón. De tanto recorrer la azotea para ir al baño y a la cocina, no hay invierno que no pille la gripe.

La entidad quiere enseñar la infravivienda que subsiste en las estrechas calles del barrio y que temen que se olvide ante la vorágine de proyectos para el Bicentenario de la Constitución. "Si esto no se arregla, aquí en el 2012 no vamos a poner banderas: pondremos pancartas con el nombre de los culpables, porque algún culpable habrá si sigue así".

La casa de Encarna está en Sopranis, 12, en la segunda planta. La entidad explica que el resto de las familias del inmueble -suman 18- no viven en infraviviendas propiamente dichas, ya que tienen lo esencial, con la excepción del vecino más inmediato de Encarna, que acumula en una pieza de cómo mucho 15 metros una cama, un cuarto de baño sin separación y una cocina. En su día Encarna quiso quedarse con este partidito para hacerse allí una cocina y un baño, pero el precio y su estado -"entonces estaba hecho una ruina"- no la convenció.

Los otros inquilinos de este inmueble, que eso sí, muestra algunos arreglos, no viven en partiditos pero sufren problemas de humedad derivados de la sobreocupación de la finca.

José y Julio suben por la calle Santo Domingo y pasan por delante de los números 29 y 31. La casa está vacía porque la propiedad iba a firmar un acuerdo con la Junta, y ésta realojó a las seis familias inquilinas hace más de un año. Antes de la firma, la propietaria desapareció del mapa, y ni la Oficina de Rehabilitación ni el Ayuntamiento -al que la Junta pidió que expropiara- han conseguido encontrarla. Sin embargo, Urbanismo sigue adelante, cumpliendo con todos los trámites previos a la expropiación.

Mirador, 17. Esta es una de las fincas históricas y con infravivienda donde la Junta puede ejercer el derecho de tanteo y retracto. Antonio Vela vive en el bajo, en un cuarto minúsculo y mal ventilado (tiene la mitad de una ventana y una rendija sobre la puerta que miran al patio). Usa el inodoro comunitario situado frente a su puerta, al otro lado del patio, pero no tiene cocina, por lo que suple carencias en casa de su hermana. En esta finca hay trece familias, menos que antes, porque la propiedad, un matrimonio asturiano, no alquila las de la segunda planta debido a la mala situación del inmueble.

El recorrido por el barrio vuelve a Santo Domingo, al número 26. Al igual que Sopranis, 12, es propiedad de Francisco Sánchez, quien está rehabilitando con la Junta la Casa Lasquetty en el mismo barrio. Jesús Martínez, director técnico de la Oficina, explicaba que el propietario ya había mostrado su intención de llegar a acuerdos para rehabilitar esas dos fincas. De momento, en Santo Domingo, 26 las viviendas tienen cocina y cuarto de baño, pero el problema deriva de la escasez de espacio y la estrambótica distribución en la casa de Isabel Villa. Al pasillo se abren dos dormitorios: en uno duerme el matrimonio y, en una cama situada bajo la principal, que sacan cada noche, el hermano de ella y su hijo. La hija de Isabel duerme sola en el segundo dormitorio porque es asmática y se asfixia. Desde el pasillo se llega a la cocina, único paso a un salón que carece de ventilación, y por último está el baño. La vecina de Isabel, Carmen, tiene techos de uralita y un importante desnivel en el suelo del salón aunque, según explica, hay refuerzos debajo.

En esta casa de una sola planta, indica la asociación, viven seis familias pero, si se arreglara y aumentara la altura, podrían habitar el doble.

La visita a las miserias del barrio de Santa María concluye en Gloria, 2, una hermosa finca, pero con infravivienda, algo que no durará demasiado, porque la Junta ya ha alcalzado un acuerdo con la propiedad para arreglarla, y ahora se está modificando el estudio previo. Cuando la finca se arregle, Antonio tendrá cocina y ducha: ahora vive en una pieza alargada donde están el salón y el dormitorio separados por un biombo. Al otro lado de la corrala hay un cuarto, una antigua cocina que permanece igual desde hace décadas y que conduce al inodoro. Come en la calle y se ducha en casa de un amigo o en el baño público del Campo del Sur. Por este motivo, se queja de que esas duchas estén cerradas desde octubre por unas obras que cree que no se están realizando. José Rodríguez indica que, ante la falta de baños en sus casas que aún sufren vecinos del barrio, éstos son usuarios del servicio ahora clausurado. Antonio no es el único afectado.

El presidente y el vocal van desgranando el estado de los inmuebles conforme pasan por la puerta: en Teniente Andújar, 7, sigue habiendo infravivienda; en Santo Domingo, 1, hay un local cerrado desde hace años; la reforma de Sopranis, 28 está a punto de licitarse. Esta casa fue noticia porque los pisos se vendieron cuando el Ayuntamiento ya había dado el último paso previo a la expropiación. Finalmente este proceso no siguió adelante, y la casa será rehabilitada por los nuevos propietarios, con ayuda autonómica. Porque todo no es malo: el 79 por ciento de barrio está rehabilitado o en proceso.

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