25 años de una Regata inolvidable

  • Buena parte de los organizadores de la Regata Colón de 1992 se reunieron ayer en un almuerzo para conmemorar el aniversario de un evento que pasó a la historia de la capital

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"Lo más importante fue la reacción de los ciudadanos. La gente era consciente de que estaba viviendo algo que iba a ser irrepetible". El que fuera alcalde de Cádiz en el año 1992, el socialista Carlos Díaz, recuerda con nostalgia la celebración de la Gran Regata Colón del año 92, la primera de todas y la que nunca se ha llegado a igualar por el volumen de barcos que hubo aquellos días en el muelle.

Carlos Díaz lideró aquel equipo que organizó la Gran Regata en algo menos de dos meses y que ayer se reunió en el Bar Terraza de la plaza de la Catedral 25 años después para revivir aquel momento. Allí estaba uno de sus tenientes de alcalde, Rafael Garófano, y algunos de los mejores técnicos de la casa de entonces, como Antonio Cabrera, Carlos García Espinosa, Jesús Oliden, Juan Carlos Sánchez Enríquez, Germán Molina, Francisco Reina y Manuel Gallego, este último como representante de la parte portuaria.

Si la historia de Cádiz se puede narrar con postales, la de la Gran Regata del 92 estaría entre ellas por el impacto que tuvo entre los gaditanos y los visitantes que pudieron disfrutar de la presencia de muchos barcos, 27 de ellos de más de 120 metros de eslora. Entre esas imágenes, una de las más famosas fue la de los caballos de la Real Escuela de Arte Ecuestre haciendo sus cabriolas con los mástiles de los barcos al fondo.

El niño salió precioso pero el embarazo fue complicado, sobre todo al principio. Manuel Gallego, que estaba dentro de las empresas portuarias, tiene grabado a fuego la fecha del que parecía que iba a ser un apocalipsis: el 17 de febrero. Esa fecha el alcalde decidió coger el toro por los cuernos de la organización después de que el gestor que se había fichado desde la Diputación y que era el que tenía que servir de enlace entre las distintas administraciones, Rafael Salido, dimitió. Garófano describe muy bien este hecho: "este hombre al final no tenía autoridad en ningún lado".

El entonces teniente de alcalde recuerda que aquello era "una catástrofe" con tan poco tiempo por delante, por lo que Carlos Díaz tomó el mando y encomendó a Garófano la organización del evento. El entonces concejal de Cultura, que había pasado por otras muchas delegaciones anteriormente, asegura que le puso dos condiciones a Carlos Díaz. Una, que pudiera formar un equipo de técnicos entre todas las delegaciones municipales. La otra era que no le pidiera cuentas hasta que no acabara la regata. El alcalde sólo accedió a la primera pero permitió que Garófano pudiera conformar un equipo que trabajó como un reloj en el edificio del Palillero, lo que hoy es el Centro Integral de la Mujer. Aquello se convirtió en un ejemplo de cómo la gente trabajó al unísono en pos de un objetivo. Garófano recuerda también cómo se involucró la ciudadanía, "porque se pedía cualquier cosa y se hacía". Antonio Cabrera resalta el mérito de que aquella regata se organizó exclusivamente con medios municipales.

Rafael Garófano tomó conciencia de lo que podía ser el evento cuando estuvo en Londres y confirmaron todos los barcos que iban a venir a Cádiz: "Si no había una catástrofe, vi que aquello podía ser una cosa descomunal".

Uno de los problemas a los que se enfrentaba la organización era la de la comunidad portuaria, que por primera vez se enfrentaba a tener que ceder sus instalaciones para un evento náutico pero con un marcado componente ciudadano.

Manuel Gallego recuerda las piruetas que hubo que hacer para trasladar toda la actividad portuaria durante los días de la Regata a la Cabezuela y encontrar el consenso necesario. El segundo examen al que se enfrentó fue a la ubicación de los distintos barcos que participaban en la Gran Regata en los muelles gaditanos.

No sólo era un problema de espacio, sino que también se encontraban los diplomáticos. En este sentido, no pudieron abarloar un barco ruso con uno polaco porque entonces tenían un conflicto entre ellos. O la exigencias de otros, como el italiano del 'Americo Vespucci', que no quería tener ningún buque situado a su lado.

El alcalde Carlos Díaz recuerda que no se llegaban a poner de acuerdo en cómo tenían que abarloarse los barcos y la organización acudió a él para que tomara una decisión "pero yo llamé a los marinos que eran los que sabían de esto".

Gallego recuerda la emoción que sintió cuando vio entrar el primer barco en Cádiz a las ocho de la mañana del día anterior al comienzo de la Gran Regata, concretamente el 'Gloria' de la armada colombiana, que se situó en el Muelle Ciudad. En este atracaron formando la principal fachada de la Gran Regata del año 92, el español del 'Juan Sebastián de Elcano' y el 'Simón Bolívar' venezolano.

Rafael Garófano afirma que uno de los trabajos más importantes que se hizo fue el de la organización del tráfico en la ciudad. De hecho, durante aquellos días se cerró prácticamente al tráfico de manera que se habilitó grandes aparcamientos en el Bajo de la Cabezuela en Puerto Real y se pusieron autobuses para trasladarlos a Cádiz. Por su parte, los residentes de la capital tuvieron que hacerse con unos tarjetones para poder entrar en la ciudad. Hubo protestas pero nunca se ha hecho una apuesta por la peatonalización como aquella.

Carlos Díaz afirma que no sólo había que fijarse en la concentración de barcos que hubo sino también en lo que pasó un vez que estos atracaron, es decir, "cuando las tripulaciones empezaron a bajar y se mezclaron con los gaditanos".

Una de las cosas que recuerda la ciudadanía fueron las fiestas que se produjeron en los barcos y en algunos lugares de la capital, como en el Real Club Náutico, que dieron lugar después a infinidad de cuplés en el Carnaval de Cádiz.

En lo que coinciden todos los presentes en la reunión de ayer que pese a que eran conscientes de que estaban asistiendo a algo que era excepcional, no disfrutaron de verdad hasta que no se marcharon los barcos.

Carlos Díaz, aficionado empedernido a la fotografía, asegura que no pudo hacer muchas fotos el día de la salida porque se encontraba en la misma patrullera que el Rey Juan Carlos y se tuvo que cortar.

La presencia del Rey fue otro de los espaldarazos para aquella cita, ya que permaneció algunos días en la capital gaditana.

La espinita clavada que quedó de todo aquello es que pese a la repercusión que tuvo en la capital gaditana, en la provincia y en otros puntos de Andalucía, el impacto mediático que hubo más allá de Cádiz fue casi nulo. Antonio Cabrera recuerda algunas de las exigencias que hizo Televisión Española como que hubiera alguna actuación de Carnaval y flamenco. Sin embargo, después lo que salió en los telediario fue una cosa muy breve.

Garófano, no obstante, tiene muy claro que fue "un exitazo de la ciudad" y en el organismo que organizaba la Gran Regata "cada vez que se nombraba a Cádiz era sinónimo de prestigio por todo lo que se había conseguido".

El propio Garófano afirma que la gente en Cádiz se lo tomó como "nuestra pequeña Expo", ya que en Sevilla se hacía la suya por el quinto centenario del descubrimiento de América.

La de Cádiz, "la primera, la única y la grande", como relata Manuel Gallego, se celebró entre el 29 de abril y el 3 de mayo de 1992. La Gran Regata Colón '92 tuvo una duración de 4 meses, recorriendo alrededor de 7.000 kilómetros, a través de los puertos de Lisboa, Génova, Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife, La Gomera, San Juan de Puerto Rico, Nueva York, Boston y Liverpool. Fueron más de 200 embarcaciones las que se inscribieron para asistir, 27 de ellas con más de 48 metros de eslora (clase A). Los navíos hicieron escala en Cádiz, cuyo puerto nombrado como el mejor punto de encuentro por los mismos organizadores de la mayor concentración de veleros del siglo.

Ayer tuvieron oportunidad de recordar aquellos momentos inolvidables en este almuerzo de convivencia entre buena parte de los impulsores de una Regata de hace 25 años.

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