La Viña es una lotería

  • El informe sobre Salud y Desigualdades Sociales que pretendía abrir un debate sobre las diferencias abismales de la cacareada calidad de vida gaditana parece haber caído en saco roto

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Las cuentas no cuadran. La buena vida, la mala muerte, la mala vida, la buena muerte. Las alergias a la desazón van por barrios. La Viña, como la vida, es una lotería. Clandestina, por supuesto. Lo que no mata, engorda. Observe con atención el mapa de las desigualdades sociales de Cádiz. Ocho años de vida alegre y divertida entre La Viña y el Paseo Marítimo, casi dos lustros entre los callejones y Bahía Blanca. Todavía hay clases. Esperanza de vida 2012. La Viña, al contrario que Yanquilandia en la oscarizada película de los Cohen y Bardem, es un país de viejos, lugar de paso del cachondeo, esquinitas del tópico interesado, piriñaca de la muerte agradecida. "Donde más viejos, miseria y necesidades hay en Cádiz", sentencia José Lado de la Peña, presidente de la entidad vecinal. Lo típico, a la Viña del tirón, "unas caballitas, un pelotazo y ahí te quedas".

El informe sobre Salud y Desigualdades Sociales promovido por la Asociación en Defensa de la Sanidad Pública en Andalucía parece haber caído en saco roto. Pretendía abrir un debate sobre las diferencias abismales de la cacareada calidad de vida gaditana y ha ocurrido lo de siempre: desidia y una nube de leche. Delirios de pobreza en el reino de la economía submarina. Ya se sabe que Cádiz sonríe de milagro. Y que sus prebostes andan más preocupados por los edificios que por las personas, por el postureo que por la realidad.

En La Viña hay un montón de gente con noventa años, los hay que superan incluso los tres mil casi sin pestañear, y las estadísticas en torno a la mortandad están para quebrarse. Aquí hay que morir, tiene castaña el eslogan. "La Viña es un barrio de jubilados, aquí queda muy poca juventud, la edad media crece entre tanto anciano, jubilado y prejubilado. Las miserias y necesidades del barrio parecen camufladas por los pisos para veraneantes, el Carnaval y el pescaíto frito. Casi nadie vive en esos pisos de Portería de Capuchinos", incide José Lado. Igual que en la residencia de militares o en los rincones denominados 'Hollywood', la Viña caletera de alto copete, donde el informe de marras dice que se vive ocho años más. ¿Será posible? "Se venden pisos a dos minutos de La Caleta, en la calle Doctor Meléndez. Como no vayan corriendo ..."

Si La Viña es bonita, La Caleta es bonita y Bahía Blanca es bonita, los autores del estudio socioeconómico no han caído en la cuenta de que hay gente que vive en un lugar, trabaja en otro, pasa medio día en otro, media tarde en el de más allá y tiene unos primos en la otra punta de la ciudad donde aseguran que se vive más y mejor. El presidente vecinal de La Viña ironiza también sobre el asunto: "Si en La Caleta se vive más que en La Viña, a un paso de las desigualdades sociales, supongo que la gente que pasa medio año en La Caleta tendrá sus contraprestaciones. La Caleta se convierte en la sala de estar de los viñeros en cuanto pega el sol -esto es, desde ya-. Medio barrio se pasa media vida en la playa. Meriendas, bingos, charlas a media tarde, paseos por la mañana, almuerzos y juegos en familia ...

No obstante, el representante ciudadano de un barrio tan peculiar señala que La Viña es "más pobre que Puntales", por ejemplo, y que Santa María, que nunca sufrió tanta miseria gracias a su estrecha relación con el mar, cuando Cádiz no vivía de espaldas al mar. Se supone que en Puntales, merced a su expansión y a su flamante paseo marítimo, la gente vive un rato más, pero no mejor. ¡Como en la Viña, ná! ¡Non plus ultra!, que diría un castizo recalcitrante al ritmo del tres por cuatro igual a Doce. Esperanza de vida 2012, Magdalena en Ave 2012, Oratorio San Felipe 2012, Sálvese Quien Pueda 2013. La esperanza de vida de políticos y asesores aumenta una hartá.

"La Viña vivía de la pesca artesanal y hoy sobrevive gracias a la lotería clandestina", dice José Lado a las claras. Antes se vendía chocolate al por menor, hoy las calles se llenan de honrados vendedores de cupones blancos. "Si te gusta jugar y recorres los callejones un día cualquiera, te quedas sin ná, llegas a la Plaza sin un euro".

La Viña 69; Hollywood 77. Ni que fuera la Nba de la pobreza y la exclusión social. Del cachondeo callejero, el age intrínseco y el aerolito de Felipe Martín. "Por aquí vienen y se van", como los romanos. "Ya no quedan ni peñistas en La Viña", apunta el dirigente vecinal sin caer en la cuenta de su segundo apellido, De la Peña, más típico no lo hay. "Es muy fácil montar un tablao, ponerse hasta las trancas y marcharse dejando olor a pescado. Que sepa la gente que los mayores de La Viña, que son mayoría, soportan una pensiones muy bajas, que los ancianos caen en el sedentarismo, quizá se acorte la vida por falta de atenciones". Por la dejadez política y también personal, por la falta de equipamientos sociales y de proyectos personales. La Fundación Comes está ayudando sobremanera a los vecinos viñeros en el cambio de bañeras, de la tradicional pila a la placa-ducha. Cada ayuda parece un triunfo en La Viña, reino de la ayuda familiar. El día que se acaben las subvenciones arderá el mapa de las desigualdades.

El día que abran el hotel de Valcárcel, cinco estrellas a modo de oasis en el desierto, pedazo de instalaciones frente a la Caleta, junto al recordado hospital Mora, se modificará el panorama viñero. La entidad vecinal teme la escalada de la especulación inmobiliaria, ya existente. "Si ya no es de recibo que vendan pisos por 50 millones cerca de Capuchinos, nos tememos la especulación alrededor del nuevo hotel. Habrá algo de trabajo, cambiará el comercio y habrá más movimiento, pero habrá que tener cuidado. No queremos que se pierda el comercio tradicional, si acaso transformarlo y modernizarlo. Tampoco queremos que se incremente el camuflaje en la vivienda". Curiosamente, insiste José Lado, en un lugar como La Viña, motor del día a día gaditano, donde la melancolía despacha sus trocitos de cielo y luna a discreción, y destrangis, no hay ópticas, ni ortopedias, ni tantas cosas. Casi todo coge muy lejos. Paradojas de la vida. La Viña queda muy cerca de todo y todo se aleja de La Viña, incluida la dignidad. Viva la vida no significa Viva la Vida en papel de estraza. La Viña es un popurrí de Martín a Carapalo, la Santa Cena del Código Da Viñi, la memoria del Masa y el Peña y el futuro del tiempo quieto. ¡Cómo se come en la Viña! Si en La Viña se come tan bien, ¿por qué se vive menos?

En la plaza Macías Retes, los niñatos hacen la vida imposible a los vecinos a base de balonazos. La entidad vecinal ha solicitado a ese lentísimo Ayuntamiento que coloque un cartel que diga que está prohibido jugar a la pelota. Un técnico responde que los ciudadanos deben saber las ordenanzas municipales. ¿Los niños también? ¿Por qué se pinta entonces el suelo para impedir el estacionamiento de vehículos? "Nosotros apenas contamos para el Ayuntamiento", subraya José Lado. "Nos miran con malos ojos porque yo fui concejal". Del otro bando, claro. Todavía hay clases. Tinto o Rioja. La buena y la mala vida. Hay gente que no sabe distinguir entre políticas sociales y politiqueo. Las cosas se ven de otro modo desde El Puerto, lugar de residencia de numerosas autoridades "locales". Esperanza de vida 2012.

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