sucesos

Sospechosos (muy) habituales

  • La actividad delictiva de tres toxicómanos traía en jaque a la Unidad de Delincuencia Urbana

  • Ahora, internos ya en prisión, los robos en la ciudad han descendido notablemente

Agentes del Cuerpo Nacional de Policía durante una detención. Agentes del Cuerpo Nacional de Policía durante una detención.

Agentes del Cuerpo Nacional de Policía durante una detención. / fito carreto

Comentarios 6

Saben quienes son. Los conocen por sus andares, por la forma en que la capucha les cae sobre las caras, por ese chaquetón desgastado por el uso, por su altura, por la chepa... Son sospechosos habituales que se dedican a hacer lo único que saben hacer, lo que, en la mayoría de los casos, llevan haciendo desde que eran unos mocosos: robar. Quienes los conocen tampoco son nuevos en el negocio. Algunos agentes de la Policía llevan años viéndolos crecer, deteniéndolos aquí y allá, revisando vídeos obtenidos de las cámaras de seguridad, intentando convencer al juez de turno que el fulanito que se ve en esas imágenes en blanco y negro es el mismo fulanito que rompió tal escaparate, el mismo que robó en un supermercado, el que trae atemorizado a un barrio. Y saben la causa de que los robos con violencia se disparan, y saben también cuando van a cesar. Son los miembros de los grupos de Delincuencia Urbana de la Comisaría Provincial, que respiran algo más tranquilos después de que varios de estos sospechosos tan habituales hayan entrado en la trena.

El primero de ellos, Abraham V.L., es el causante de la última oleada de robos en el centro histórico. Su última fechoría le llevó a robar en una tienda de informática de la calle Sacramento, cerca de donde vive de ocupa desde hace un tiempo. Esta vez la colaboración ciudadana hizo que los agentes llegaran al lugar de los hechos con rapidez y lo pillaran con el carrito de los helados, cargadito aún con los artículos robados y con 15 papelinas de heroína encima. Porque Abraham también es toxicómano. No podía ser de otra manera. "Estamos ante gente que está enganchada a la heroína, al rebujito, y que pasa todo el día pensando en robar lo que sea para poder venderlo y pagarse una dosis", cuentan desde la unidad.

Abraham, de 36 años, arrastra 49 detenciones anteriores y antes de volver al Puerto II ya pasó varios años a la sombra. Tras ser detenido, la Policía solicitó una orden judicial para poder acceder a su vivienda habitual, donde tienen fundadas sospechas de que puede tener una buena colección de objetos robados, pero se la denegaron. Se le imputan, además del incidente en Sacramento, varios robos en Columela, en comercios y bares, hasta en una tienda de congelados, otros favorecidos por las escasas, a veces nulas, medidas de seguridad de los establecimientos. "Esto es algo en lo que hacemos hincapié a menudo y que incluimos en el manual de Comercio Seguro, que los comercios tengan sus medidas de seguridad, que se instalen cristales blindados, cámaras de seguridad que funcionen, porque a veces nos encontramos que las grabaciones se detienen o directamente no existen", dicen desde la Policía.

Ahora, una vez que ha entrado en prisión, los agentes de Delincuencia Urbana aseguran que "los robos han disminuido".

Pero para que desciendan los índices de criminalidad en la ciudad no sólo hay que detenerse en la caída de Abraham. La Policía también informa que el arresto de dos activos, y jóvenes, ladrones en la barriada de Guillén Moreno ha traído algo de calma a la zona. Emilín y El Tana, como son conocidos, se dedicaban básicamente a robar desde garrafas de aceite de oliva, que vendían muy por debajo de su precio, hasta pañales. "Ambos son muy conocidos y en la mayoría de los casos actúan con una total impunidad, abusando de su superioridad física y numérica", dicen los agentes.

Estos dos delincuentes habituales, con numerosas detenciones a sus espaldas, han llegado a enfrentarse a dependientes de los comercios donde robaban, creando una gran alarma social en la zona. Durante los últimos meses no han sido pocos los trabajadores que han llegado a personarse en las dependencias policiales para denunciar los robos y comentar incluso su decisión de abandonar el trabajo por culpa de estos dos individuos, que llegaban a instigarlos incluso a la salida de sus establecimientos, amenazándolos para que no denunciaran.

La Policía advierte que en este caso no sólo cometen delitos quienes roban sino las personas que compran los objetos robados. "Se les puede imputar un delito de receptación, porque tenemos muy presente que en algunos casos hay robos por encargo. Ellos roban porque necesitan sus dosis, son toxicómanos, pero también porque saben que todo lo que se llevan en los supermercados o en las gasolineras, en las tiendas de la zona, lo tienen colocado de antemano".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios