La Policía dice que el acusado confesó en la Comisaría

  • El procesado afirma que lo amenazaron y le dijeron lo que tenía que declarar

Los responsables de la investigación policial sobre el crimen de La Viña le contaron ayer al jurado que el procesado reconoció en la Comisaría, tras ser detenido, que apuñaló a su vecina Dominga Ramírez Ureba cuando ésta lo sorprendió robando en su partidito. Después, en su declaración en el Juzgado, el acusado negó que él hubiese matado a la anciana. Ayer, en el segundo juicio por el caso volvió a negarlo y aseguró que si en la Comisaría admitió el crimen fue porque fue amenazado por los policías y llegó a un punto en que cedió a las coacciones: que le dijeron que si no se declaraba culpable involucrarían a sus padres y que la Policía le dictó lo que tenía que declarar.

Los jefes policiales que en 1998 se encargaron del caso negaron ayer que en la Comisaría alguien amenazase al procesado y afirmaron que éste hizo una declaración libre y voluntaria. Primero una que fue interrumpida por las protestas del abogado del procesado, quien acabó abandonando las dependencias policiales. Luego, otra a la que asistió una abogada de oficio. El episodio del conflicto de la primera declaración se llevó buena parte de la sesión de ayer, que se prolongó hasta las nueve de la noche con una corta interrupción para el almuerzo.

La víctima, de 79 años de edad, fue apuñalada mortalmente en octubre de 1998 en su partidito de La Viña. En el banquillo se sienta un matrimonio vecino de la anciana que ya fue juzgado con jurado en 2002 y absuelto. El Tribunal Constitucional ordenó repetir el juicio debido a una cuestión de trámite procesal y la nueva vista comenzó anteayer en la Audiencia Provincial. La Fiscalía pide para los procesados 23 años de prisión por asesinato, allanamiento de morada y robo. Ayer declararon los procesados, J.M.D. e I.A., y también policías que intervinieron en la investigación.

Los acusados coincidieron en afirmar que no tienen nada que ver con la muerte de su vecina. Y J.M. atribuyó su confesión en la Comisaría a que fue coaccionado por los agentes. En su declaración interrumpida, J.M. relató que aprovechó que la anciana salió de su partidito para ir a la cocina común de la planta y se coló en la habitación para robarle, que entonces la mujer regresó, lo sorprendió y su fue para él. Que ella llevaba un cuchillo en una mano y una fruta en otra, que entonces él la empujó sobre la cama, el cuchillo cayó bajo la espalda de la anciana y él cogió el arma. El acusado hizo un gesto indicando un apuñalamiento. La Policía escribió en la declaración "hirió" y ahí fue donde el abogado interrumpió la declaración para decir que su cliente no había dicho eso. En al declaración posterior, con una abogada de oficio, el relato llegó hasta el momento en que la mujer está sobre la cama. Ahí, el acusado dijo que ya no recordaba más.

Ese relato no coincide con el que figura en los escritos de la Fiscalía y de las acusaciones particulares. La fiscal sostiene que los acusados esperaron que la anciana se quedase dormida viendo la tele, que sabían que tenía la puerta entornada y que entraron en su habitación para robarle, pero ella se despertó, los reconoció y la sujetaron y la apuñalaron. Después, le robaron joyas y dinero.

Los policías explicaron que sospecharon de la pareja por sus contradicciones acerca de la hora en que llegaron a casa y se fueron a dormir la noche del crimen.

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