Cádiz

Paseo corto y casi triunfal del presidente por las calles de Cádiz

  • Enorme expectación en el Oratorio de San Felipe Neri, lleno para oír las reflexiones de Mariano Rajoy sobre el momento político y social de Andalucía y de España

El presidente del Gobierno pasea junto a José Joly, Braulio Medel y miembros de su partido, por la calle Ancha. El presidente del Gobierno pasea junto a José Joly, Braulio Medel y miembros de su partido, por la calle Ancha.

El presidente del Gobierno pasea junto a José Joly, Braulio Medel y miembros de su partido, por la calle Ancha. / fito carreto

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El Oratorio se llenó. Claro, quién podía dudarlo. El presidente del Gobierno Mariano Rajoy hablaba por primera vez en el que es sin duda el templo del constitucionalismo español, y el recinto estaba repleto de autoridades. Rajoy no había vuelto a Cádiz desde que estuvo en la inauguración del Puente (precisamente) de la Constitución en el 24 de septiembre de 2015. Él mismo recordó que había estado también para la Cumbre Iberoamericana de 2012. Pocas veces, de cualquier forma, así que la asistencia fue masiva, y nadie dio importancia siquiera a los diez minutos de retraso con los que llegó.

Su llegada la anunciaron los gritos de un grupo de manifestantes, pertenecientes o simpatizantes de la Marea Pensionista, que en las cercanías del Oratorio expresaron sonoramente su protesta por la política gubernamental en este asunto. Los gritos siguieron intermitentemente durante una buena parte de la charla coloquio, pero las gruesas puertas de la iglesia amortiguaban el griterío. Los manifestantes se fueron antes del final por lo que perdieron la oportunidad de haber insistido en sus peticiones durante el corto trayecto a pie que el presidente realizó desde el templo hasta el Casino Gaditano, donde tuvo lugar un cóctel.

Así que Rajoy pudo pasear, precedido por los invitados, con el alcalde de Cádiz unos metros por delante y acompañado de una cohorte popular, recogiendo a su paso algunas alabanzas que le lanzaban vecinos desde los balcones de la calle San José, a los que respondía con un saludo sonriente y satisfecho. La vía estaba despejada y sólo unos pocos clientes de los bares se asomaban curiosos a la acera, "¡que me han dicho que viene Rajoy por ahí!". En el cruce con Ancha, un ciclista con una niña en el asiento trasero frenó de golpe al ver al presidente y alguien del séquito le dijo que no se preocupara."No, no, si es que ese hombre me da miedo, mujer", contestó.

Aparte de ese golpe gaditano, sólo al desembocar en San Antonio se oyeron silbidos y algunos insultos más que gruesos por parte de algunos viandantes, pero fue mayor el número de personas que se acercaron a saludarlo y a autorretratarse con el presidente, muchos de ellos usando a Teófila como intermediaria, hasta llegar al Casino.

Casi en volandas, llevado del brazo por Teófila Martínez, el presidente del Gobierno recorrió los salones para saludar a ciudadanos en general, simpatizantes y miembros del Partido Popular en la provincia. Fotos, selfies, confidencias al oído, peticiones... Rajoy se vio asaltado por decenas de gaditanos deseosos de tener cerca al jefe del Ejecutivo. Fue un ejercicio asumido con esa profesionalidad tan política que a los que no participan del juego les resulta extraño. ¿Te acuerdas de mí? Hombre claro, cómo no me iba a acordar. Pues eso. La política como la vida misma.

Mariano Rajoy lo entiende como nadie, así que con su retranca habitual lo mismo se fotografía en San Antonio con una señora y su hija que con el candidato a la Alcaldía de San José del Valle, que flipa por entrar en contacto con la aristocracia del partido, del Gobierno, ojo, palabras mayores.

Y eso que, entre conversaciones triviales, Rajoy no dejó la oportunidad de hablar también de cosas serias. Porque justo después de firmar en el libro de honor del Casino, y que se le obsequiara con un ejemplar de la Constitución de 1812, el alcalde de Cádiz consiguió hacer un aparte para pedirle más celeridad en la acometida de las obras de reconstrucción de las playas tras el temporal, sobre todo en la aportación de arena y en la reconstrucción del Puente Canal.

También le contó el alcalde la necesidad que existe en la Bahía de un plan de reindustrialización para Navantia, además de la posibilidad de que el Ministerio cediera solares que actualmente no utiliza, como la antigua Subdelegación del Gobierno o la antigua CASA, que pertenece a Zona franca, para abrir bolsas de aparcamiento gratuito para la ciudad. Una visita del presidente da para mucho.

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