tribuna

Paco Alba en el recuerdo

  • En el centenario del nacimiento del autor que creó la comparsa

Paco Alba con su hijo Paquito en la agrupación 'Los belloteros' (1975). Paco Alba con su hijo Paquito en la agrupación 'Los belloteros' (1975).

Paco Alba con su hijo Paquito en la agrupación 'Los belloteros' (1975). / colección de juan antonio quiñones

Los aficionados de mi generación conocimos a Paco Alba en toda su madurez, y por las muchas circunstancias que le rodearon, conocimos a un hombre joven en edad, pero cansado y premioso. Mantenía su supremacía en el mundo del Carnaval, pero era un hombre cercano en las distancias cortas y distante con aquellos que dudaban de su liderazgo artístico. Muy unido a su grupo, con el que tuvo una relación cuasi familiar, rota solamente en los difíciles momentos de una de sus mejores etapas, coincidente con la gira madrileña de 'Los Beduinos'. Aun así, terminado ese paréntesis, e incluso antes de su terminación, volvía a Cádiz, del que no hubiese querido salir nunca. Para esa vuelta compuso bellas letras, y el "se siente nostalgia constante de nuestra Tacita si lejos estamos..." es un canto melancólico a la morriña.

Independientemente de sus méritos musicales, que son muchos, siempre me interesó de su obra el manejo del vocabulario, el uso de la fraseología castiza y la lírica de su mensaje. Fue sin duda un hombre profusamente instruido, al que conocí en 1970, con motivo de la entrevista que preparamos conjuntamente con mi hermano para la revista Cádiz Gráfico, en la que se expresó atento y sincero, en su domicilio de la calle San Salvador, y en la que me comentaba su ilusión por los avances que mostraba su hijo Paquito en el manejo de la guitarra. Más tarde lo haría debutar con su comparsa 'Los Forjaores' y formar parte de los últimos grupos a los que compuso repertorio. Paquito enfermó pronto y murió joven, por lo que el destino nos privó de seguir disfrutando de la dinastía artística de los Alba.

Confesaba su inquietud por aprender y lamentaba no haber tenido oportunidadesSu legado es una joya para los gaditanos, sean o no amantes de la fiesta carnavalesca

En aquellos días de mis primeros encuentros con El brujo no podía imaginar que quien literariamente yo tanto admiraba había nacido un día singular, ni más ni menos que un 23 de abril, Día del Libro, donde se celebra la muerte del autor de El Quijote, nuestro libro de cabecera que Paco había citado en 'Los de fin de curso', para recomendar a todos su lectura en lugar de las novelas del oeste. Y en esa etapa de mi juventud recuerdo mis conversaciones en el kiosco de prensa que poseía en la calle García de Sola, cuando se acababa de jubilar en Astilleros por razones de salud. Me comentaba su afición por la lectura, sus conocimientos de teatro, de zarzuela, de poesía y de música en general, pilares donde se basa toda su obra carnavalesca. Confesaba esa inquietud suya por aprender y se lamentaba de no haber tenido las posibilidades de otros, aunque expresaba el afán y la inquietud que siempre le guió para obtener a través de la lectura los mejores conocimientos.

En 'La hueste de Don Nuño' hace su guiño cómico a la magistral obra del portuense Muñoz Seca y anuncia el condado que tienen las huestes en La Caleta, donde al enemigo le pueden dar una buena "zambullá". A los pocos años de habérsele otorgado el Nobel a Juan Ramón Jiménez, en 'Los pajeros' nos recrea con su borrico Lucero (versión gaditana de Platero) versos magistrales, y en su repertorio un ecuerdo al poeta de Moguer. "Llevamos el mismo sino/ y el mismo destino/ que nos dio la vía/ errantes por el camino/ como dos cosas perdías...". Y en el pasodoble que le dedica, le dice; "el que de un simple arroyuelo/ veía un mundo lleno/ de filosofía/ el que llenaba los cielos/ de color y fantasía/ el tono divino de su poesía/ era tan sencillo/ que hasta un borriquillo lo comprendería..".

En 'Los julianesj, donde consiguió en un memorable pasodoble una magnífica descripción del carácter antipalurdo, que ya nos recordó Gregorio Marañón. "Comprendo que es de maravilla/ tener la jaca enjaezá/ pero yo tengo una barquilla...". Y el grupo recreaba como nadie el casticismo madrileño, del Julián de la Verbena de la Paloma. Un maduro chulapón, que ya en sus letras parecía adivinar la falta de galantería que nos invade. "La ven de pie en los tranvías/ y no por galantería/ le dicen siéntese usted...". Y con humor y donaire conocimos a Fígaro, el barberillo galán de la ópera El Barbero de Sevilla, que contradijo a los románticos soñadores para decirles: "...póngase usted en la Alameda/ una noche a contemplar/ esos millares de estrellas/ que se enjuagan en el mar/ y comprobarán...", desmintiendo hasta ese momento a los que estaban en la "luna de Valencia". Y en 'Los hombres del Mar' bordó la figura del marinero de antaño. Las poses de su grupo en las pocas fotografías que se conservan dan una idea de lo que cuidaba los detalles. Las mangas cortas de sus camisetas ponen los pelos de punta cuando se recuerdan las temperaturas del mes de febrero, pero ningún componente osaba pedir al maestro cubrirse con el chaquetón.

Y llegaron 'Los beduinos'. Era difícil no repetirse con 'Los sarracenos', que fue el pistoletazo de salida de sus continuos éxitos, pero lo consiguió, aunque ya su olfato presentía que sus detractores estaban al acecho. "Que no hay nadie profeta en su tierra/ ya lo dicen en los libros santos/ ni en su vida tendrá dos pesetas/ ni consuelo para sus quebrantos/ y será una flor que se seca/ por regarse con su propio llanto/ eso sé que lo dijo el profeta/ por lo tanto de nada me espanto...". Y después siguieron tantos otros (Senadores, Forjaores, Fabulistas, etc...) hasta llegar a 'Estampas Goyescas' y a sus dos últimas chirigotas, a las que volvió como un ejemplo de humildad y tributo a sus comienzos. Pero en 'Los fabulistas', ataviados con casaca dieciochesca y blancas pelucas, se volvió a acordar de sus lecturas juveniles, de las fábulas de Esopo y Samaniego, arrumbadas en el desván de los recuerdos. "No sé por qué motivos/ hoy no dan fábulas en las escuelas/ cuando tanto el chiquillo/ filosofaba en sus moralejas/ por eso no me extraña/ que hoy en las letras de las canciones/ digan tantas patrañas/ aunque ganen millones...".

Y esa era una de sus máximas, la perfección de sus letras, de sus versos , de sus rimas, pefectamente vocalizadas. Por eso Paco sufrió mucho en una sociedad de limitados recursos y escasa preparación, donde la clase obrera a la que el pertenecía pasaba sus fatiguitas y donde él, dentro de las limitaciones que imponía la cruda realidad del momento, supo lidiar con maestría, burlando al toro de la censura, y suscribiendo letras comprometidas en la línea de las justas reivindicaciones sociales. Lástima que de este periodo centenario que recordamos, 1918-2018, solo tuvimos la suerte de que el poeta disfrutara poco más de la mitad, para el bien de la fiesta y de los amigos que tuvimos la oportunidad de tratarlo. El destino no le fue favorable, pero su legado es una joya para los gaditanos, sean o no amantes de la fiesta carnavalesca.

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