Mil y una historias, el mismo cuento

  • El desalojo de ayer sorprendió a los vecinos de muy distintas formas

Detrás de cada incidente de consideración que afecta a varias viviendas (y de consideración es, sin duda, que hayan desalojado tres fincas) hay mil y una historias, que suelen coincidir únicamente en el temor, el desconocimiento, la desorientación y la incertidumbre. Eso volvió a quedar de manifiesto en la mañana de ayer en la calle Sagasta y en Pasquín, donde alrededor de las once de la mañana numerosas familias tuvieron que abandonar sus hogares, al que posteriormente regresarían todas menos nueve.

A uno de los vecinos de Sagasta, 100 (la casa en la que vivió Celestino Mutis, como reza en una placa en la fachada) le sorprendió el desalojo cuando llegaba después de mariscar, "y estoy aquí en la calle sin poder ducharme y sin guardar el marisco en la nevera". Otro se había ido por la mañana y tampoco sabía nada. "Mi tía es la que me ha llamado para que me venga para acá", comentaba, mientras que una vecina se lamentaba ya que hacía sólo tres semanas que se había mudado.

En esta casa de la calle Sagasta habían detectado grietas en la escalera del primer piso y en algunas vigas, según aseguraban ayer los vecinos. "Era algo que se veía venir, porque no habían apuntalado las casas de ambos lados del solar y eso siempre cede, sobre todo en las fincas del casco antiguo", explicaba uno de ellos.

En la calle Pasquín se vivieron también momentos de tensión tras el desalojo de las viviendas, que afectó a más vecinos que en Sagasta. Uno de ellos, del 17 de Pasquín, tenía miedo a regresar a su casa pese al levantamiento del precinto.

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