A Filosofía y Letras le cae un paquete

  • El mismo día en que los medios anuncian que Salud ha abierto un expediente sancionador a esa Facultad tras detectar que se fuma en sus dos patios, este periódico descubre en uno de ellos a tres fumadores

Tres jóvenes acceden a uno de los patios de la Facultad de Filosofía y Letras. Son las 14:15 horas del día de ayer. Acaban de terminar de alimentar el estómago en la cafetería del centro universitario. Dos de ellos portan humeantes vasos de café que apoyan en el suelo nada más ocupar asiento en uno de los bancos, y acto seguido designan a sus manos otra tarea: prender un pitillo. A escasos metros de ellos, tres flamantes carteles tamaño folio advierten de que está prohibido fumar. Ese patio interior y el otro con el que cuenta la Facultad son -deben ser- espacios sin humos. Pero ahí están ellos. Relajados. Conversando. Fumando. Aportando humo.

Es entonces cuando se les pregunta si están al tanto del expediente sancionador que la Delegación provincial de Salud ha abierto a Filosofía y Letras tras detectar que se fuma en los patios. "Ni idea. No tenía ni idea", asegura uno de ellos con ojos de asombro y sonrisa tímida. "¿Pero aquí en el patio tampoco se puede?", quiere cerciorarse. "Pues creíamos que sí, por eso venimos aquí. No somos universitarios, estamos trabajando cerca de esta Facultad y venimos a la cafetería a comer. Luego solemos sentarnos aquí a fumarnos un pitillo".

Le releva en las palabras uno de sus compañeros: "Yo acabo de ver esos carteles. Me han extrañado porque siempre he visto a gente fumando en este patio. Creo que son nuevos...". "No sabíamos nada", zanja el tercero. Y mientras tanto, sus cigarrillos se van consumiendo en manos inmóviles.

En el otro patio, dos chicas y un chico se reparten entre dos bancos y conversan con las manos desocupadas. Laura Caire y Laura Beltrán, estudiantes de primero de Filología Inglesa, saben que está prohibido fumar en esos patios descubiertos, aunque no entienden tal restricción y menos aún el 'castigo' de Salud. "Deberían dejar fumar en estos espacios. Están al aire libre y, por tanto, no se molesta a nadie. Entre asignatura y asignatura sería preferible que los fumadores se repartieran entre estos dos patios en lugar de salir a la puerta de entrada y obstaculizar el paso", opina Caire. El chico, Raúl Cortés, no es alumno, pero asiduamente acude al centro a ver a su novia, y recuerda que al inicio del curso "había ceniceros en los patios. Al poco tiempo lo quitaron".

Ayer, ellos tres fueron testigos de la colocación de esos carteles de vivos colores que prohiben fumar. "Hace un rato han venido a ponerlos, ni 20 minutos han pasado", concretó el joven cuando el reloj apuntaba hacia las 14:30 horas.

La noticia del expediente sancionador sorprendió ayer al profesor del departamento de Filología Clásica Antonio Serrano, que acababa de llegar a su centro de trabajo después de una larga estancia en Bélgica por motivos de investigación. Tras indicar que no fuma, se atrevió a calificar como "disparate" que se abra un expediente por consumir cigarrillos al aire libre. "Se está llegando a un punto realmente absurdo. No entiendo esta lucha. Se está estigmatizando a los fumadores".

Algo más comedido se mostró el vicedecano de Alumnos de la Facultad, Rafael Gallé: "Está claro que hay que aplicar la normativa, pero la ley habla de centros educativos, y no se puede comparar un colegio con una facultad, principalmente porque los universitarios ya son mayores de edad. Nuestros patios son sumamente abiertos, y si la normativa se aplica a rajatabla tampoco se puede fumar en los pinares del campus de Puerto Real ni en el aparcamiento del campus de la Asunción. A veces, aplicar estrictamente la ley resulta excesivo".

Gallé reconoce que los carteles anteriores a los colgados ayer estaban descoloridos, e incluso alguno que cayó al suelo no había sido repuesto. "Con esta sanción, da la impresión de que los patios eran auténticos fumaderos, y no es eso. El porcentaje de alumnos y profesores no fumadores es muy elevado".

El equipo decanal ya ha puesto el asunto en manos de la Unidad de Seguridad e Higiene de la UCA. El vicedecano de Alumnos cree que se recurrirá la sanción, que como máximo podría suponer al centro una multa de 6.000 euros.

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