Doce años de historias con arte, un siglo sin cobrar

  • Intérpretes de la historia viva gaditana, los miembros de Animarte ven negro el futuro cercano por mor de la morosidad y los retrasos en el pago de las administraciones

Doce años interpretando las historias de Cádiz, tres mil años de agua tapá. "Prestigio sí, dinero no", suelta de primeras Javier Benítez, uno de los responsables de Animarte, la empresa gaditana pionera en la divulgación sociocultural y la animación turística, presente en cada acontecimiento que se precie y artífice de un estilo peculiar y encantador de relatar las agridulces vivencias del pasado de esta tierra con destreza y humor propio, humor con denominación de origen. Sin embargo, hete aquí que tras doce años de ardua y brillante labor, ya enfrascados en el Diez y con el Doce a la vuelta de la esquina, Animarte no está para bromas. Autónomos del arte en movimiento, libres de pamplinas aunque a veces "esclavos de sí mismos", los gaditanos de las mil caras y los tropecientos disfraces ilustrados se encuentran en el aire por culpa de la morosidad de las administraciones públicas. "En esta situación no llegaremos al Doce", augura Benítez con todo el coraje del mundo. Más de un año sin cobrar trabajos realizados con esmero y dedicación, "así no podemos seguir, llevamos meses sin pagarnos a nosotros mismos, las cosas hay que pagarlas, incluida la cultura intangible que practicamos". Y que algunos estamentos han copiado por la cara o han sustituido por sucedáneos o por el maldito gratis total que mata la cultura. Es decir, la empresa trabaja, el Ayuntamiento u otra entidad usa su tarea para sacar brillo, la ofrece gratis al ciudadano y luego no cumple lo acordado y rompe la cadena. ¿Le suena?

"El Doce nos suena ahora mismo a incertidumbre y a podredumbre", llega a decir Benítez con evidente indignación. "Pusimos en marcha ideas en torno a 2012 antes incluso que los políticos, y ahora la fecha se acerca y lo vemos todo cada vez más negro", lamenta el animador desanimado. Y alude a los retrasos, la falta de apoyo de los bancos y las dificultades que atraviesan las empresas pequeñas. "El Doce será una oportunidad única para todos, pero si los que manejan los hilos emplean tus ideas sólo para lograr rédito político y luego te dejan tirado, mal asunto". Y si te subes a la parra, ya no te llamarán. Cantinela habitual. Prohibido venirse abajo. Imposible tirar hacia adelante en tales condiciones. El patrimonio de Animarte son las ideas. Otros lucen con esplendor su ausencia de ideas. La experiencia y el conocimiento de Benítez y compañía, que doce años atrás sorprendieron en el Castillo de San Sebastián con su atractivo y didáctico repertorio histórico, la teatralización del pasado por venir, no tiene precio. Recurren siempre a producciones propias, actualizan sus herramientas, dan lo mejor de sí y reciben la puñalada por respuesta. "Se supone que ahora estaríamos trabajando sin parar, preparando actos del Doce, participando de lleno, pero estamos cada vez más flojitos, la actividad no crece, la han cortado de raíz. Trabajamos sin cobrar o con precios de esclavos o sin posibilidad de competir". Mientras, ayuntamientos y demás se tiran dos años sin pagar, amén del "cáncer del gratis total", competencias desleales que también sufren otros sectores como el de guías turísticos.

Pese al rotundo éxito de la Gymkana del Doce y otros eventos, pese a la intensidad y la calidad del trabajo de Animarte, "si el Ayuntamiento regala tu trabajo y luego no te lo paga, no hay equilibrio". Ese gratis total se antoja ficticio, claro, por no decir falso, pues a la postre el contribuyente apoquina sin rechistar, mejor será no mencionar casos paralelos, como los conciertos de la playa, cuatrocientos mil euros del ala, tropecientos mil espectadores accidentales, el arte es lo de menos. Benítez cree que las instituciones gaditanas organizan actividades para el público interior, de cara a las elecciones. De hecho, "los principales consumidores incluso de nuestras rutas históricas son los cuarenta gaditanos de siempre, y si encima lo dan todo gratis, el resto de empresas no pueden arriesgarse a ofrecer su producto, ni cobrar tiquets, ni nada, porque en la otra esquina lo regalan". Un decir.

"En el 98 éramos los únicos, costaba trabajo convencer a la gente y a los técnicos, aún no entendían cómo unos tíos vestidos de romanos podían relatar historias gaditanas, pero ahora hay más empresas, pero el mercado está desvirtuado y corrupto, el Ayuntamiento juega con el dinero ajeno con una facilidad pasmosa". El Consorcio o la Diputación se han portado mejor con Animarte, según su portavoz: han contado con ellos para la serie El Mar de la Libertad y otras cuestiones, pagando religiosamente. Nadie puede crear sin comer, ¿qué se habrán creído?

Los tres socios de Animarte contratan para sus espectáculos a docenas de actores y especialistas. A cambio, reciben desprecios como los nueve meses que tardaron en cobrar la Gymkana, un pastón en facturas, "nos deben mucho pero seguimos aguantando el chaparrón".

Los pioneros claman al cielo del Doce. Abrieron caminos en solitario, sin apenas publicidad, paso a paso, evolucionando junto al público. "Trabajamos mayormente en la calle, entre motos y papeleras, concediendo participación de la gente, en contacto con las personas y con la historia", desde Trafalgar al Pópulo, pasando por la Catedral, residencia estudiantil, "levanten la vista, observen la placa". Tres mil años de placas. "La gente no presta atención a los detalles de su ciudad, sesenta años pasando por el mismo lugar y no ha leído la placa de Fulano de Tal. Estamos rodeados de un rico patrimonio, leyendas sensacionales, historia viva, historias que se agolpan. Invitamos a la gente a que abra los ojos, levante la mirada y reviva la historia". Animarte ha definido su estilo, combina el humor con el rigor histórico, no olvidan el surrealismo, los cambios de tono y volumen, el dramatismo escénico que algunos equiparan con los cuartetos, cuando en realidad se hermanan con el teatro popular.

Apoyados en un guión básico muy trabajado y documentado, los miembros de Animarte fomentan la improvisación, aunque con herramientas que impidan que se estrellen contra la naturalidad salvaje. Trabajar al aire libre enriquece su labor, al margen de la famosa cuarta pared. Y tienen arte para dar y cobrar, nada de regalar. Los Animarte son capaces de introducir a Mágico González en la época romana o de recorrer las calles del romanticismo gaditano embaucando al personal, conocen el complicado siglo XIX como si lo hubieran padecido, han escenificado y recreado míticas escenas de la Guerra de la Independencia, el Asedio del Diez hasta la promulgación de La Pepa.

Ahora, jugarán un papel fundamental en el Diez y el Doce, si llega en condiciones al objetivo, de hecho su labor ya ha calado hondo a nivel popular. A nadie dejan indiferente. Menos propaganda y más respeto con el trabajo.

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