"Creo que no cabe otro proyecto en la restauración del Oratorio"

  • Fernández-Pujol destaca la posible recuperación de las pinturas de la planta baja como la estrella de una actuación "que cambiará la fisonomía del templo"

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El arquitecto gaditano José Ignacio Fernández-Pujol es posiblemente la persona que mejor conoce en la actualidad el Oratorio de San Felipe Neri en el plano arquitectónico; su estado, sus necesidades, carencias y puntos a mejorar. Él redactó hace ya casi seis años el proyecto básico y de ejecución de la restauración del templo de la calle Santa Inés, que mantendrá casi intacto Francisco Torres, el arquitecto designado ahora por la Junta de Andalucía para dirigir una obra "que cambiará la fisonomía del templo", según Fernández-Pujol.

Pese al tiempo que acumula el proyecto, este arquitecto especialista en Patrimonio Histórico cree que "sigue siendo válido, salvo la cuestión de presupuesto", que él cifró en algo más de 1.300.000 euros y ahora rondará los ocho millones -incluyendo, eso sí, la intervención en el edificio anexo y la restauración de los altares, un elemento este último que Fernández-Pujol no incluyó en su proyecto al no estar relacionado con la arquitectura-.

En el documento diferenció cinco capítulos de actuación: la restauración y consolidación de la cubierta y de su estructura; la restauración del interior y dotación de instalaciones; la cripta; las fachadas; y la recuperación y restauración del conjunto de pinturas murales policromadas y doradas que se localizan en el interior, que Fernández-Pujol destaca como "la estrella" de la restauración.

Con los estudios y catas previas que realizó en el interior del Oratorio, el arquitecto ve muy probable que la gran mayoría de la planta baja del templo y la capilla mayor esté policromada. E incluso que haya pinturas de dos etapas diferenciadas: la original, de principios del siglo XVIII, y otras de la segunda mitad de ese siglo. Junto a ello, en su estudio del interior comprobó -a falta de realizar más catas- que las tribunas altas de la nave fueron originariamente concebidas con tonos blancos y marfiles, a los que se superponían algunos elementos en ocre.

Principalmente, en estos dos aspectos es donde está la "espectacularidad de la restauración", a su juicio. Pero hay otros, como la búsqueda de los tonos originales de la fachada - que él cree que está incompleta, "porque un edificio tan maravilloso merece una portada acorde y esta no lo es"-, el cambio de la solería o la eliminación de parte del mobiliario litúrgico del altar mayor, cuya escalinata también estaba concebida de otra forma, según se ha podido conocer gracias a fotografías antiguas del edificio.

Además, en su proyecto definía Fernández-Pujol un acceso "a ese mundo tan especial del camaranchón, sobre todo entre la bóveda y la cubierta" para que la gente pudiera conocerlo, al igual que se concibió para la cripta, "muy interesante por su planta en forma de cruz".

Estas son las armas principales de un proyecto en el que este arquitecto empezó a trabajar en 1999, redactó en octubre de 2002 y no volvió a saber desde 2005, cuando fue aprobado por la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico. Ahora será otro arquitecto, Francisco Torres, quien ejecute la obra plasmada en ese proyecto, del que Fernández-Pujol ha quedado "completamente fuera", como él reconoce. A su juicio, "lo coherente y normal cuando se hace un proyecto y el arquitecto está vinculado tanto a ese proyecto como a la ciudad es que ese arquitecto dirija la obra", comenta reconociendo que ése era el objetivo de su equipo. "A cualquier arquitecto le hubiera encantado dirigir su obra". No obstante, Fernández-Pujol huye de cualquier tipo de conflicto sobre este asunto y se limita a agradecer a Torres, su sucesor, los elogios que ha dedicado a su proyecto, "que está documentado al máximo, desde el punto de vista historiográfico, con diversas fuentes bibliográficas y con abundantes fuentes gráficas, además de por los estudios realizados por especialistas en Bellas Artes e Historia del Arte". Es más, Fernández-Pujol cree "que no cabe otro proyecto en la restauración del Oratorio". "Y no porque yo sea mejor profesional, sino porque la intervención es la que tiene que ser", explica.

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