"Cerrar es que 30 ancianos se vean en la calle en plenas Navidades"

  • "Ahora, ¿qué hacemos?", dicen los familiares de los mayores del centro de Cruz Roja

Un familia recoge a uno de los usuarios de la Unidad de Estancias Diurnas de Cruz Roja en Fernández Ladreda. Un familia recoge a uno de los usuarios de la Unidad de Estancias Diurnas de Cruz Roja en Fernández Ladreda.

Un familia recoge a uno de los usuarios de la Unidad de Estancias Diurnas de Cruz Roja en Fernández Ladreda. / lourdes de vicente

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Crece como la espuma la indignación de los familiares de las 30 personas mayores usuarias de la Unidad de Estancias Diurnas de Cruz Roja cuyo cierre acaba de anunciar la institución humanitaria para el próximo 31 de diciembre. Algunos se enteraron por este periódico ayer, y anteayer, muchos no sabían nada pese a que los pocos que estaban al tanto lo habían difundido por redes sociales y otros medios.

Pero más allá de la indignación por la pérdida de un servicio que consideran imprescindible, la pregunta es: y ahora, ¿qué hacemos? ¿cómo vamos a encontrar algo parecido en poco más de un mes? La situación es muy complicada, sobre todo para quien es casi el único familiar que le queda al usuario, para quienes trabajan a jornada partida, para quienes no tienen concedido aún ningún grado de dependencia y además no podrían pagar lo que cuesta el mismo servicio en un centro privado. La Junta se ha comprometidos a asistirlos a todos, pero estudia caso por caso, con prioridad, como es preceptivo, para quienes tienen reconocida la dependencia y se encuentran en peor situación económica.

"Si hubiesen avisado antes, podríamos haber reaccionado y convencido a la Junta"

"A mi no me han comunicado oficialmente nada; me dicen que la carta me la envían el lunes, pero ahora tengo reunión con el coordinador provincial de Cádiz", contaba Eva María a este periódico el miércoles, a la puerta del centro. "Por lo visto, el 29 diciembre, con las fiestas de Navidad de por medio, cierra esto. Me han dicho en el centro que el estado no ha dado la subvención del IRPF, que la Cruz Roja no puede hacerse cargo del servicio y que la Junta de Andalucía no quiere asumir las plazas [...] Una vez que se han adaptado al personal y al sitio, ahora, 30 ancianos se ven en la calle en plenas navidades buscando otro sitio [...] porque no son macetas, son personas, y esto tiene que saberlo todo el mundo".

Las circunstancias de Eva María son difíciles: "Yo no tengo familia con la que dejar a mi madre, que cumple 84 el mes que viene. Trabajo en el hospital Puerta del Mar, de auxiliar de enfermería, en turno fijo de mañana, y no me atrevo a dejarla sola porque ya ha tenido dos ictus..."

"Nos dicen que han agotado todos los cartuchos, que si nos unimos las familias y el personal podríamos conseguir algo; pero, para eso, hace falta que la dirección de Cruz Roja haga piña con nosotros. Y no lo está haciendo. A mi esto me huele muy mal... Si esto se dice con tiempo, podíamos haber reaccionado y convencido a la Junta, pero con un mes de antelación... Esto no se puede cerrar así porque sí", concluye Eva María.

A la hora del cierre del centro, la mayoría no tiene tiempo de pararse a conversar: los hijos, el trabajo o una cita a la que ya debían haber acudido esperan. Otros, sencillamente no quieren hablar del tema.

La familiar de otra usuaria no da crédito a lo que está oyendo. "Vengo a por mi suegra, pero mi hijo, que es quien la suele traer no me ha dicho nada. Aquí está muy contenta, ella dice que va al colegio, que hace tareas y la llevan de excursión. Espero que esto tenga solución, porque mi suegra necesita mucho esto... ha tenido una vida muy dolorosa porque ha perdido a la mayoría de sus hijos".

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