De cerca. Carmen Moreno, coordinadora de la XXXII feria del libro

"Cádiz no lee porque no se le da la opción"

  • Un reto por delante. La escritora y editora de Cazador de Ratas ha ganado la convocatoria municipal para dirigir la fiesta de las letras

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Cuenta una vez más las casamatas, calcula las posibilidades del patio. El proyecto que tenía en su inquieta cabeza pronto se verá materializado. Del 4 al 14 de mayo. Como la niña que fue, justo antes de culminar una jugarreta, como la escritora que es, cuando da con el giro inesperado a su trama, como la editora en la que se ha convertido, cuando acaba de encontrar el manuscrito soñado, la gaditana Carmen Moreno, coordinadora de la XXXII Feria del Libro de Cádiz, mira el Baluarte de la Candelaria con una chispa delatora en los ojos.

-¿Qué le inspira esta fortaleza?

-En cierta manera me da pena, me sobrecoge pensar lo que fue Cádiz y lo que es. Me da pena porque para los que estamos en la cultura este Baluarte significa ese cambio que se le quiso dar a la ciudad y se dejó a medias. La recuperación de edificios para la cultura que pertenecieron al ejército o al gobierno civil que se quedó a medio hacer. La cultura nunca pasó por allí y si pasó fue a paso rápido.

-Las cifras de la última Feria del Libro fueron muy bajas. Tiene un gran reto por delante

-Un reto importante, acojonante. Siempre he creído que Cádiz no lee más porque no se le da la opción y que tenemos la Feria del Libro más bonita de España con mucha diferencia. Entonces, intentar que lo segundo siga siendo así y que más gaditanos formen parte de la Feria, es decir, que no se conviertan simplemente en paseantes ni en consumidores ocasionales sino que se unan a la fiesta del libro, para mí es el gran reto, a ver si lo conseguimos.

-No leen porque no se les da la opción, ¿a qué se refiere?

-Si te das cuenta todos los gobiernos que han pasado por el Ayuntamiento siempre han primado mucho el Carnaval, y es entendible, pero han dejado de lado al resto de industrias culturales. Se cerró el Pemán, el Falla siempre se programa en torno al Carnaval, conste que no tengo nada en contra del Carnaval, pero creo que esta es una ciudad a la que se le atonta con el Carnaval.

-Ya ha transcendido que la figura de Quiñones va a estar muy presente en la Feria, ¿cómo lo conoció usted?

-Para mí Fernando fue muy importante, de hecho, si no me lo hubiese encontrado en mi camino hubiese acabado siendo profesora. Lo conocí en casa de Pilar Paz Pasamar en una cena de verano que organizó en aquel chalet que tenía en la calle Brasil. Compró pescaíto frito y llamó a José Ramón Ripoll, a Jesús Fernández Palacios, a Quiñones y a un amigo mío y a mí para que lleváramos poemas. Imagínate, nosotros con 18 años... Yo tartamudeaba mucho cuando leía y Fernando me hizo repetir mi poema como cinco veces... Salí de allí un poco triste porque no comentaron nada de mi obra pero al otro día por la mañana me llamó Fernando y me dijo, "Moreno, me ha gustado mucho como escribes y quiero que trabajes conmigo. Mañana a las cinco en mi casa".

-Y allí que fue...

-Y allí que aprendí muchísimo. Era curioso porque Fernando escribía de oído. Él te dictaba, en un momento paraba, te decía que leyeras lo escrito y retocaba sobre la marcha. Después como las siete parábamos, nos sentabamos en la cocina y yo le leía un poema mío que él destrozaba, lo llenaba de tachones y flechas por todos lados y sacaba el verdadero poema que había ahí dentro. Para él era muy importante la musicalidad, decía que hasta en la narrativa tenía que haber música. A veces le leías un relato y él iba siguiendo con el pie el ritmo, y si no lo podía seguir te ordenaba parar y a rehacer la frase... Y, nada, después de un año y medio trabajando con él se fue a Madrid, y luego fui allí un par de veces para trabajar con él.

-Cuándo dice "mamá quiero ser artista" (leáse escritora)

-Súper pequeña. Yo le dije a mi madre dos cosas de pequeña, "quiero ser artista" y "mamá quiero ser una mamá pero no me quiero casar". A lo de artista me dijo que primero tenía que hacer una carrera y que luego lo que yo quisiera. Realmente desde chica siempre he estado maquinando historias...

-Al final estudia Filología Hispánica pero, ¿costó entrar en serio en el mundo literario?

-Mucho, y más porque cuando yo empecé había mucho movimiento en el mundo literario pero ligado a lo político, y si entrabas en un tipo de editorial no podías entrar en otra... Un escritor de renombre ligado al grupo Planeta me llegó a decir que si yo no tenía el carné de tal partido en Madrid no me iba a comer nada. Pero bueno, eso también nos enseñó lo que es la frustración, lo que es que te dijesen que no, que es algo que se ha perdido con la autopublicación. Encontrarte con muchos no al principio te ayuda a poner los pies en el suelo. Pero la verdad es que tuve mucha suerte porque Fernando nunca me llevó a una gran editorial pero nunca me dejó. A día de hoy, hay quien me dice que por qué no mando mis novelas a grandes editoriales pero es que me gusta hacer lo que me da la gana.

-¿La independencia tiene un precio?

-Claro, hay que pagar un peaje pero no me importa. No me importa no ser la más famosa, siempre y cuando haga lo que yo quiera. Pero mira este año Mariano Villarreal, uno de los considerados gurús de la literatura de género en este país, dijo que mi novela Mala sangre es una de las 30 mejores escritas en español y David Jasso, autor consagrado, que soy la nueva dama del terror.

-¿No le importa 'lo comercial'?

-Mira, en el mercado nunca sabes lo que va a pasar. Cuando J. K. Rowling llegó a España todo el mundo le dijo que no menos Salamandra. Ella hizo lo que le dio la gana y saltó la liebre. Al final te conviertes en un mercenario si vendes lo que amas por lo que puedas colocar mejor en una gran editorial.

-¿Todo esto lo tiene en cuenta cuando está en el otro lado como editora de Cazador de Ratas?

-Yo publico lo que me apasiona a mí. No miro lo que se pueda vender más o menos, primero, porque somos pequeños todavía, no me muevo en parámetros de que 3.000 ejemplares son un fracaso. Mi satisfacción está cuando leo una crítica de algo que hemos publicado y pone lo mismo que yo pensaba de esa obra. Y como todo, me he llevado grandes batacazos comerciales, pero la mayoría de las novelas por las que apuesto se autofinancian. Aun no me he comprado el yate, ni siquiera te puedo decir que cobro todos los meses, pero creo que merece la pena lo que hacemos porque apostamos por gente que se apellidan Martínez en vez de Gaiman. Y sé que al final seremos una editorial puente, llegarán las grandes y se llevarán a muchos de los nuestros.

-Año 2015. En crisis el papel, la economía, el trabajo, como siempre, en Cádiz... Y se viene de Madrid y crea una editorial, de género, en papel... Y aquí estamos...

-Pues hacía mucho tiempo que le venía dando vueltas a la idea pero el paso por Madrid fue determinante. Allí trabajé para muchas editoriales, y lo pasé muy mal, y muy bien. Terminé de trabajar en la Fundación Giner de los Ríos y dije "hasta aquí", es el momento, hago la editorial y en Cádiz, porque queríamos ser madres y que el bebé se criase en una ciudad más amable que Madrid. Yo soy una gran enamorada de Madrid pero creo que criarte al lado del mar imprime carácter. Y no tiene precio. Además, la crisis no me paró porque ya antes había trabajado con mi padre en el sector del metal y venía curada de espanto. De las crisis se sale más reforzado o te mueres, y dejarme morir no era una opción.

-En Madrid también estuvo como asesora de Cultura en el Ministerio de Igualdad, ¿qué aprendió allí?

-Aprendí que la política es como el ejército, nunca se cuestionan las órdenes. Me llevé castigada sin empleo mucho tiempo porque todo lo cuestionaba y no estaba bien visto. Me llevé... La gente piensa que en los ministerios no se trabaja, y se trabaja muchísimo, también los ministros, por lo menos Bibiana Aído, trabajaba como nadie, pero también aprendí que en el teatro hay tramoyistas, gente que no ves pero que mueve las cosas... No me gustó nada la experiencia y mira que el proyecto era bonito y los trabajadores que estaban allí eran gente era tan honrada y tan honesta... Y luego estaba un ente central que era el partido, que era otra cosa.

-Hablemos de una oscuridad más agradable, la literaria, ¿por qué como novelista se decantó por lo negro y el terror?

-Pues por la poesía. Los poetas somos lo más terrorífico que hay, somos como el gólem, allá donde vamos esparcimos mierda. Y esa sensación de sacarte siempre las entrañas a ti misma, porque mi poesía era muy negra, al final tenía que derivar en algo así. También , Madrid, y es la parte mejor de mi experiencia allí, me ayudó a respirar y a conectar con una parte de mí misma que tenía olvidada, la de las historias que le contaba a mis primos o las que tramábamos en el chalet de Chiclana que como buena familia media teníamos... Surgió la parte más lúdica de la literatura y menos tortuosa. Y desde entonces no volví a escribir poesía, he vuelto ahora a escribir con mi hija, y me centré en la narrativa con una cosa totalmente loca, Principito debe morir, y dejé de ser seria y volví a ser feliz. También encontrar a mi mujer, Meli, me ayudó, porque ella es muy de "hazlo", de hecho sin ella tampoco es posible la editorial porque lo dejó todo, su trabajo en un banco en Madrid incluido, y se vino para Cádiz conmigo. Aunque ella ama Cádiz más que yo creo, cualquiera se la lleva.

-Esa parte olvidada tiene que ver tanto con la infancia... Con su amor por Conan Doyle y Sherlock Holmes...

-Sí (ríe), y por las pelis de John Wayne que es Mala sangre, o con Los Goonies que está en Los ojos de Sara... Entró luz en mi vida, entró otra vez la infancia y la literatura que llevaba dentro. Quiñones me decía, "eres muy buena poeta pero eres mejor narradora, el día que te des cuenta"... Y llevaba razón. Y es que creo que desde que soy feliz escribo lo que verdaderamente quiero.

-Al final nos engañaron, el sufrimiento no nos hace mejores, ni mejores escritores siquiera...

-Es cierto, hemos creado un mito absurdo porque la mayoría de los mejores escritores que conozco son muy felices. Y más si pueden vivir de ello... Ser Ray Loriga hoy en día no le interesa ni a Ray Loriga, de hecho, deja de serlo cuando le dan aquel premio hace un par de años... Ya pasó esa época torturada de la heroína, el alcohol, de La Movida... Realmente en España La Movida significó un descenso a los infiernos. Y el infierno está muy bien para pasar un rato pero si te llevas mucho tiempo allí hace calor y llega el momento en que apetece tomar un poco el aire... Dime cómo no puede ser feliz quien consigue vivir de la literatura.

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