Beatificación de fray Diego José de Cádiz en el Vaticano

ESDE que se anunció había de coincidir la beatificación de fray Diego J osé de Cádiz con la estancia de los peregrinos en esta ciudad, en que escribimos, nuestro prelado vino trabajando para que Cádiz estuviese representado en el acto, y ya que no fue posible que se quedaran cuantos él deseó. En la ceremonia de esta mañana estuvimos, entre otros y a más de S.E.I. y los canónigos señores León y Cozano, los presbíteros señores Roldán y Balgetón y los señores Guardón, Gessa, Alberti y Vélez (D.E.), de Cádiz o de la provincia en su mayoría. Había colocadas a ambos lados de la cátedra dos telas en que estaban pintados los milagros del beato, que son dos curaciones. A las 11 y media terminó la sagrada ceremonia, a la que asistieron unas trece mil personas. El tiempo no pudo estar más malo y continuó por todo el día la lluvia del anterior, sin que hubiera apenas tregua alguna de descanso.

A las cinco y media se puso ésta en marcha, yendo Su Santidad en la silla gestatoria con los fiabilis y los orifiaminis. Después de recibir del postulador, padre Lemesa, el ramo de flores de ritual, la imagen de fray Diego, en una estampa representando sus milagros y las reliquias del nuevo santo, se asistió al santo rosario, cuya letanía cantaron los de la capilla Guilia, terminando con el Tantum Ergo, y ala bendición dada por uno de los capellanes de la primera basílica de la cristiandad. Tuvimos en esta ocasión una tribuna muy próxima al lugar en que estaba el Pontífice, y así nos fue dado admirar algo de lo descrito y extasiamos con los magníficos cantos llanos de la capilla, en la que sobresalía la voz del célebre tiple, muy dulce y bien timbrada. Como se trataba de un capuchino, los de la orden tuvieron puesto de honor, asistiendo un buen número de frailes de aspecto muy venerable, con sus largas barbas blancas o grises. En la tribuna en que estábamos se distinguió, por su entusiasmo, un hijo del notable orador don Alejandro Pidal. Fue el quien llevó la voz, dando los vivas más entusiastas.

Dicen, nosotros no las oímos, que del lado en donde estaban los italianos salieron voces de ¡Viva Italia!, contestando a los de ¡Viva el Papa Rey! ¡Viva León XIII! ¡Viva el Pontífice! que daban los otros.

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