El espíritu popular de La Pepa toma las calles del centro

  • Cariñosa acogida a la procesión cívica formada por gaditanos ataviados con los trajes típicos del Cádiz de las Cortes

El espíritu popular de La Pepa impregnó ayer las calles del centro con el desfile de la procesión cívica, recordando lo que esta ciudad vivió hace 200 años. La agradable música de la 'Marcha de los Voluntarios' y el redoble de tambor anunciaban la llegada de la comitiva al público apostado en las calles y en las plazas donde se leyeron artículos de la Constitución de 1812. Al frente de la procesión se encontraba Ramón Velázquez, capitán general de la Milicia Nacional de los Voluntarios Distinguidos de Cádiz. El aire marcial de la soldadesca gaditana contrastaba con el carácter festivo de las personas que desfilaban con los trajes de aquella época, representando al pueblo. Las personas congregadas para ver el cortejo gritaban ¡Viva la Pepa! y participantes en la procesión cantaban aquello de 'Con las bombas que tiran los fanfarrones', el tango 'Gaditana' o incluso 'Vaporcito del Puerto'. Organizando se encontraban, por delante del desfile, Enrique García-Agulló y Eduardo Bablé. 

La primera parada de la procesión tuvo lugar ante el Palacio Provincial de la Diputación de Cádiz. Allí, en la puerta, esperaban las autoridades, junto al obispo Zornoza, que habían asistido a los actos del Día de la Provincia. El toque de corneta de Fede Fuertes dio paso a la primera de las lecturas de la tarde. El heraldo Antonio Alcina, a viva voz, entonó los artículos 1, 2 y 3 de la Carta Magna gaditana. Silencio sepulcral para oír que la Nación española "es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios", que es "libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona", y que la soberanía "reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales". Las autoridades aplaudieron luego al paso de la comitiva cuando esta empezó a buscar la Alameda para dirigirse al siguiente punto de lectura, la plaza del Mentidero, que fue el lugar elegido para leer por segunda vez el texto de La Pepa en 1812 y una de las zonas de la ciudad más seguras cuando el asedio francés, al encontrarse alejada de las baterías de los soldados napoleónicos.    

Ante el busto del doctor Rodriguez Morales, y tras escucharse el sonoro "¡Viva la Nación!" surgido de la garganta del voluntario Juan León, de nuevo el heraldo Alcina leyó artículos como el número 7, "Todo español está obligado a ser fiel a la Constitución, obedecer las leyes y respetar las autoridades establecidas", o el 13, "El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen". Tras dar la vuelta a la plaza enfilaron la calle Veedor hacia San Antonio. En esta plaza, en tiempos llamada de la Constitución por haber sido uno de los lugares de proclamación de La Pepa, anunció el heraldo, siempre custodiado por el capitán Velázquez con espada desenvainada, que "Las Cortes son la reunión de todos los Diputados que representan la Nación, nombrados por los ciudadanos en la forma que se dirá", del artículo 27. 

Aunque la procesión estuvo toda la tarde respaldada por la ciudadanía, fue a su llegada al Oratorio de San Felipe Neri cuando levantó mayor expectación. No podía haber otro marco más acertado para realizar la última lectura, en el mítico lugar donde nació el texto constitucional. El cortejo, procedente de la calle Torre, dio la vuelta por San José, Sacramento, Sagasta y volvió por el otro extremo de Santa Inés. El heraldo remató la lectura de los artículos escogidos, entre ellos el 356: "Habrá una fuerza militar nacional permanente, de tierra y de mar, para la defensa exterior del Estado y la conservación del orden interior". 

Con los tradicionales 'vivas' acabaron las lecturas y la procesión cívica marchó por diversas calles hasta llegar a la plaza de España, donde se disolvió. 

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