Lluvia de piropos entre paraguas y chubasqueros

  • Más turistas que gaditanos entre el poco público que fue a ver a los Príncipes

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La lluvia y el hecho de que el Príncipe Felipe haya visitado este año Cádiz en más ocasiones convirtieron ayer en testimonial la presencia de público en los alrededores del Palacio de Congresos, donde el heredero de la corona española acudió junto a la princesa Letizia para inaugurar la Asamblea de Municipios y Regiones de Europa. Más turistas que gaditanos había entre la cortita concurrencia. Eso sí, los que esperaban a los Príncipes de Asturias desafiaron al aguacero desde media hora antes de la llegada, justo a las cinco de la tarde. Entre los que aguardaban para ver a sus altezas se encontraba un grupo de alumnos y monitores de Amadip-Esment, una ONG mallorquina para personas con discapacidad intelectual de viaje en Cádiz desde hace unos días. Beatriz Granadero y Dulce Alcaraz esperaban para hacerse una foto con el Príncipe "a pesar de la lluvia y porque somos muy monárquicas". Granadero afirmaba que están "encantados con esta ciudad y hemos venido en época de celebración del bicentenario de La Pepa, sabemos de la importancia de aquella constitución para la historia de España". Al rato, y justo antes de que el coche oficial dejara a Felipe y Letizia en la puerta para ser recibidos por la alcaldesa Teófila Martínez, una de las monitoras de Amadip repartía entre los alumnos ponchos que había comprado en un 'chino' cercano.

Entre el escaso público no faltaban cruceristas extranjeros que no tenían nada mejor que hacer que esperar para ver a los príncipes. Imperturbable bajo un paraguas estaba una pareja con rasgos nórdicos. En otra zona de los alreredores del Palacio, una pareja de amigas que estaba tomando café por allí cerca aseguraban que se habían apostado tras las vallas "por mero cotilleo más que por afición a la corona, aunque no somos republicanas ni tenemos nada contra la monarquía", advertían. Asimismo, otra mujer aseguraba que estaba allí "expresamente para verlo a él, que me gusta como persona", decía en referencia a Don Felipe.

Amparo, una alicantina de vacaciones en Cádiz, había oído "por la radio" que los príncipes estarían sobre las cinco por el Palacio de Congresos. "Nunca los he visto de cerca", explicaba antes de añadir que la capital gaditana le estaba pareciendo "muy bonita". A su lado, en la parte más cercana a Lázaro Dou, un señor con babuchas de paño soltaba al aire una frase que de haberla escuchado hubiera merecido la atención de algún miembro de la seguridad de la Casa Real allí presente: "Tengo la revolución en la barriga". A su lado entraba una congresista con un paraguas infantil de Hanna Montana. Cádiz, imán para el frikismo.

"¿Ya viene?", preguntaba una chica a un policía nacional. "En cinco minutos", respondía el agente. Dicho y hecho. El lujoso coche oficial con la bandera de Asturias paraba ante el Palacio de Congresos y era Doña Letizia la que acaparaba los elogios, al salir del auto por la parte en la que se encontraba el público. "¡Guapa!", le gritaron. Todo un clásico en estas situaciones. Al acabar el acto los príncipes se acercaron para dar la mano al pueblo. Fue cuando arreciaron los piropos mientras la lluvia seguía calando con su incesante chirimiri.

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