San Fernando, ciudad solidaria

Las entidades de ayuda mutua defienden su actividad, muestran su actitud luchadora y explican sus problemas ecónomicos

Amaya Lanceta / San Fernando | Actualizado 12.02.2012 - 01:00
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Un grupo de chicos de Afede, durante uno de los talleres que se imparte en la asociación.

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Upace, Afanas, Afa Vitae, Afede, Parkinson, Adab... Ninguna entidad de ayuda mutua se libra de las consecuencias de la crisis. La aportación de administraciones y otras entidades comienza a deteriorarse porque de los recortes, de las medidas de ahorro no se libra nada, el sector de la dependencia tampoco. Pero hablamos de hombres y mujeres, de jóvenes, niños y ancianos, que de alguna u otra forma necesitan la mano de otro para seguir adelante, ya sea por las secuelas de una enfermedad o por una discapacidad. Necesitan ayuda, atención, terapia, apoyo o implicación. "Carmen María necesitaba desarrollar sus habilidades sociales", explica Francisca, Kika, sobre su hija, una chica de 19 años que sufre epilepsia, con retraso mental, que disfruta de la compañía de chicos con problemas afines gracias a los talleres que realiza en la Asociación de Familiares y Enfermos de Epilepsia (Afede). Familias, enfermos y personas con discapacidad encuentran en estas entidades de ayuda mutua lo que en muchos casos no ofrecen los servicios públicos.

En la guardería, en el colegio, siempre había algún impedimentos, obstáculos para que Carmen María recibiera la atención que necesitaba, y siempre sin poder elegir, señala su madre. "Y cuando había un profesor que mostraba interés y hacía algo por ella era algo extraordinario", recuerda. Hasta los trece o catorce años esta joven hizo una vida muy similar a la de sus compañeros de la misma edad. "Tenía sus amigos, entraba y salía, pero después ya no podía, y no es justo que con esa edad se quedara en casa, sin salir. Desde hace tres años está encantada en la asociación, con sus amigos, gracias a las salidas que hace con los chicos de la entidad. Se reúne con ellos, tiene talleres de fotografía, de chateo, de cuero o serigrafía, temas que van cambiando para que sea ameno. "Se mantiene el taller de habilidades sociales, con la psicóloga, para corregir los fallos de comunicación. Cuentan sus cosas, sus problemas y los demás la escuchan, que es importante", prosigue Kika, que agradece la labor de Afede, de sus profesionales, para que su hija no pierda la formación que ha recibido en los años anteriores.

Pero ese trabajo cuesta. También el material que usan. Como el lugar donde son atendidos. Numerosos son los gastos de la entidad, pero pocas las subvenciones que reciben. Del Ayuntamiento reciben una aportación para el mantenimiento; de Bienestar Social, una partida para actividades, como de Bancaja. Junto a eso están las cuotas de los socios, unos 300 padres. Unos 24, sin embargo, los progenitores de los mayores que tendrán plaza en la futura unidad de estancia diurna, son los que luchan desde hace tiempo por conseguir ese nuevo espacio, que se ubicará en el polígono de Fadricas, y cuyas obras ya han comenzado. Pero van lentas. "Necesitamos un centro donde los mayores, entre 18 y 40 sigan con su formación, con sus actividades, cuando terminan los estudios obligatorios", explica la presidenta, Isabel González. Siguen luchando para conseguir el dinero que necesitan para ello.

También lucha constantemente la asociación de Parkinson Bahía de Cádiz, como reconoce su directora, Lola Garzón, a pesar de que las reducciones y pérdidas de ayudas públicas que ha sufrido: "Somos optimistas, no podemos rendirnos ante las adversidades. Nuestro colectivo se merece un trato digno y entre todos debemos concienciar a las administraciones para que nos aporte los recursos necesarios para poder seguir mejorando la calidad de vida de tantísimas personas y sus familias". En la Unidad de Día se atiende actualmente a 30 personas, personas con parkinson y en situación de dependencia, provenientes de distintas poblaciones de la Bahía de Cádiz. A ellos se suman las personas que aún conservan su autonomía. Y todo ellos con un equipo de quince profesionales, más los voluntarios. Para mantenerlos, defiende, hace falta apoyo económico. "La pérdida de recursos humanos supondría una pérdida de servicios para los pacientes que no podemos permitirnos", insiste Garzón.

Numeroso es también el equipo de profesionales que presta servicio en la Asociación para la Defensa contra la Anorexia y la Bulimia (Adab). Un médico, endocrino, nutricionista, dos psicólogos y una trabajadora social, que mantienen con la cuota de socio, una subvención anual que reciben del Ayuntamiento, una partida pequeña de Salud y otra aportación de la Diputación. "Actualmente atienden a unas 50 familias, de San Fernando, de Cádiz, de Medina, de El Puerto...., pero hay lista de espera. Y además, no se cura en seis meses, son años de tratamiento, de gente que lo dejan y vuelven", explica su presidente, Juan Manuel Egea.

En ese caso, la implicación de la familia es fundamental, sobre todo cuando son adolescentes. Los familiares sufren, mucho. Y a la vez son un pilar esencial. La Asociación de Familiares de enfermos de Alzheimer Afa Vitae es un ejemplo de ambas afirmaciones. Su empeño les permitió contar con la residencia de Camposoto -también centro de día-, y ahora trabajan en la ampliación de esta residencia y la construcción de un edificio colindante para trasladar la unidad de estancia diurna. La aportación de las administraciones, de entidades solidarias, bancarias, las cuotas de socios y los préstamos bancarios les permite crecer, avanzar, aunque sea en pelea constante, como señala su presidenta Mari Pepa Rodríguez Castañeda. También la Unión de Parálisis Cerebral (Upace) se mueve para conseguir el equipamiento suficiente para que la nueva residencia de Al Andalus funcione a pleno rendimiento.
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