Manuela Oneto. Esposa de Clemente Ruiz García

"El abogado me llamó y me dijo: Manoli, que hemos ganado"

La esposa del detenido por el desfalco expresaba ayer su alegría mientras hacía gestiones para recabar la fianza

María Llebrez / San Fernando | Actualizado 30.06.2011 - 09:37
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Manuela Oneto, ayer, en el porche de su casa.

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Sobre el mantel de girasoles del porche de su casa en Camposoto Manuela Oneto mueve las manos, se explica, aún nerviosa. En sus palabras, una mezcla de muchos sentimientos: euforia, preocupación, alegría, resentimiento, angustia, esperanza. Solo hace un par de horas que recibió la llamada del abogado de su marido, José Luis Tellado, con la buena -e inesperada- nueva. "Vi el número y me di cuenta de que era él, me puse histérica, clavada en el salón y descogué. Entonces él dijo: Manoli, que hemos ganado". No se lo podía creer. Su esposo, único detenido por el desfalco millonario de 7,8 millones de euros en la caja municipal, podría por fin volver a su casa, con los suyos, tras casi 20 meses encarcelado en la prisión de Puerto II. "Lo primero que pregunté fue si podía ir a recogerlo ya y entonces Tellado me dijo lo de la fianza. Desde ese minuto no he parado de buscar y de pedir. En cierto modo me alegra que se vea que tengo que estar llamando a amigos y familiares, porque así demostramos que no tenemos un duro. Si lo tuviera en mis manos, mi marido estaba ya aquí conmigo", se justifica.

A su lado, sentado también a la sombra del porche, uno de sus hijos escucha tranquilo las palabras de su madre. Ya no tendrá que acudir más sábados junto a ella para poder ver a su padre. No tendrá que pasar más por ese mal trago. Alrededor de la mesa también va y viene la hija pequeña, cuyo nombre -no es casualidad- es el mismo que el de la inmobiliaria de la que Clemente fue dueño hasta que lo detuvieron. El matrimonio tiene además otro hijo, con una discapacidad del 97 por ciento, del que Manuela se ha tenido que hacer cargo en solitario ante la ausencia de su marido. "La salud se me ha resentido, tengo una hernia porque mi hijo es mayor y el esfuerzo de moverle es mucho", apuntaba.

Entre tanto y tanto, la esposa de Clemente responde llamadas, lee mensajes de móvil, abraza a un amigo que aparece inesperadamente en la casa para felicitarlos. Ella sigue dándole vueltas a la fianza. Son 30.000 euros. "Tengo que encontrarlo aunque sea de debajo de las piedras", se reafirmaba, jugueteando con el teléfono móvil desde el que casi diariamente habla con su marido. "Es muy raro, a esta hora todavía no me ha llamado", señalaba. Eran las dos y media de la tarde. Lo haría una hora después, todavía incrédulo, todavía estupefacto. "No se lo cree, no se lo esperaba, ni siquiera me ha parecido que estuviera contento", explicaba posteriormente.

Pero tendrá que hacerlo porque en pocas horas estará en la calle. "Su aspecto es muy demacrado, está muy delgado, con el pelo larguísimo y con barba. Lo está pasando muy mal, muy mal. Ha sido el cabeza de turco de todo esto y yo he tenido que ser el pilar en el que él se ha aguantado", insistía. "A estas alturas no tenía ya sentido que siguiera en prisión: no hay riesgo de fuga porque en los primeros siete meses estuvo libre y no lo hizo, no puede destruir pruebas porque no puede volver a su puesto de trabajo y no ha cometido ningún delito de sangre", comentaba. Así pues, Clemente volverá hoy a casa tras casi dos años encarcelado. Volverá a casa con sus hijos que son, así lo explicaba Manuela, los que más lo echan de menos. "Mis hijos son mucho más padreros que madreros. La pequeña se metía en nuestro cuarto y suspiraba y a mí se me partía el alma. Ahora lo peor ya ha pasado".
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