el catamarán

El temblor de la Historia

M. Muñoz Fossati | Actualizado 29.08.2010 - 01:00
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TIEMBLA de emoción el pasado de la Bahía con la recuperación de una parte de las fortificaciones levantadas o reforzadas durante el asedio francés. La estampa que están adquiriendo el Real Carenero y las baterías aledañas al Puente Zuazo de San Fernando-Puerto Real acrecienta esperanzas, a la vez que causa el asombro de quienes pasan por allí. Pero otro temblor permanece, el que recorre el cuerpo de cualquier observador sensible al contemplar el estado de otras murallas de la época, que defendieron la independencia española cuando el resto de la nación estaba sometida. Ocurre en Punta Cantera, tan cerca del centro comercial de Bahía Sur que mucha gente no la ve. Sucede en el Fuerte de San Luis, en el Trocadero puertorrealeño, del que guardan mejor memoria los franceses con la famosa plaza parisina. Sucede todavía en otros muchos reductos y baterías diseminados entre marismas y caños, en aquella frontera de la dignidad que fue el caño de Sancti Petri. Pasa también con la indecorosa situación del fuerte de Cortadura, a la entrada de Cádiz, en buen estado pero sin un signo que recuerde su papel en la Historia.

La restauración del entorno del Puente Zuazo es el ejemplo perfecto de una inversión no demasiado cuantiosa que debe dar unos frutos multiplicados por mil, si se sabe dotar de contenido adecuado a todo lo que promete tan grandioso continente. El dinero que puede costar acabar la intervención alrededor del puente, elaborar un plan de uso del sitio y poner en marcha su explotación turística y cultural se antoja ínfimo, sobre todo si lo comparamos con otras obras públicas, evidentemente importantes pero sin la mínima parte simbólica con respecto al Bicentenario que tienen los muros que contuvieron el avance napoleónico e hicieron posible la elaboración de la primera Constitución española. A la vista de los esfuerzos, las declaraciones, las peleas dialécticas y las movilizaciones que se han desatado a raíz de ciertas dudas sobre una infraestructura tan importante como es el Puente de la Pepa, se echa en falta, en esa misma batalla, una apelación a la Historia, la que cuenta de dónde vino todo esto. Esa apelación debería venir de toda la clase dirigente, obviamente, pero también, si quiere tener fuerza, de los propios habitantes de esta Bahía, que se han dejado hurtar ya demasiados referentes, demasiados ganchos de los que colgar el orgullo. La exhibición de nuestra Historia puede ser uno de esos ganchos, a la par que un motor, uno más, que tire de un cierto desarrollo económico: eso es la industria cultural.
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