el catamarán

Puedo escribir...

| Actualizado 30.05.2010 - 01:00
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PUEDO escribir que tenemos un presidente de Gobierno que es como un boxeador noqueado sobre la lona, que cada vez que se levanta se lleva un nuevo golpe y que suelta guantazos al aire sin acierto. Que nos ha llevado a esta situación de desprestigio a nivel mundial y va a hacer pagar la factura de su mala gestión a los que menos culpa tienen de su desastre. Y puedo escribir que ha tomado las decisiones impopulares a sabiendas de que le cavarán su tumba política y que el líder de la oposición, que no entusiasma ni es capaz de subir en las encuestas a pesar de lo anterior, prefiere abstenerse sobre un plan de ajuste que sabe inexcusable con tal de desgastar a su oponente y alcanzar el poder.

Puedo escribir que el alcalde de San Fernando está acorralado frente a la desaparición de ocho millones de euros de la caja de sus ciudadanos sin que todavía sepamos qué ha pasado y quiénes han sido los responsables de tamaño descontrol. Y puedo escribir que no tiene la culpa y es víctima de los errores de otros, que ha actuado en cuanto ha conocido el desfalco.

Puedo escribir que ha habido un alto cargo de UGT en la provincia que le ha sacado brillo a la tarjeta de crédito del sindicato en gastos de lo más variado y que sus dirigentes le han tapado las vergüenzas hasta que han podido. Y puedo escribir que esas cosas ocurren en casi todas partes y casi nunca se acaban descubriendo.

Puedo escribir que Cádiz va a ser el epicentro mundial con motivo del Bicentenario y que gracias a él la ciudad y su entorno van a salir de la crisis y del atraso que padecen en muchos sentidos. Y puedo escribir que las instituciones no se ponen de acuerdo en casi nada del 2012, que las principales inversiones previstas se han ralentizado (o incluso suspendido) y que la ciudadanía no se implica porque la mayoría de los mensajes que le llegan son confusos, lejanos o aburridos.

Puedo escribir todo eso y mucho más. Puedo decidir qué y cómo escribo. Y puedo hacerlo porque hace doscientos años hubo unos señores reunidos en la Isla de León que abrieron el camino hacia la libertad y muchísimos otros más se dejaron la piel por que hubiese una democracia en este país en la que se consagrase la libertad de expresión. Puedo escribir y puedo equivocarme, como miles de periodistas de todo el mundo, e incluso puedo arriesgarme a que me encasillen por ello. Pero al menos puedo hacerlo libremente, puedo elegir, decidir qué escribo. El Congreso Mundial de Periodismo celebrado esta semana en Cádiz nos ha recordado que aún existen miles de periodistas en todo el mundo que no pueden hacerlo. Por todos ellos hay que seguir escribiendo a diario.
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