la firma invitada

Los puntos de las íes

José María Moncasi De Alvear | Actualizado 28.04.2010 - 01:00
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ME produce rechazo leer que en los abusos sexuales con niños (pederastia) se vean involucrados hombres que añaden al horror de este crimen la condición de personas que deberían ser particularmente ejemplares y delicadas, puesto que representan a la Iglesia. La doctrina de Cristo sobre este punto es taxativa: al que escandalice a uno de estos pequeños más le valdría que le ataran una rueda de molino al cuello.

A la vista cómo se están dando estas noticias cabe, sin embargo, analizarlas. El primero; asombra la voluntad de involucrar al Papa en estos casos, denunciado incluso por el propio Wall Street Journal. Aclaremos. Hasta el año 2001 no es el Vaticano sino las diócesis quienes se encargaban de hacer frente a los casos de abusos sexuales de sacerdotes. Esto provocaba retrasos, y al final los procesos internos eran pocos y lentos. Para acabar con esto, Juan Pablo II decidió en el 2001 que la Congregación para la Doctrina de la Fe se encargase directamente de estos delitos.

En aquel momento el Cardenal Ratzinger se convierte en el punto de referencia en este problema y su primera medida (permitir que en los casos en los que el delito era evidente, se impusieran directamente sanciones a los sacerdotes, es decir, sancionaba enseguida a los culpables sin necesidad de un juicio) fue muy criticada. Desde entonces, la medida se ha aplicado en 1.800 casos: el 60% de los 3.000 que han llegado al Vaticano.

En el resto de los casos, el 10%, fueron expulsados del sacerdocio directamente; un 10% solicitaron dejar de ser sacerdotes y un 20% fueron juzgados. Si se comparan estos datos con los 6.000 profesores de educación física y entrenadores -sólo en Estados Unidos- condenados por semejante delito en 42 años -en su mayoría casados- me lleva a preguntarme lo siguiente: ¿perseguimos a la Iglesia o perseguimos el delito?

Si lo que preocupa realmente es el delito, quizás se debería de prestar más atención a los 228 abusos de menores que se cometen cada hora en América Latina, por hora y en su zona, no en 50 años y en el mundo.

Sepan ustedes que, una vez elegido Papa, Benedicto XVI decidió como una de sus prioridades acabar con los abusos sexuales. Así, durante su primer año de pontificado condenó tanto al sacerdote italiano Gino Burressi, fundador de la Congregación de los Siervos del Corazón Inmaculado de María, como al sacerdote mejicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.

También es el primer Papa de la historia que ha abordado los abusos con un documento especial: la carta a los católicos de Irlanda (marzo 2010). Se trata de un documento en la que el Papa acusó a los obispos culpables de haberle traicionado.

Quien esté al corriente de la respuesta del Vaticano a los abusos sexuales, sabe que Benedicto XVI es parte importante de la solución, pues a la vista de los datos expuestos el actual Papa reabrió casos que habían sido cerrados, hizo más que nadie para procesar casos y hacer responder a los abusadores (2001) y se convirtió en el primer Papa en hablar con las víctimas.

Me temo que lo que hay detrás de estos ataques es una campaña de descrédito hacia todo lo católico; si una mancha de fango llegase a la sotana blanca, se ensuciaría la Iglesia, y si fuera ensuciada la Iglesia lo sería también la religión cristiana. Lo importante es la insinuación: los sacerdotes son pedófilos, por tanto la Iglesia no tiene ninguna autoridad moral, por ende la educación católica es peligrosa, luego el cristianismo es un engaño.

Bajo estas premisas no extraña que los promotores de esta campaña lancen al vuelo preguntas como; ¿Qué buena madre hará curar a sus pequeños en un hospital o en una clínica católica? ¿No necesitan esos padres un cursillo previo a su decisión de colocar a su retoño en semejantes laboratorios de retroceso?

Si les menciono dos nombres, Jeff Anderson y Mike Finnegan, probablemente no sepan quiénes son; pero si les digo que son los dos abogados de cinco hombres que han enjuiciado a la Archidiócesis de Milwaukee por abusos sexuales, y que se embolsaron en el año 2002 sesenta millones de dólares en acuerdos con la Iglesia, probablemente se sorprendan.
3 comentarios
  • 3 avatar22 29.04.2010, 09:41

    Estoy de acuerdo en la labor de este Papa, muuuy diferente de la pésima obra de Juan Pablo II. Pero tampoco minimicen el daño, no son pocos los sacerdotes pedófilos, el daño que han hecho a miles y miles de niños es atroz. Por favor, sean sensibles con las víctimas, se vive un infierno con eso.

  • 2 Rodrigo de Chile 29.04.2010, 05:27

    y de los 3000 casos solo el 10% Pedofilia es decir 300. y hay 400. 000 sacerdotes es decir menos del 0. 1 % de los sacerdotes. ¿Quién se preocupa de los abusadores (y pedofilos) que estan fuera de la Iglesia? Y de los asesinatos (abortos) que se producen.

  • 1 calimero 28.04.2010, 23:17

    Perfecto !!!

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