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La noticia del día
Columna de humo
La noticia del día
José Manuel Benítez Ariza | Actualizado 16.03.2010 - 20:22EL tiempo vuelve a ser noticia", anunció a mediados de la semana pasada el presentador de uno de los boletines radiofónicos matinales. Se hizo uno ilusiones. Y lo que quería decir, ay, no era que la máxima preocupación de los españoles, como buenos hortelanos o pescadores que fuimos, fuera mirar el cielo. Lo que quería decir ese locutor era que habían vuelto los problemas en las carreteras, en los campos, en las urbanizaciones a las que llega un fluido eléctrico precario e insuficiente, en las barriadas construidas a la vera de los ríos. Lo que era noticia, en fin, no era el cielo, ni nuestra añoranza de sol después de muchas semanas de nublado, sino lo insatisfactorio de nuestra calidad de vida, la mala gestión que ejercen los actuales responsables de los servicios públicos esenciales, la voluntad poco constructiva con la que sus oponentes políticos los enjuician… Es decir, lo de siempre.
Pero, pese a todo, se alegraba uno de que la primera noticia del día se refiriera a lo único que, en realidad, es verdadera noticia en las vidas de la mayoría de las personas, cuyo ánimo depende en buena medida de llevar o no los pies secos, de respirar con soltura, de que las casas estén o no soleadas. Ha dedicado este columnista muchos artículos a esas cuestiones, por creerlas tan importantes como esas otras que suelen ocupar las portadas de los diarios. Sostiene este columnista -humildemente, porque estas cosas se defienden mal a gritos o aspavientos- que el curso silencioso de los días es más relevante que el griterío de los políticos o el caleidoscopio cambiante del mero acontecer; o que, en todo caso, las realidades palpables -el sol y la lluvia lo son- resultan más decisivas que las palabras vacuas, por más que la mayor parte de los titulares de actualidad se refieran, no a cosas que suceden, sino a opiniones o declaraciones de unos y otros que poco o nada afectan a la realidad. Eso piensa uno. Y por eso le agradó que ese día -el miércoles pasado, para ser precisos-un locutor radiofónico diese una noticia que concordaba con aquello que determina el ánimo de uno al levantarse, y que no tenía que ver -en principio, al menos- con otras historias.
Se dio el caso, además, de que, como en días anteriores, las imágenes que luego ilustraron esa noticia meteorológica mostraban a personas concretas, reales, humildes como lo son la mayoría. Nos mostraban las cámaras de televisión el interior de esas casas inundadas. Y lo que veíamos, por encima de la desgracia de sus propietarios, eran vidas normales, existencias que transcurrían en esas salas de estar amuebladas con sofás baratos y aparadores de pino o conglomerado… Es uno partidario decidido de la intrahistoria. Y la pena es que, ahora que ha salido el sol -cuando escribo esto, hace una tarde esplendorosa- ningún titular lo ha celebrado.
benitezariza.blogspot.com
Pero, pese a todo, se alegraba uno de que la primera noticia del día se refiriera a lo único que, en realidad, es verdadera noticia en las vidas de la mayoría de las personas, cuyo ánimo depende en buena medida de llevar o no los pies secos, de respirar con soltura, de que las casas estén o no soleadas. Ha dedicado este columnista muchos artículos a esas cuestiones, por creerlas tan importantes como esas otras que suelen ocupar las portadas de los diarios. Sostiene este columnista -humildemente, porque estas cosas se defienden mal a gritos o aspavientos- que el curso silencioso de los días es más relevante que el griterío de los políticos o el caleidoscopio cambiante del mero acontecer; o que, en todo caso, las realidades palpables -el sol y la lluvia lo son- resultan más decisivas que las palabras vacuas, por más que la mayor parte de los titulares de actualidad se refieran, no a cosas que suceden, sino a opiniones o declaraciones de unos y otros que poco o nada afectan a la realidad. Eso piensa uno. Y por eso le agradó que ese día -el miércoles pasado, para ser precisos-un locutor radiofónico diese una noticia que concordaba con aquello que determina el ánimo de uno al levantarse, y que no tenía que ver -en principio, al menos- con otras historias.
Se dio el caso, además, de que, como en días anteriores, las imágenes que luego ilustraron esa noticia meteorológica mostraban a personas concretas, reales, humildes como lo son la mayoría. Nos mostraban las cámaras de televisión el interior de esas casas inundadas. Y lo que veíamos, por encima de la desgracia de sus propietarios, eran vidas normales, existencias que transcurrían en esas salas de estar amuebladas con sofás baratos y aparadores de pino o conglomerado… Es uno partidario decidido de la intrahistoria. Y la pena es que, ahora que ha salido el sol -cuando escribo esto, hace una tarde esplendorosa- ningún titular lo ha celebrado.
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