palabra en el tiempo

A toda costa

| Actualizado 16.03.2010 - 01:00
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EL Ministerio de Medio Ambiente ha vetado la emisión de dos minutos de película correspondientes a un capítulo de una serie dedicada a denunciar la imparable invasión del cemento en las costas españolas y a enumerar las depravaciones aparejadas a esta vieja pero impune gangrena: la especulación urbanística, la apropiación del suelo público, la complicidad de las autoridades encargadas de velar por el juego limpio, la connivencia social, etcétera. La serie iba ser emitida completa por RTVE, pero la mano torpe de la censura ha tratado de limpiar los contenidos en nombre de ¿la verdad?, ¿las apariencias?, ¿el qué dirán?, ¿los matices? He calificado la acción censora del Ministerio de torpe porque, como nadie ignora, salvo Medio Ambiente, a estas alturas de siglo los vetos son afortunadamente inservibles y a lo único a que contribuyen es a multiplicar la difusión de las partes prohibidas y, por extensión, a dejar en evidencia y ridiculizar la pretensión de los inquisidores. Ha ocurrido recientemente con las imágenes del caso Gürtel que la Diputación de Valencia mandó retirar de una exposición. O con las imágenes sobre el Cristo gay del fotógrafo Fernando Bayona correspondientes a otra muestra, Circus Christi era su título, que cerró injustamente la Universidad de Granada.

Me preguntaba en un artículo anterior a propósito de las fotos de Gürtel si estábamos ante hechos aislados o frente a síntomas de un deterioro lento pero progresivo de las libertades públicas sustentado en un miedo general de dudoso origen (representado también, por ejemplo, en la campaña sobre la cadena perpetua o en la magnificación de casos concretísimos de violencia en pretextos ejemplares para endurecer leyes y códigos y, por tanto, para achatar no ya las libertades sino conceptos clásicos del derecho como la reeducación). Entiendo, y a las pruebas me remito, que se trata de trastornos que revelan una enfermedad mayor: el miedo social, aventado por aquellos a quienes beneficia para sus intereses la intimidación, el acriticismo y, sobre todo la eliminación de principios éticos fundamentales para una democracia en libertad.

En el caso de la serie televisiva sobre las costas, el absurdo veto es aún más evidente. El fragmento que no gusta a Medio Ambiente corresponde a una serie de recortes de noticias sobre corrupción en Ayuntamientos del litoral difundidas en los telediarios. ¿Qué teme el Ministerio de la emisión de esos retales de vídeo? ¿Transmitir una imagen demasiado alarmista sobre la corrupción política? ¿Encubrir la relación directa entre el quebranto de las costa y la corrupción municipal? No se entiende. Lo único evidente es la intención coactiva por parte del ministerio y el rechazo valiente del guionista. A toda costa.
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