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Gimnasia laica
el catamarán
Gimnasia laica
| Actualizado 13.12.2009 - 01:00HAY un profesor de gimnasia de un instituto público de Cádiz, miembro de un sindicato anarquista, que se dedica a poner carteles por todas partes proclamando la salida de los crucifijos de las escuelas. Lo hace a sabiendas de que en su instituto, que es público y por lo tanto, aconfesional, no hay crucifijos por ninguna parte. Pero él los debe ver en sus terribles pesadillas o, en cualquier caso, se dedica a realizar una labor preventiva, como la guerra de Bush contra Iraq.
Este profesor, que es muy reivindicativo y tiene una gran "sensibilidad social" hacia muchas otras causas, no se siente inclinado, sin embargo, a colocar carteles contra la lapidación de mujeres en muchos países donde rige la ley islámica, o contra la explotación infantil en muchos países del tercer mundo (contra la que luchan denodadamente muchas oenegés vinculadas a la Iglesia católica) o contra las dictaduras americanas que han asesinado a decenas de sacerdotes católicos por su oposición.
Él prefiere gastar sus energías como profesor de gimnasia en irrumpir en las clases de Religión para decir a los alumnos, en presencia de un compañero, que no se crean nada de lo que éste les cuenta.
Debe ser que un profesor de gimnasia está para eso. Debe ser, además, que queda mejor. Debe ser que es una necesidad del alumnado. Debe ser que eso viste mucho o que realmente en un centro público hoy día existe un grave riesgo de adoctrinamiento de los alumnos hacia una religión que lo único que proclamó, por encima de los muchísimos fallos de las personas que dirigieron su Iglesia, un mensaje de igualdad y la paz entre las personas de buena voluntad.
Uno intenta entender todas las posturas en torno a este asunto de los crucifijos en las escuelas. Pero es que esto, que no viene a cuento en un centro donde no había ningún problema, suena a provocación que sobrepasa ya la buena educación, hace un flaco favor a los defensores del laicismo y se convierte directamente en un ataque gratuito e innecesario que no contribuye en absoluto a la tolerancia que su inductor proclama. Dicho sea con mis mejores deseos para las vacaciones navideñas del profesor de gimnasia laica.
Este profesor, que es muy reivindicativo y tiene una gran "sensibilidad social" hacia muchas otras causas, no se siente inclinado, sin embargo, a colocar carteles contra la lapidación de mujeres en muchos países donde rige la ley islámica, o contra la explotación infantil en muchos países del tercer mundo (contra la que luchan denodadamente muchas oenegés vinculadas a la Iglesia católica) o contra las dictaduras americanas que han asesinado a decenas de sacerdotes católicos por su oposición.
Él prefiere gastar sus energías como profesor de gimnasia en irrumpir en las clases de Religión para decir a los alumnos, en presencia de un compañero, que no se crean nada de lo que éste les cuenta.
Debe ser que un profesor de gimnasia está para eso. Debe ser, además, que queda mejor. Debe ser que es una necesidad del alumnado. Debe ser que eso viste mucho o que realmente en un centro público hoy día existe un grave riesgo de adoctrinamiento de los alumnos hacia una religión que lo único que proclamó, por encima de los muchísimos fallos de las personas que dirigieron su Iglesia, un mensaje de igualdad y la paz entre las personas de buena voluntad.
Uno intenta entender todas las posturas en torno a este asunto de los crucifijos en las escuelas. Pero es que esto, que no viene a cuento en un centro donde no había ningún problema, suena a provocación que sobrepasa ya la buena educación, hace un flaco favor a los defensores del laicismo y se convierte directamente en un ataque gratuito e innecesario que no contribuye en absoluto a la tolerancia que su inductor proclama. Dicho sea con mis mejores deseos para las vacaciones navideñas del profesor de gimnasia laica.


