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Elecciones anticipadas
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Elecciones anticipadas
| Actualizado 18.09.2009 - 01:00APARTE de darle un viaje a los gobiernos autonómicos por interferir con sus ansias de intervencionismo los procesos normales de fusión entre cajas, el presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros, Juan Ramón Quintás, ha dicho que o se llega a un gran acuerdo entre partidos y agentes sociales, tipo Pactos de la Moncloa, para enfrentarnos a la crisis o habrá que convocar elecciones generales.
Ya estaba tardando mucho en llegar ese momento -tradicional en cualquier crisis que se precie- en que alguien con capacidad de eco propone la solución cuasi milagrosa a la problemática nacional: elecciones generales anticipadas. Es tanto como decir que no vale lo que la gente votó hace sólo año y medio y transferir a los ciudadanos la responsabilidad que éstos delegaron entonces en los políticos, siguiendo estrictamente los mecanismos de funcionamiento de la democracia representativa.
Y es que esto de la convocatoria de elecciones antes de tiempo tiene mucho de plebiscito en que se obliga a optar, sin matices, entre lo blanco y lo negro (en nuestro caso, entre Zapatero y Rajoy). Una cosa es segura: la propuesta de Quintás está condenada al fracaso porque en nuestro ordenamiento constitucional la facultad de convocar los comicios generales reside en exclusiva en el presidente del Gobierno en ejercicio, y este presidente del Gobierno en ejercicio tendrá muchos defectos, qué duda cabe, pero no el de dispararse a sí mismo.
Zapatero está demostrando que tiene dos líneas estratégicas contra la crisis: no recortar ningún gasto social que se traduce en votos y esperar a que cambie la coyuntura internacional y a que los países que van saliendo de la recesión "tiren" de la economía española, sin necesidad de adoptar medidas impopulares, restrictivas y de contención que tanto desgastan al gobernante. La salida de la crisis nacional sería, pues, cuestión de tiempo. Adelantar las elecciones rompe esta estrategia. Ahora mismo las perdería Zapatero, sin duda. Una vez superado lo peor de la crisis, podría ganarlas.
Ésas son las cuentas. La iniciativa de Quintás, que seguro captará adeptos de inmediato, va a ser una serpiente informativa, algo tardía para erigirse en serpiente de verano, pero carece de viabilidad. Si acaso, va a servir para lo contrario de lo que pretende, ya que difuminará las tensiones y disidencias que asoman en el Partido Socialista. La mera sospecha de que el enemigo común acaricia la ocasión de desalojarlos del poder antes del tiempo previsto provocará un cierre de filas abrumador. Atentos al comité federal del sábado, donde la unanimidad en torno a ZP está cantada. Vamos, milagro será que no acaben sacándole a hombros.
Ya estaba tardando mucho en llegar ese momento -tradicional en cualquier crisis que se precie- en que alguien con capacidad de eco propone la solución cuasi milagrosa a la problemática nacional: elecciones generales anticipadas. Es tanto como decir que no vale lo que la gente votó hace sólo año y medio y transferir a los ciudadanos la responsabilidad que éstos delegaron entonces en los políticos, siguiendo estrictamente los mecanismos de funcionamiento de la democracia representativa.
Y es que esto de la convocatoria de elecciones antes de tiempo tiene mucho de plebiscito en que se obliga a optar, sin matices, entre lo blanco y lo negro (en nuestro caso, entre Zapatero y Rajoy). Una cosa es segura: la propuesta de Quintás está condenada al fracaso porque en nuestro ordenamiento constitucional la facultad de convocar los comicios generales reside en exclusiva en el presidente del Gobierno en ejercicio, y este presidente del Gobierno en ejercicio tendrá muchos defectos, qué duda cabe, pero no el de dispararse a sí mismo.
Zapatero está demostrando que tiene dos líneas estratégicas contra la crisis: no recortar ningún gasto social que se traduce en votos y esperar a que cambie la coyuntura internacional y a que los países que van saliendo de la recesión "tiren" de la economía española, sin necesidad de adoptar medidas impopulares, restrictivas y de contención que tanto desgastan al gobernante. La salida de la crisis nacional sería, pues, cuestión de tiempo. Adelantar las elecciones rompe esta estrategia. Ahora mismo las perdería Zapatero, sin duda. Una vez superado lo peor de la crisis, podría ganarlas.
Ésas son las cuentas. La iniciativa de Quintás, que seguro captará adeptos de inmediato, va a ser una serpiente informativa, algo tardía para erigirse en serpiente de verano, pero carece de viabilidad. Si acaso, va a servir para lo contrario de lo que pretende, ya que difuminará las tensiones y disidencias que asoman en el Partido Socialista. La mera sospecha de que el enemigo común acaricia la ocasión de desalojarlos del poder antes del tiempo previsto provocará un cierre de filas abrumador. Atentos al comité federal del sábado, donde la unanimidad en torno a ZP está cantada. Vamos, milagro será que no acaben sacándole a hombros.


