EL ALAMBIQUE

Turismo y tiendas

Isa / Lora | Actualizado 08.07.2009 - 01:00
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UN día laborable de final de junio. Me dispongo a ir a una tienda a cambiar un cinturón. Son las seis, la hora que según el cartel es la de apertura, pero está cerrada. Decido hacer tiempo curioseando por ahí en otras tiendas con mi hija. Entramos en una tienda de complementos y al mismo tiempo entran dos chicas inglesas preguntando por un collar. La dependienta, ni idea de lo que le preguntaban. Intervine porque estaba sufriendo tanto por las clientas como por la dependienta. Comprendo que no tiene por qué saber un inglés de ejecutivo pero las palabras básicas de los complementos que venden, incluidos los colores, sí. Me fui dejando a la chica inglesa mirando otras cosas, aunque por lo menos el collar largo y verde lo tenía en la mano. A continuación entro a comprar un helado en una cafetería-heladería, del centro también. Coincido allí con tres estudiantes europeas (no podría decir con precisión de dónde eran). Allí no había problema con el idioma puesto que ellas se limitaron a señalar en el cartel de los helados. El problema fue que la dependienta se fue hacia no sé dónde y tardó un rato en atenderlas, tanto a ellas como a mí. Volvió, volvió y nos atendió. Seguí mi ruta y volví a la tienda del principio. Ya eran las siete menos diez y la tienda seguía cerrada, así que pregunté en la tienda de al lado si abría por la tarde porque ya pasaba bastante tiempo desde la supuesta hora de apertura. Cual fue mi sorpresa cuando me comenta que la dueña-dependienta de la tienda suele llegar más tarde para abrir. Pero ese más tarde era como mínimo 50 minutos. Afortunadamente esto no sucede en todas las tiendas porque la mayoría tienen unos profesionales o por lo menos le ponen mucho interés. Así me lo demostraron dos conocidos joyeros que al estar los dos charlando en la puerta de la joyería de uno de ellos y al no tener éste lo que yo le pedía, enseguida se dirigió al otro para saber si él tenía lo que yo andaba buscando y me invitó a pasar por su joyería para enseñarme lo que yo le solicitaba. Así que al final me fui para casa con un buen sabor de boca, aunque todavía nos queda mucho por hacer en algunos aspectos para llegar a tener la categoría que una ciudad turística como El Puerto se merece. Gracias por leerme.
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