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Trabajar como chinos
DE POCO UN TODO
Trabajar como chinos
Enrique / García-Máiquez | Actualizado 07.09.2011 - 01:00LO de la Comunidad de Madrid de subir dos horas lectivas a la semana y de eliminar las reducciones horarias de los profesores tiene mucha tela que cortar. No digo, ojo, que la medida en sí no responda a criterios de ahorro ni que sea ilegal o ilegítima. Me parece contraproducente todo lo que la acompaña (el momento, los modos y la filosofía de fondo) y, más aún, lo que no la acompaña.
Para empezar, irrita ver a los políticos mentir tan descaradamente a la opinión pública. Los profesores, entre los que tengo el honor de contarme, no trabajamos 18 horas ni vamos a trabajar 20, como dicen. Ésas son las horas de clase, que implican horas previas de preparación y planificación, horas posteriores de corrección de ejercicios y exámenes, horas de reuniones y, además, horas y horas de papeleos administrativos, algunos imprescindibles y otros impuestos por una burocracia insaciable. Lo de las 18 horas es como si a los políticos sólo les computásemos como trabajo el rato que echan en el Parlamento. Este ejercicio de demagogia es gravísimo. Por un lado, muestra hasta qué punto la mentira se ha instalado en la práctica habitual de nuestros dirigentes. Si nos sueltan tal babetazo en una cuestión tan evidente, ¿qué no harán en otras más delicadas y a la vez más oscuras? Por otro lado, resulta de una insuperable irresponsabilidad: trata de poner (y pone) a la gente contra los profesores, lo que automáticamente conlleva descrédito para la educación en su conjunto, nada menos.
Lo que nos aboca a la cuestión de fondo. ¿Cómo quieren sacarnos de la crisis? Junto a la financiera, nos enfrentamos a una del sistema, incapaz de resistir la abrumadora potencia de los países emergentes. Si Europa confiase un poco en sí misma, apostaría decididamente por la creatividad, por la investigación, por el talento y por su propia cultura. Pero prefiere plegarse, en la medida de sus posibilidades (que son pocas, por otra parte, por cuestiones demográficas), al modelo chino de crecimiento. Esto es, a trabajar mucho más por mucho menos y a ver qué pasa.
La nueva decisión educativa -precedida por una bajada de sueldo- es muy significativa, pues en los colegios e institutos se forja el futuro de nuestra sociedad. El incremento de horas de trabajo no se acompaña de nada encaminado a mejorar la calidad educativa ni se inserta en un plan global ni en un replanteamiento de la enseñanza que la valore. Ponen a unos profesores a echar más horas por menos para poder echar a otros y ya. Yo no me preocuparía tanto por las dos horas lectivas de más, sino por las lecciones que esas dos horas nos ofrecen. A todos.
Para empezar, irrita ver a los políticos mentir tan descaradamente a la opinión pública. Los profesores, entre los que tengo el honor de contarme, no trabajamos 18 horas ni vamos a trabajar 20, como dicen. Ésas son las horas de clase, que implican horas previas de preparación y planificación, horas posteriores de corrección de ejercicios y exámenes, horas de reuniones y, además, horas y horas de papeleos administrativos, algunos imprescindibles y otros impuestos por una burocracia insaciable. Lo de las 18 horas es como si a los políticos sólo les computásemos como trabajo el rato que echan en el Parlamento. Este ejercicio de demagogia es gravísimo. Por un lado, muestra hasta qué punto la mentira se ha instalado en la práctica habitual de nuestros dirigentes. Si nos sueltan tal babetazo en una cuestión tan evidente, ¿qué no harán en otras más delicadas y a la vez más oscuras? Por otro lado, resulta de una insuperable irresponsabilidad: trata de poner (y pone) a la gente contra los profesores, lo que automáticamente conlleva descrédito para la educación en su conjunto, nada menos.
Lo que nos aboca a la cuestión de fondo. ¿Cómo quieren sacarnos de la crisis? Junto a la financiera, nos enfrentamos a una del sistema, incapaz de resistir la abrumadora potencia de los países emergentes. Si Europa confiase un poco en sí misma, apostaría decididamente por la creatividad, por la investigación, por el talento y por su propia cultura. Pero prefiere plegarse, en la medida de sus posibilidades (que son pocas, por otra parte, por cuestiones demográficas), al modelo chino de crecimiento. Esto es, a trabajar mucho más por mucho menos y a ver qué pasa.
La nueva decisión educativa -precedida por una bajada de sueldo- es muy significativa, pues en los colegios e institutos se forja el futuro de nuestra sociedad. El incremento de horas de trabajo no se acompaña de nada encaminado a mejorar la calidad educativa ni se inserta en un plan global ni en un replanteamiento de la enseñanza que la valore. Ponen a unos profesores a echar más horas por menos para poder echar a otros y ya. Yo no me preocuparía tanto por las dos horas lectivas de más, sino por las lecciones que esas dos horas nos ofrecen. A todos.



Se pide bien poco dos horas más a la semana, que está además dentro de la ley. La mayoría trabajamos 40 horas. La educación está reglamentada, profesor de geografía, matemátrica, historia. . . El Examen lo pone el profesor, existe además el libro del profesor y, se supone, que el profesor sabe de sobre la asignatura que imparte. ¿Qué camelo es eso de la preparació y examen?
¿en qué quedamos? si en la primera parte de su artículo dice que pasar de 18 a 20 horas lectivas no es trabajar más. . . ¿por qué a continuación critica que se elija el método chino de trabajar más y cobrar menos para salir de la crisis?
Carlos, te sorprende porque sin duda tú eres de los que etiquetas a las personas, porque muchos como tú dividen a la sociedad en buenos y malos, blancos y negros, sin darse cuenta que existen los matices y que aún queda gente, como Enrique, que tiene criterio y lo mantiene. Enhorabuena, Enrique, a mí no me has sorprendido porque sé que eres ante todo una persona con sentido común.