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Virtuosismo y exquisita brevedad
Virtuosismo y exquisita brevedad
Jesús Sánchez-Ferragut | Actualizado 19.03.2010 - 05:00Director artístico: José Luis Nieto. Director invitado: Rafael Lamas. Piano: José Luis Nieto. Programa: Concierto para piano y orquesta nº 1 Op. 11, de Chopin. Concierto para dos violines BW 1043, de Bach. Sonata, de Paganini. Lugar: Gran Teatro Falla. Día: 17 de marzo. Asistencia: Tres cuartos de aforo.
A las nueve de la noche del pasado miércoles 17 comenzó el primero de los dos conciertos conmemorativos del 198 aniversario de la constitución de 1812, organizado por la Delegación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Cádiz, con el patrocinio de Diputación, Junta de Andalucía y la colaboración de la embajada de España en Moscú.
El programa escogido para la ocasión por José Luis Nieto, director artístico, piano solista y alma de esta orquesta de cámara rusa, fue breve, aunque variado y especialmente adaptado para destacar el virtuosismo de sus componentes. No hubo solución de continuidad, y las tres obras elegidas fueron ejecutadas una detrás de otra, creando entre el público una leve sensación de apresuramiento, quizás también acentuada por el buen sabor de boca dejado por la exquisita interpretación de la Sinfonietta, que hubiera merecido ofrecer alguna propina al respetable. Pero cuando no se puede, no se puede, y disculpados quedan.
Dicho esto, la primera obra de la noche fue el conocido Concierto para piano y orquesta nº 1 Op.11 de Chopin, compuesto en 1830. La Sinfonietta lo interpreta a menudo en sus giras, y su particularidad es el arreglo del mismo para orquesta de cámara, que le confiere un peculiar sonido, quizá más próximo a la estética musical de la época en la que el genial polaco lo compuso.
En efecto, el concierto persigue el lucimiento del piano y el virtuosismo del pianista por encima de todo, adoptando la orquesta desde el principio una posición de desigualdad, aunque sin perder por ello importancia musical, pues su factura es la de una impecable obra de corte clásico que ya anuncia la inmediata etapa romántica de Chopin. El reto en la interpretación de esta obra para la Sinfonietta de Moscú está en la mesura y delicadeza del acoplamiento del piano con los violines, violas, violonchelo y contrabajo, para que, sin renunciar a ser el gran protagonista, consiga una verdadera sensación de equilibrio musical en todo momento. José Luis Nieto, nuestro virtuoso paisano de El Gastor, supo moderar con pleno dominio el piano, pese a que el instrumento que tenía el miércoles entre las manos, quizá no fuera el mejor del mercado, con unos graves que no me convencieron en absoluto. Si bien el Allegro y el Finale sonaron correctamente, sin duda fue en el segundo movimiento, Romanza, donde José Luis Nieto y la Sinfonietta estuvieron sencillamente exquisitos. Muy bien.
La noche continuó con la actuación de otros dos virtuosos de la Sinfonietta: Vladyslav Narodytski y Liuba Abaturina, violín I y II respectivamente del Concierto para dos violines BW 1043 de Bach, que tras una interpretación brillante del Vivace, dieron en el Largo ma non tanto una verdadera demostración de cómo han de exponerse los temas a dúo, rayando la perfección, y acabando el Allegro final con brío, mandando sobre la orquesta.
Para cerrar la noche, una obra nada frecuente, pero no por ello menos brillante y espectacular: Una sonata de Paganini en transcripción para viola y orquesta. Estuvo Andrei Usov tan virtuoso con la viola como el resto de sus compañeros, y además le dio la nota de espectacularidad a la programación de la Sinfonietta, por lo complejo y vistoso de algunos pasajes. Todo un privilegio el haber podido escuchar esta sonata en versión para viola. Excelente.
Un hermoso concierto el ofrecido por la Sinfonietta de Moscú. Breve y sin propinas, pero de exquisita factura.
A las nueve de la noche del pasado miércoles 17 comenzó el primero de los dos conciertos conmemorativos del 198 aniversario de la constitución de 1812, organizado por la Delegación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Cádiz, con el patrocinio de Diputación, Junta de Andalucía y la colaboración de la embajada de España en Moscú.
El programa escogido para la ocasión por José Luis Nieto, director artístico, piano solista y alma de esta orquesta de cámara rusa, fue breve, aunque variado y especialmente adaptado para destacar el virtuosismo de sus componentes. No hubo solución de continuidad, y las tres obras elegidas fueron ejecutadas una detrás de otra, creando entre el público una leve sensación de apresuramiento, quizás también acentuada por el buen sabor de boca dejado por la exquisita interpretación de la Sinfonietta, que hubiera merecido ofrecer alguna propina al respetable. Pero cuando no se puede, no se puede, y disculpados quedan.
Dicho esto, la primera obra de la noche fue el conocido Concierto para piano y orquesta nº 1 Op.11 de Chopin, compuesto en 1830. La Sinfonietta lo interpreta a menudo en sus giras, y su particularidad es el arreglo del mismo para orquesta de cámara, que le confiere un peculiar sonido, quizá más próximo a la estética musical de la época en la que el genial polaco lo compuso.
En efecto, el concierto persigue el lucimiento del piano y el virtuosismo del pianista por encima de todo, adoptando la orquesta desde el principio una posición de desigualdad, aunque sin perder por ello importancia musical, pues su factura es la de una impecable obra de corte clásico que ya anuncia la inmediata etapa romántica de Chopin. El reto en la interpretación de esta obra para la Sinfonietta de Moscú está en la mesura y delicadeza del acoplamiento del piano con los violines, violas, violonchelo y contrabajo, para que, sin renunciar a ser el gran protagonista, consiga una verdadera sensación de equilibrio musical en todo momento. José Luis Nieto, nuestro virtuoso paisano de El Gastor, supo moderar con pleno dominio el piano, pese a que el instrumento que tenía el miércoles entre las manos, quizá no fuera el mejor del mercado, con unos graves que no me convencieron en absoluto. Si bien el Allegro y el Finale sonaron correctamente, sin duda fue en el segundo movimiento, Romanza, donde José Luis Nieto y la Sinfonietta estuvieron sencillamente exquisitos. Muy bien.
La noche continuó con la actuación de otros dos virtuosos de la Sinfonietta: Vladyslav Narodytski y Liuba Abaturina, violín I y II respectivamente del Concierto para dos violines BW 1043 de Bach, que tras una interpretación brillante del Vivace, dieron en el Largo ma non tanto una verdadera demostración de cómo han de exponerse los temas a dúo, rayando la perfección, y acabando el Allegro final con brío, mandando sobre la orquesta.
Para cerrar la noche, una obra nada frecuente, pero no por ello menos brillante y espectacular: Una sonata de Paganini en transcripción para viola y orquesta. Estuvo Andrei Usov tan virtuoso con la viola como el resto de sus compañeros, y además le dio la nota de espectacularidad a la programación de la Sinfonietta, por lo complejo y vistoso de algunos pasajes. Todo un privilegio el haber podido escuchar esta sonata en versión para viola. Excelente.
Un hermoso concierto el ofrecido por la Sinfonietta de Moscú. Breve y sin propinas, pero de exquisita factura.
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