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- "Podemos decir que he trabajado con la misma intensidad que Shakespeare"
"Podemos decir que he trabajado con la misma intensidad que Shakespeare"
Alberto Campo Baeza
"Podemos decir que he trabajado con la misma intensidad que Shakespeare"
El autor de 'Entre catedrales' inauguró ayer el ciclo 'Europa' en el Colegio de Arquitectos de Cádiz. "Quienes trabajamos en esto tratamos sobre todo de hacer felices a los demás, más allá del ego", afirma
Pilar Vera / Cádiz | Actualizado 29.01.2010 - 13:26Adaequatio rei et intellectus. La verdad es la adecuación del intelecto a la cosa. Dos minutos después de presentarse, Alberto Campo Baeza (Valladolid, 1946) cita a Aristóteles. En latín. Y no resulta presuntuoso. No tiene televisión, ni ganas. Tampoco ve necesario el coche. Sufre accesos de extraño romanticismo -por ejemplo, tratar de comprarle rosas a la Venus de Velázquez-. Y hace construcciones a partir de luz y aire. El arquitecto -que vio inaugurar hace pocos meses Entre catedrales, su último trabajo en la ciudad- visitó ayer la sede del COA para hablar sobre sus proyectos en el continente europeo. Y de muchas otras cosas pues tiene -dice- el chip de profesor, "la obligación de mantener atentos a los alumnos durante tres horas".
-Situar trabajos españoles en Europa, ¿es poner una pica en Flandes?
-Hoy en día, la arquitectura española goza de un prestigio sólido a nivel mundial. Un ejemplo de esto lo tenemos en el último título de Phaidon, que recoge 100 nombres de la arquitectura a nivel mundial, diez de ellos son españoles. En este sentido, el ciclo que ha programado el Colegio de Arquitectos de Cádiz -quizá el más prestigioso dentro de nuestros Colegios a nivel cultural- se hace eco, de algún modo, de esa presencia que los españoles están teniendo en el extranjero. Es lo lógico. La cultura es universal. Y Cádiz siempre ha sido muy universal. En el XVII, todos los artistas genoveses venían aquí, dejando cosas con el Ángel de Maragliano en San Juan de Dios. El encargo de las Siete Palabras a Haydn tampoco fue una casualidad... Una cualidad que se multiplica si tenemos en cuenta que no estamos en el siglo XXI, sino en el Tercer Milenio, que uno escribe 'te quiero' en una pantallita y llega de inmediato, flotando, a Alaska.
-Entre sus proyectos en Europa, se encuentran trabajos como el Museo Mercedes Benz en Sttugart o la Guardería Benetton en Venecia, ¿ha sido muy difícil realizar la selección?
-Pues la verdad es que no, porque tampoco tenía mucho que seleccionar. El otro día, estaba cenando con un compañero de mi edad y me dijo que había podido hacer un total de 2.000 trabajos. Yo volví a casa totalmente deprimido y comprobé que la cifra total de mis trabajos era, justo, 36. Pero al día siguiente me reconcilié conmigo mismo porque leí que Shakespeare había dejado sólo 36 títulos reconocidos. Y es tenido por un autor muy prolijo. Es cierto que tengo mucha menos obra que si hubiera sido un arquitecto más comercial, pero podemos decir que... he trabajado con la misma intensidad que William Shakespeare.
-Por qué no...
-(Risas) Más allá del ego, es cierto que quienes trabajamos en esto, y lo hacemos con conciencia, lo que intentamos es hacer felices a los demás. Claro que intentas traducir conceptos, libertad, continuidad, luz... pero no por insertar una teoría. Por ejemplo, cuando yo le digo a mis alumnos una abstracción tal que la gravedad construye el espacio, enseguida pongo el ejemplo de Halle Berry. ¿Por qué Halle Berry está bien hecha? Pues, ante todo, porque tiene un buen esqueleto: la gravedad construye el espacio. Tiene la arquitectura, además, mucho que ver con los instrumentos musicales. Cuando un instrumento está bien afinado es cuando deja pasar el aire correctamente: lo mismo ocurre con los edificios.
-La arquitectura busca la belleza, dice. Y nace de la razón. Mucho Platón, poco Dioniso.
-Es que, al contrario de lo que mucha gente cree, la creación artística tiene poco que ver con el rapto y mucho con la precisión, con la constancia, con la proporción. Y esto se da en todas las creaciones artísticas, aunque quizá en la arquitectura sea donde más se note, porque en ella confluyen un mayor número de factores. Por este mismo razonamiento defiendo que, para ser un genio, lo que hace falta es tiempo y dedicación.
-Pero todo eso que cuenta de los grandes conceptos en arquitectura choca muchas veces con la realidad... la arquitectura y el periodismo tienen en común dos cosas: el parecer más interesantes de lo que son y el carecer de 'clase media'. En ambos casos encontramos una elite de profesionales que hacen temas interesantes, tienen prestigio y lo ganan bien. Y abajo, en la base, una gran mayoría se dedica a mal pagadas labores rutinarias y de edición. Hay un abismo entre esas dos esferas.
-Yo citaría la utilitas, firmitas y venustas de Vitruvio. La utilidad, la firmeza, la belleza. Seguir estos preceptos es una buena guía. Y yo creo que con honradez y profesionalidad se puede ganar decentemente. El gremio de arquitectos está sufriendo especialmente la actual crisis pero gran parte de ese ahogo se debe a la proliferación insensata de Escuelas de Arquitectura privadas en los últimos años. Es una auténtica locura. En uno de mis últimos artículos, La ciudad manchada, propongo -con ciertos matices, claro- cosas como socializar el suelo, cerrar las fábricas de coches y vivir sobriamente. Lo que no se puede es lo que se ha hecho, convertir un bien de primera necesidad en base de la corrupción.
-Arquitectura y vanguardia parecen formar, más que otras artes, un binomio inevitable. En este afán por ir un paso por delante, ¿cómo se consigue no derrapar?
-La vanguardia es una palabra prestigiada pero no prestigiosa. No implica perder la razón. Para saltar ponemos los pies en el aire pero volvemos a caer con ambos al suelo. Es cierto que hemos de ir un poco más adelante con el pensamiento para entender a fondo el tiempo que vivimos. Sin embargo... algo como prescindir del móvil, la tele o el coche, ¿es vanguardista o retrógrado? Tal vez lo que sería es sensato. La clave en todo es la comunicación. No caer en el vacío.
-¿Cree que 'Entre catedrales' es un proyecto entendido?
-Mira, la manera más bonita de demostrar que ha sido un proyecto entendido es lo que salió publicado de esa tal Rosi, que daba de mamar a su niño sentada en uno de los bancos, o que la gente venga a hacerse aquí las fotos de boda. Esa es la manera de entender un espacio. La principal virtud, sin embargo, viene ya dada: es el entorno, el propio escenario.
(La sesión de fotos tiene lugar en la plataforma. Campo Baeza se alegra de ver a unas niñas patinando y le pregunta su opinión sobre el mirador a una pareja. "Y, ¿de verdad os gusta?, ¿no creéis que es un poco raro?").
-Situar trabajos españoles en Europa, ¿es poner una pica en Flandes?
-Hoy en día, la arquitectura española goza de un prestigio sólido a nivel mundial. Un ejemplo de esto lo tenemos en el último título de Phaidon, que recoge 100 nombres de la arquitectura a nivel mundial, diez de ellos son españoles. En este sentido, el ciclo que ha programado el Colegio de Arquitectos de Cádiz -quizá el más prestigioso dentro de nuestros Colegios a nivel cultural- se hace eco, de algún modo, de esa presencia que los españoles están teniendo en el extranjero. Es lo lógico. La cultura es universal. Y Cádiz siempre ha sido muy universal. En el XVII, todos los artistas genoveses venían aquí, dejando cosas con el Ángel de Maragliano en San Juan de Dios. El encargo de las Siete Palabras a Haydn tampoco fue una casualidad... Una cualidad que se multiplica si tenemos en cuenta que no estamos en el siglo XXI, sino en el Tercer Milenio, que uno escribe 'te quiero' en una pantallita y llega de inmediato, flotando, a Alaska.
-Entre sus proyectos en Europa, se encuentran trabajos como el Museo Mercedes Benz en Sttugart o la Guardería Benetton en Venecia, ¿ha sido muy difícil realizar la selección?
-Pues la verdad es que no, porque tampoco tenía mucho que seleccionar. El otro día, estaba cenando con un compañero de mi edad y me dijo que había podido hacer un total de 2.000 trabajos. Yo volví a casa totalmente deprimido y comprobé que la cifra total de mis trabajos era, justo, 36. Pero al día siguiente me reconcilié conmigo mismo porque leí que Shakespeare había dejado sólo 36 títulos reconocidos. Y es tenido por un autor muy prolijo. Es cierto que tengo mucha menos obra que si hubiera sido un arquitecto más comercial, pero podemos decir que... he trabajado con la misma intensidad que William Shakespeare.
-Por qué no...
-(Risas) Más allá del ego, es cierto que quienes trabajamos en esto, y lo hacemos con conciencia, lo que intentamos es hacer felices a los demás. Claro que intentas traducir conceptos, libertad, continuidad, luz... pero no por insertar una teoría. Por ejemplo, cuando yo le digo a mis alumnos una abstracción tal que la gravedad construye el espacio, enseguida pongo el ejemplo de Halle Berry. ¿Por qué Halle Berry está bien hecha? Pues, ante todo, porque tiene un buen esqueleto: la gravedad construye el espacio. Tiene la arquitectura, además, mucho que ver con los instrumentos musicales. Cuando un instrumento está bien afinado es cuando deja pasar el aire correctamente: lo mismo ocurre con los edificios.
-La arquitectura busca la belleza, dice. Y nace de la razón. Mucho Platón, poco Dioniso.
-Es que, al contrario de lo que mucha gente cree, la creación artística tiene poco que ver con el rapto y mucho con la precisión, con la constancia, con la proporción. Y esto se da en todas las creaciones artísticas, aunque quizá en la arquitectura sea donde más se note, porque en ella confluyen un mayor número de factores. Por este mismo razonamiento defiendo que, para ser un genio, lo que hace falta es tiempo y dedicación.
-Pero todo eso que cuenta de los grandes conceptos en arquitectura choca muchas veces con la realidad... la arquitectura y el periodismo tienen en común dos cosas: el parecer más interesantes de lo que son y el carecer de 'clase media'. En ambos casos encontramos una elite de profesionales que hacen temas interesantes, tienen prestigio y lo ganan bien. Y abajo, en la base, una gran mayoría se dedica a mal pagadas labores rutinarias y de edición. Hay un abismo entre esas dos esferas.
-Yo citaría la utilitas, firmitas y venustas de Vitruvio. La utilidad, la firmeza, la belleza. Seguir estos preceptos es una buena guía. Y yo creo que con honradez y profesionalidad se puede ganar decentemente. El gremio de arquitectos está sufriendo especialmente la actual crisis pero gran parte de ese ahogo se debe a la proliferación insensata de Escuelas de Arquitectura privadas en los últimos años. Es una auténtica locura. En uno de mis últimos artículos, La ciudad manchada, propongo -con ciertos matices, claro- cosas como socializar el suelo, cerrar las fábricas de coches y vivir sobriamente. Lo que no se puede es lo que se ha hecho, convertir un bien de primera necesidad en base de la corrupción.
-Arquitectura y vanguardia parecen formar, más que otras artes, un binomio inevitable. En este afán por ir un paso por delante, ¿cómo se consigue no derrapar?
-La vanguardia es una palabra prestigiada pero no prestigiosa. No implica perder la razón. Para saltar ponemos los pies en el aire pero volvemos a caer con ambos al suelo. Es cierto que hemos de ir un poco más adelante con el pensamiento para entender a fondo el tiempo que vivimos. Sin embargo... algo como prescindir del móvil, la tele o el coche, ¿es vanguardista o retrógrado? Tal vez lo que sería es sensato. La clave en todo es la comunicación. No caer en el vacío.
-¿Cree que 'Entre catedrales' es un proyecto entendido?
-Mira, la manera más bonita de demostrar que ha sido un proyecto entendido es lo que salió publicado de esa tal Rosi, que daba de mamar a su niño sentada en uno de los bancos, o que la gente venga a hacerse aquí las fotos de boda. Esa es la manera de entender un espacio. La principal virtud, sin embargo, viene ya dada: es el entorno, el propio escenario.
(La sesión de fotos tiene lugar en la plataforma. Campo Baeza se alegra de ver a unas niñas patinando y le pregunta su opinión sobre el mirador a una pareja. "Y, ¿de verdad os gusta?, ¿no creéis que es un poco raro?").










