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Marianne Brull: "La libertad es algo que se gana día a día, no es un regalo"
Marianne Brull: "La libertad es algo que se gana día a día, no es un regalo"
La editora visitó la sede de la APC durante la proyección de la película documental 'Ruedo Ibérico. Radicalmente Libre'
Pilar Vera/ Cádiz | Actualizado 31.03.2009 - 05:00A diferencia de otras plataformas de espíritu similar, el grueso de lectores de Ruedo Ibérico no lo integraban los españoles en el exilio: las publicaciones del sello se leían, principalmente, dentro del país. ¿Los enlaces? Marianne Brull resopla y mueve las manos: "Turistas, los maquinistas de los trenes que paraban al cambiar el ancho de vía..." En la aduana también había acuerdos, "previo pago, claro". Brull, coordinadora de la editorial durante toda su existencia -de 1961 a 1982- visitó ayer la sede de la APC, donde se proyectó el documental Radicalmente libre, que narra esta aventura común. A lo largo de su existencia, Ruedo Ibérico fue publicando a autores como Ian Gibson, Hugh Thomas, Stanley Payne o Juan Goytisolo. A partir de 1976, estos títulos fueron apareciendo en España: "El último de ellos en obtener autorización, curiosamente, fue El laberinto español, de Gerald Brenan -comenta Marianne Brull-. Algo realmente extraño, porque no era un título tan polémico. Había tres distribuidores interesados, y a los tres se les denegó... ¡y estamos hablando del año 78! Supongo que era un problema de censura particular..."
Otro caso curioso fue el de La prodigiosa aventura del Opus Dei, de Jesús Ynfante, cuyos derechos de traducción fueron adquiridos por una casa alemana y por otra francesa: "La primera lo compró para no publicarlo. En Francia, sin embargo, una pelea entre los traductores provocó que se desentendieran del proyecto... De alguna forma, se decidió que quizá no le interesaría a nadie".
Con la llegada de la Transición, la existencia de Ruedo Ibérico pareció perder sentido: "La gente no se dio cuenta de que nuestro objetivo era servir de contrainformación -explica-. Esta era nuestra principal razón de ser: publicar aquello que no publicaba nadie. Además, las grandes editoriales comenzaron a sacar a autores de izquierdas y creó una gran saturación".
En sus últimos tiempos, Ruedo Ibérico profundizó en cuestiones como la ecología, que aún pillaban muy lejos a la sociedad española. Aunque, opina Marianne Brull, sería uno de los temas que se tratarían ahora si se siguieran publicando los Cuadernos: "Igual que todo aquello que pudiera incluirse dentro de la crítica social", apunta. La revista, con sus suplementos, ha sido volcada a CD-Rom por Faximil, "y se irá colgando en la web, poco a poco".
¿Los españoles siguen siendo críticos? "¿Críticos en qué sentido?", responde la editora.
"No lo recordarás -cuenta- pero en los setenta, en este país, había auténtica pobreza. El desarrollo llegó de repente, y no dio tiempo a formar un sentido crítico, en el sentido francés de la palabra, de comparar, de analizar, no en el del 'criticón' -acota-. Ya bastante tenía esta sociedad con estar saliendo del franquismo puro y duro... Para criticar hay que tener una sólida formación, hay que tener base intelectual y haber ejercido, tener la costumbre de cuestionar. Y aquí nada de eso: todo se aprendía de memoria y ya ves tú lo de cuestionar..."
"De repente, te traen algo para lo que no estás preparado, de golpe y porrazo... y la gente puede llegar a confundir muchas cosas. La libertad es algo que se gana día a día, no es un regalo".
Otro caso curioso fue el de La prodigiosa aventura del Opus Dei, de Jesús Ynfante, cuyos derechos de traducción fueron adquiridos por una casa alemana y por otra francesa: "La primera lo compró para no publicarlo. En Francia, sin embargo, una pelea entre los traductores provocó que se desentendieran del proyecto... De alguna forma, se decidió que quizá no le interesaría a nadie".
Con la llegada de la Transición, la existencia de Ruedo Ibérico pareció perder sentido: "La gente no se dio cuenta de que nuestro objetivo era servir de contrainformación -explica-. Esta era nuestra principal razón de ser: publicar aquello que no publicaba nadie. Además, las grandes editoriales comenzaron a sacar a autores de izquierdas y creó una gran saturación".
En sus últimos tiempos, Ruedo Ibérico profundizó en cuestiones como la ecología, que aún pillaban muy lejos a la sociedad española. Aunque, opina Marianne Brull, sería uno de los temas que se tratarían ahora si se siguieran publicando los Cuadernos: "Igual que todo aquello que pudiera incluirse dentro de la crítica social", apunta. La revista, con sus suplementos, ha sido volcada a CD-Rom por Faximil, "y se irá colgando en la web, poco a poco".
¿Los españoles siguen siendo críticos? "¿Críticos en qué sentido?", responde la editora.
"No lo recordarás -cuenta- pero en los setenta, en este país, había auténtica pobreza. El desarrollo llegó de repente, y no dio tiempo a formar un sentido crítico, en el sentido francés de la palabra, de comparar, de analizar, no en el del 'criticón' -acota-. Ya bastante tenía esta sociedad con estar saliendo del franquismo puro y duro... Para criticar hay que tener una sólida formación, hay que tener base intelectual y haber ejercido, tener la costumbre de cuestionar. Y aquí nada de eso: todo se aprendía de memoria y ya ves tú lo de cuestionar..."
"De repente, te traen algo para lo que no estás preparado, de golpe y porrazo... y la gente puede llegar a confundir muchas cosas. La libertad es algo que se gana día a día, no es un regalo".
CINE











Gracias, Marianne, por vivir con las botas puestas. Las botas, no del dinero, los beneficios y las comodidades, sino de los ideales, la memoria fresca y la ilusión de aportar tu enorme grano de arena a los cambios necesarios.
Nada mas cierto que lo dicho, tiene usted toda la razón señora Marianne. Esta sociedad está a punto de recibir otro envío filosófico que no hará otra cosa que confundir a la ignorancia, el paquete lo han bautizado como IVE. Con todo respeto le refutaré que la libertad no se gana, es algo sin límites. Un saludo, y que tenga suerte. Tiene usted mi voto.