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El turismo atraviesa la peor temporada baja desde 2004
El turismo atraviesa la peor temporada baja desde 2004
J.G., Cádiz | Actualizado 31.10.2009 - 19:20
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El turismo gaditano tiene cada año más dificultades para encontrarse el pulso en invierno. Los empresarios y las administraciones han advertido, impotentes, este trastorno progresivo, y las estadísticas del último trimestre de 2008 lo corroboran con toda crudeza: los hoteles han registrado un 15% de clientes menos y han vendido un 11% menos de estancias que el año anterior, y atraviesan la peor temporada baja desde 2004 a la espera de unos meses de enero, febrero y marzo que no conocen una sola previsión optimista.
Los resultados del otoño, que han empeorado el balance de 2008, no son una consecuencia puntual de la crisis económica. Forman parte de una tendencia negativa que va más allá de este ejercicio, aunque ahora se haya visto notablemente agravada. Frente al incremento de plazas de alojamiento, la llegada de viajeros y las pernoctaciones no remontan de forma significativa en los meses de octubre, noviembre y diciembre, y, en consecuencia, el negocio hotelero va a menos en esta primera fase de la temporada baja.
Sin tregua
La ocupación media del último trimestre es uno de los indicadores de esta decadencia: 35,5% en 2005, 34,8% en 2006, 33,5% en 2007, y un nefasto 30,7% este año.
Esta evolución cuestiona las políticas de todas las administraciones públicas, que durante años han manejado con mucha soltura pero escasa eficacia discursos y proyectos para aliviar la estacionalidad del sector.
Además, evidencia una gran debilidad del turismo de la Costa de la Luz, que no ha conseguido aprovechar dos decenios de crecimiento imparable y grandes beneficios económicos para posicionarse como destino fuera del veraneo. Ahora el margen de maniobra para revertir la situación es estrecho.
El nuevo ciclo económico negativo amenaza hasta los incuestionables éxitos del verano, y los hoteles de la costa siguen resignándose a una hibernación masiva en temporada baja.
Pasear hoy por los complejos turísticos Novo Sancti Petri, Costa Ballena o Atlanterra es adentrarse en gigantes poblados fantasma de calles desiertas, centenares de negocios cerrados a cal y canto, y unos pocos abiertos pero vacíos.
Más de veinte grandes hoteles entre Sanlúcar y Tarifa, que agrupan más de 10.000 de las 40.000 camas de la provincia, echaron el cerrojazo en noviembre y no abrirán hasta febrero o marzo, dejando en el paro a miles de trabajadores del ciclo fijo discontinuo.
A este grupo de hoteles se han incorporado este año los negocios de la cadena Barceló en Chiclana y Rota, dos casos paradigmáticos, puesto que se trata de proyectos de reciente apertura que se presentaron con la intención de mantenerse abiertos durante el invierno pero que este año se han visto obligados a cerrar dos meses ante el fracaso de las primeras experiencias.
Los pocos empresarios que siguen apostando por un negocio de años completos admiten que cada vez están sufriendo más para llegar a ocupaciones que bordean la rentabilidad, y son pocos los que descartan de pleno la posibilidad de tener que cerrar en próximas temporadas.
El panorama es sombrío para una provincia que aspira a sostener sus cuentas sobre una industria turística sólida, no sólo durante siete meses.
Los resultados del otoño, que han empeorado el balance de 2008, no son una consecuencia puntual de la crisis económica. Forman parte de una tendencia negativa que va más allá de este ejercicio, aunque ahora se haya visto notablemente agravada. Frente al incremento de plazas de alojamiento, la llegada de viajeros y las pernoctaciones no remontan de forma significativa en los meses de octubre, noviembre y diciembre, y, en consecuencia, el negocio hotelero va a menos en esta primera fase de la temporada baja.
Sin tregua
La ocupación media del último trimestre es uno de los indicadores de esta decadencia: 35,5% en 2005, 34,8% en 2006, 33,5% en 2007, y un nefasto 30,7% este año.
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Además, evidencia una gran debilidad del turismo de la Costa de la Luz, que no ha conseguido aprovechar dos decenios de crecimiento imparable y grandes beneficios económicos para posicionarse como destino fuera del veraneo. Ahora el margen de maniobra para revertir la situación es estrecho.
El nuevo ciclo económico negativo amenaza hasta los incuestionables éxitos del verano, y los hoteles de la costa siguen resignándose a una hibernación masiva en temporada baja.
Pasear hoy por los complejos turísticos Novo Sancti Petri, Costa Ballena o Atlanterra es adentrarse en gigantes poblados fantasma de calles desiertas, centenares de negocios cerrados a cal y canto, y unos pocos abiertos pero vacíos.
Más de veinte grandes hoteles entre Sanlúcar y Tarifa, que agrupan más de 10.000 de las 40.000 camas de la provincia, echaron el cerrojazo en noviembre y no abrirán hasta febrero o marzo, dejando en el paro a miles de trabajadores del ciclo fijo discontinuo.
A este grupo de hoteles se han incorporado este año los negocios de la cadena Barceló en Chiclana y Rota, dos casos paradigmáticos, puesto que se trata de proyectos de reciente apertura que se presentaron con la intención de mantenerse abiertos durante el invierno pero que este año se han visto obligados a cerrar dos meses ante el fracaso de las primeras experiencias.
Los pocos empresarios que siguen apostando por un negocio de años completos admiten que cada vez están sufriendo más para llegar a ocupaciones que bordean la rentabilidad, y son pocos los que descartan de pleno la posibilidad de tener que cerrar en próximas temporadas.
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