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Los verdaderos problemas del Doce
rumbo al 2012 Retrasos en la gestión del Bicentenario
Los verdaderos problemas del Doce
La polémica sobre las banderolas no debe ocultar el retraso que está acumulando todo el desarrollo del Bicentenario ya que aún no se han definido las obras a realizar en la ciudad
José Antonio Hidalgo / Cádiz | Actualizado 11.04.2008 - 10:11Estamos a punto de atravesar el ecuador del mes de abril y nada se sabe de la tan anunciada y fundamental reunión del Consorcio del 2012 en la que se debe de definir todas las actuaciones previstas para este evento, fijando prioridades, presupuestos y calendarios de ejecución. La oficina del Consorcio, que dirige María Luisa García Juárez, tiene la tarea lista desde finales del pasado año, pero la campaña electoral del 9 de marzo ha trastocado todos los planes.
Y en esa estamos. Nos hemos comido casi medio año de 2008 y el desarrollo del Doce comienza a verse con cierta preocupación desde la propia administración, sobre todo en proyectos esenciales para el evento como son la recuperación del Oratorio y del castillo de San Sebastián. Seguimos, también, sin una política de acción común de las administraciones implicadas. El Ayuntamiento de Cádiz, que lleva una clara delantera pues descubrió el Doce hace ya unos años, sigue recabando apoyos para dar sentido a la capital cultural iberoamericana y avanza, demasiado lentamente en muchos casos, en obras de equipamientos; la labor de la Junta está directamente relacionada con el desarrollo del Consorcio aunque hay actuaciones, como la ampliación del Museo de Cádiz, cuya ralentización también comienza a preocupar; y la Diputación, que como ocurrió con la regata del 92 parece ir por su cuenta y riesgo.
La esencial reunión del Consorcio está pendiente de que se aclaren los nuevos gobiernos de Zapatero y Chaves y se sepan quiénes van a estar encargados del Bicentenario. Si son los mismos, no habrá problemas. Pero si cambian, la gerencia tendrá que invertir un tiempo del que ya no dispone en trasladar la importancia del acontecimiento y la necesidad de realizar fuertes inversiones.
El calendario que maneja el Consorcio incluye obras en el Oratorio este mismo año y la clarificación del futuro del castillo antes del fin de 2009. Las dudas sobre este equipamiento, descubierto sorpresivamente por el Consorcio y la Junta tras años de petición de ayuda para su rehabilitación por parte municipal, son cada vez mayores y no es una temeridad pensar ya que la actuación en este conjunto se limitará al final a un mero parcheo. Es, además, una obra muy costosa (entre 60 y 100 millones de euros, según estimaciones del Ayuntamiento) que hay que ejecutar en tiempos de recesión económica.
García Juárez intentó convocar la reunión del Consejo a primeros de año y no pudo por cuestiones de agenda, después la planteó para antes de las elecciones pero algunas de las administraciones implicadas consideraron que no era lo adecuado. Ahora, una vez sepa cuáles van a ser sus interlocutores en Sevilla y Madrid se fijará la que se pretende como fecha definitiva, que será entre finales de abril o a principios de mayo. Estaremos a siete meses del final de año un tiempo muy justo sobre todo si tenemos en cuenta que el 2012 funciona a ritmo de la administración pública: esto es, muy lento, cuando lo eficaz hubiera sido poner en marcha un ente con mayor independencia de los trámites administrativos, como ocurrió con la Expo de Sevilla o, ahora, con la Expo de Zaragoza. Otro ejemplo de eficacia y rapidez en las gestiones es la Zona Franca, que en el caso de Cádiz se encarga de la gestión del proyecto del nuevo hospital.
Todo ello (junto a la plaza de Sevilla que no acaba de arrancar, los nuevos equipamientos culturales que siguen sobre el papel y otras cuestiones no menos importantes) debería de ser lo que de verdad preocupase al conjunto de los ciudadanos. Nada más lejos. Son las banderolas instaladas por el Ayuntamiento por las calles del centro las únicas que han provocado inquietud en algunos colectivos ciudadanos.
Fuentes del Ayuntamiento, que hasta ahora se ha había mantenido en silencio ante estas críticas, justificaron ayer a este diario la instalación de estas banderolas "como una forma de acercar a la ciudadanía lo que va a suponer el 2012, en infraestructuras, en cultura, en relaciones exteriores. Todo ello como un esfuerzo común porque en ningún caso se dice que sólo lo hará el Ayuntamiento".
Se reconoce que hubiera sido necesario contactar con los residentes de las fincas sobre las que se han puesto estos reclamos y, sobre todo, haber eliminado del listado a los edificios protegidos, como la Casa Moreno de Mora y la iglesia de Santiago (de las que se quitaron las banderolas tras la denuncia efectuada por este diario).
Fuera de estos fallos en la gestión de este proyecto (especialmente grave en el caso de los edificios históricos dañados), se agradece el colorido que en las grises calles del centro comercial ofrecen unas banderas que, por el momento, son el único reclamo que a los turistas ofrece la ciudad de cara al 2012, de lo que será este evento. Lo malo es que de nuevo una mala gestión municipal acaba por ocultar lo que era una buena promoción.
El Ayuntamiento está dispuesto a mantener esta iniciativa solventando los errores e instalando las banderolas en determinadas épocas del año, cuando más visitantes recibe.
Y en esa estamos. Nos hemos comido casi medio año de 2008 y el desarrollo del Doce comienza a verse con cierta preocupación desde la propia administración, sobre todo en proyectos esenciales para el evento como son la recuperación del Oratorio y del castillo de San Sebastián. Seguimos, también, sin una política de acción común de las administraciones implicadas. El Ayuntamiento de Cádiz, que lleva una clara delantera pues descubrió el Doce hace ya unos años, sigue recabando apoyos para dar sentido a la capital cultural iberoamericana y avanza, demasiado lentamente en muchos casos, en obras de equipamientos; la labor de la Junta está directamente relacionada con el desarrollo del Consorcio aunque hay actuaciones, como la ampliación del Museo de Cádiz, cuya ralentización también comienza a preocupar; y la Diputación, que como ocurrió con la regata del 92 parece ir por su cuenta y riesgo.
La esencial reunión del Consorcio está pendiente de que se aclaren los nuevos gobiernos de Zapatero y Chaves y se sepan quiénes van a estar encargados del Bicentenario. Si son los mismos, no habrá problemas. Pero si cambian, la gerencia tendrá que invertir un tiempo del que ya no dispone en trasladar la importancia del acontecimiento y la necesidad de realizar fuertes inversiones.
El calendario que maneja el Consorcio incluye obras en el Oratorio este mismo año y la clarificación del futuro del castillo antes del fin de 2009. Las dudas sobre este equipamiento, descubierto sorpresivamente por el Consorcio y la Junta tras años de petición de ayuda para su rehabilitación por parte municipal, son cada vez mayores y no es una temeridad pensar ya que la actuación en este conjunto se limitará al final a un mero parcheo. Es, además, una obra muy costosa (entre 60 y 100 millones de euros, según estimaciones del Ayuntamiento) que hay que ejecutar en tiempos de recesión económica.
García Juárez intentó convocar la reunión del Consejo a primeros de año y no pudo por cuestiones de agenda, después la planteó para antes de las elecciones pero algunas de las administraciones implicadas consideraron que no era lo adecuado. Ahora, una vez sepa cuáles van a ser sus interlocutores en Sevilla y Madrid se fijará la que se pretende como fecha definitiva, que será entre finales de abril o a principios de mayo. Estaremos a siete meses del final de año un tiempo muy justo sobre todo si tenemos en cuenta que el 2012 funciona a ritmo de la administración pública: esto es, muy lento, cuando lo eficaz hubiera sido poner en marcha un ente con mayor independencia de los trámites administrativos, como ocurrió con la Expo de Sevilla o, ahora, con la Expo de Zaragoza. Otro ejemplo de eficacia y rapidez en las gestiones es la Zona Franca, que en el caso de Cádiz se encarga de la gestión del proyecto del nuevo hospital.
Todo ello (junto a la plaza de Sevilla que no acaba de arrancar, los nuevos equipamientos culturales que siguen sobre el papel y otras cuestiones no menos importantes) debería de ser lo que de verdad preocupase al conjunto de los ciudadanos. Nada más lejos. Son las banderolas instaladas por el Ayuntamiento por las calles del centro las únicas que han provocado inquietud en algunos colectivos ciudadanos.
Fuentes del Ayuntamiento, que hasta ahora se ha había mantenido en silencio ante estas críticas, justificaron ayer a este diario la instalación de estas banderolas "como una forma de acercar a la ciudadanía lo que va a suponer el 2012, en infraestructuras, en cultura, en relaciones exteriores. Todo ello como un esfuerzo común porque en ningún caso se dice que sólo lo hará el Ayuntamiento".
Se reconoce que hubiera sido necesario contactar con los residentes de las fincas sobre las que se han puesto estos reclamos y, sobre todo, haber eliminado del listado a los edificios protegidos, como la Casa Moreno de Mora y la iglesia de Santiago (de las que se quitaron las banderolas tras la denuncia efectuada por este diario).
Fuera de estos fallos en la gestión de este proyecto (especialmente grave en el caso de los edificios históricos dañados), se agradece el colorido que en las grises calles del centro comercial ofrecen unas banderas que, por el momento, son el único reclamo que a los turistas ofrece la ciudad de cara al 2012, de lo que será este evento. Lo malo es que de nuevo una mala gestión municipal acaba por ocultar lo que era una buena promoción.
El Ayuntamiento está dispuesto a mantener esta iniciativa solventando los errores e instalando las banderolas en determinadas épocas del año, cuando más visitantes recibe.
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