Un viaje de placer a Cádiz desde la biblioteca de José Pedro Pérez-Llorca

El discurso de ingreso del jurista y diplomático gaditano en la Real Academia Hispano Americana desempolva los textos que regalaron los viajeros al "ombligo de los mares"

Pedro Ingelmo / Cádiz | Actualizado 15.06.2010 - 10:00
zoom

José Pedro Pérez-Llorca, en un momento de su discurso de ingreso en la Real Academia Hispano Americana.

Artículos relacionados
Share
La Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras celebró ayer noche el cierre de su "curso del centenario" con el delicioso viaje de uno de los más prestigiosos juristas, diplomáticos y políticos de nuestro país... por su habitación. Así definió José Pedro Pérez-Llorca (Cádiz, 1940) su discurso de ingreso como académico de la institución. Pero no era un viaje cualquiera. Pérez-Llorca desenterró del corazón de su gran biblioteca las palabras que los viajeros de todos los tiempos regalaron a Cádiz. La experiencia, que abarca en sus inicios a Hércules y Ulises y que llega hasta los viajeros británicos románticos, dejó un sabroso gusto de erudición y sentido del humor.

"Me parece ver surgir las aguas una ciudad encantada". Este piropo a Cádiz es de un catalán, Jacinto Verdaguer, uno de los escritores que devolvió a esta lengua todo su esplendor literario. Fue hermosa la reivindicación que hizo de este nombre insigne y olvidado al que, al igual que luego diría de Lord Byron con un tono de tristeza: "Yo no sé si alguien los lee todavía". Afortunadamente, él sí lo hace y, de ese modo, como ocurrió ayer en el Salón Regio del palacio provincial, los revive.

Pero en el principio fue Hércules, que fue por lo que enlazó con Verdaguer, que no dudaba de las hazañas de este titán de la mitología. Y luego fue Ulises. ¿Ulises? Indudablemente. Pérez-Llorca tiene el pálpito de que la ninfa Calipso, cuya habitación era la isla Ogigia, en algún lugar del Mediterráneo, era gaditana. Ya que se ha escrito, recordó el nuevo académico, que aquel lugar en el que vivía Calipso era el ombligo de los mares, "qué mejor que Cádiz". De una deducción sale la otra. Por tanto, "Ulises ha tenido que estar en Cádiz".

A continuación realizó un recorrido por los viajes religiosos e hizo mención al templo gaditano en el que se hallaba uno de los oráculos de Roma, un oráculo que se manifestaba en el sueño. Ese oráculo habría señalado a Julio César el camino de que "su destino sería regir Roma". Desgranó testimonios de viajeros romanos que señalaban a Cádiz como la más rica y bella de las ciudades del imperio, sólo por debajo de Roma y Padua. Y, a continuación, reveló un nuevo misterio. ¿De dónde podía ser el rey Melchor si no de Cádiz? "Si el incienso y la mirra son regalos que nos indican su procedencia asiática, el oro tenía que llegar de Tarsis. Si Melchor no era de Cádiz, fue viajero de Cádiz".

La decadencia de la ciudad a partir del siglo IV también fue recogida en su discurso. Dijo Spinola en 1490: "Las casas no son grandes porque no hay dinero y, si lo hubiera, el mar las derrumbaría". Tendrían ue ser de nuevo los viajeros los que vinieran al rescate. El segundo viaje de Colón, ya inspirado en Marco Polo, en el deseo de explorar lo desconocido, sale de Cádiz y, a partir de ese viaje, los escritos de los visitantes volverán a hablar de la riqueza, lo que atrae a otros viajeros indeseables, como los piratas que saquearon la ciudad con el Conde de Essex a la cabeza. No lo había logrado antes el célebre Drake, que se estrelló en Puntales.

De todo esto escribiría Cervantes, que sí conocía Cádiz, que, lamenta Pérez-Llorca, "tuvo la descortesía de no traer al Quijote a la ciudad y llevárselo a Barcelona". Aún así, fue capaz de extraer el único pasaje de El Quijote en el que se menciona Cádiz, cuando éste le cuenta a Sancho cómo los que embarcan a las Indias cruzan la frontera en la que todos los que van en el navío se les matan los piojos.

Y Lope de Vega, y Voltaire en su Candide, y Böhl de Faber... en todos ellos aparece un Cádiz idílico en el que habitualmente se hace referencia a sus mujeres. Así llega Byron a decir que "la gaditana no es en nada inferior a la inglesa" y pone en boca de su Don Juan un "no me hables del frío del Norte ni de las mujeres británicas". Ferussac no se queda atrás en sus elogios a Cádiz, "que es completamente distinta a las ciudades de España. Cádiz es a España lo que París a Francia".

No quiso olvidar a los libertadores, "que todos ellos pasaron por aquí, aunque algunos de ellos lo hicieran por la cárcel". Fue la directora de la Academia, María del Carmen Cozar, quien señaló la humildad de Pérez-Llorca. Tras tan bello alarde de conocimientos literarios, Pérez-Llorca lo constató al afirmar: "Vengo aquí a aprender. En esta ciudad mi abuelo me enseñó a leer. Ahora aprendo de mis hijos y mis nietos. Siempre busco aprender. Hasta en la política aprendí algo", afirmó, mostrando que su humildad siempre va pareja con su excelente sentido del humor.
0 comentarios
Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenido ofensivo o discriminatorio.

Nuevo comentario
Encuesta

¿Cree que se gestionan correctamente los recursos destinados al Hospital Puerta del Mar?

Encuesta Han contestado 48 personas

Bicentenario de 'la pepa'

Bicentenario de la Constitución de 1812