"El carné por puntos lo inventó el Columela"

Fue una de las propuestas que llegaron como novedad al Ministerio de Educación el pasado julio, pero en Cádiz ya se utilizaba en los sesenta

Estefanía Escoriza / Cádiz | Actualizado 15.09.2012 - 11:53
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El IES Columela cuenta con uno de los mejores archivos de la provincia, conservando textos antiquísimos que serían verdaderas joyas documentativas.

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Por comer chicle en clase, un punto; por empujar a un compañero en el recreo, tres puntos; por formar jaleo mientras llega el profesor, cinco puntos. No es ningún juego ni tampoco las nuevas reglas de 'Curso del 73'. Se trata de un carné por puntos para los alumnos, una de las propuestas elevadas al Ministerio de Educación el pasado mes de julio por padres, educadores, profesores y los propios estudiantes con la intención de mejorar la educación no universitaria. Es sólo una de las medidas que han llegado ante el equipo de Wert, aunque parece que él tiene sus propias pautas disciplinarias. A pesar de que se presente como algo novedoso, realmente no tiene tanto de originalidad. Al menos en Cádiz.

El Instituto Columela, a punto de cumplir 150 años, ya contó con un carné por puntos a finales de los sesenta y principios de los setenta. Así lo recuerda Francisco Vaca, exalumno y actual director del centro. "El carné tenía diez puntos. Había un formato pequeñín con cinco cupones arriba y cinco abajo con una foto del alumno, y una copia más grande que estaba en los ficheros de jefatura de estudios. Una vez que te quitaban puntos y era por algo grave, se publicaba en el tablón de anuncios a la entrada del instituto; ponían tu foto con los puntos quitados para que los demás vieran lo que podía pasar".

Jose Manuel Vera, que también estudió en el Columela y ahora imparte clases de Geografía e Historia, corrobora sus palabras. "No vayas a contar que nos quitaron puntos por escaparnos a ver a nuestras novias, Paco", comenta entre risas. Pepe, que es como conocen sus alumnos a Jose Manuel, hace hincapié en el cambio de conducta que han sufrido los jóvenes con respecto a los años en los que él estudió. "Es cuestión de la percepción que ellos tienen de lo que está bien o está mal, porque a veces te hablan como si estuvieran hablando con un compañero en lugar de hablar con un profesor, pero no son conscientes de estar haciendo nada mal". Francisco destaca, sin embargo, que el nivel de conflictividad ha disminuido bastante en los últimos años desde que empezó a aplicarse la LOGSE, "gracias a un aumento de colaboración por parte de los padres". "Y además, -continúa Pepe- el alumnado del Columela por norma general está formado por niños educados y nobles, independientemente de que sean más vagos, estudien más o suspendan... A lo mejor de cada cien te encuentras a uno o dos maleducados, pero la inmensa mayoría son gente educada".

Antonio Moreno, doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación y profesor de la UCA, también tiene un hueco en su memoria para los setenta, cuando se sentaba en las bancas a adquirir conocimientos en lugar de ante ellas para transmitirlos. "Los cupones los tenía el jefe de estudios en su despacho, en mi caso, D. Ángel Tabernero, también mi profesor de francés... era el 'Tasca', temido y respetado y, en los últimos años, muy querido. Si un profesor te expulsaba de clase (a mí sólo me ocurrió una vez porque me reí de un comentario que hizo un compañero y me costó sólo un cupón porque no tenía otros antecedentes), tenías que permanecer en el pasillo frente a la puerta y, si te encontraba D. Ángel, te llevaba a su despacho y te quitaba varios cupones según la falta que le comentara el profesor (lo llamaba por el teléfono interno al aula). Cuando te quitaban cuatro, te enviaba una semana a casa; seis, un mes; ocho, tres meses; y con diez, te expulsaban definitivamente".

Era así de fácil y así de complicado a la vez, porque los tiempos han cambiado bastante. Antes la expulsión suponía una humillación tanto para el alumno como para su familia, mientras que ahora son muchos los estudiantes que no saben qué hacer para que les manden a casa "de vacaciones". Según el actual director del centro, es complicado expulsar a un alumno en los tiempos que corren porque se les da unas garantías donde aparentemente se pone en duda la veracidad del profesor. La Consejería de Educación recoge en su nuevo reglamento que los profesores tienen presunción de veracidad. "¿Qué quiere decir eso? Que ahora mismo cuando un profesor dice que un alumno ha realizado tal infracción, en principio, la dirección y jefatura de estudios del centro le tiene que dar veracidad sobre la versión del alumno", comenta Francisco Vaca. Sin embargo, hasta el pasado año, cuando se aplicó el reglamento, la palabra del profesor y la del alumno valían lo mismo. En los sesenta y setenta era impensable siquiera que el alumno pudiera contar su versión de los hechos.

"Era un método cohercitivo; se asustaba a los niños diciéndoles que al perder los puntos se expedientaba. Se trataba de faltas que ahora serían muy leves, o ni siquiera consideradas como faltas", cuenta Juan de Dios Blanes, exalumno y exprofesor del instituto y actual docente de Lengua y Literatura en la Escuela de Artes. "Yo sólo estuve un año y ya me pilló mayorcito, por lo que no tuve problemas con la cartilla; pero los más pequeños sí que le tenían miedo", añade.

Manuél Caramé también conserva un lugar privilegiado para los recuerdos de los colegios de su infancia. Incluso lo ha contado en antena desde las ondas de la Cadena Cope, donde posee un espacio en las mañanas de los viernes. A pesar de ello no recuerda con claridad aquella cartilla de puntos. "Se rumoreaba pero nunca llegué a comprobarlo; era buen alumno y nunca me castigaron. Pero sí recuerdo que un año saqué matrículas de honor en francés y lengua, y por eso premiaban a los alumnos descontándoles 50 pesetas por cada una del precio de la matrícula, que rondaba las 500 pesetas". El método de premiar a los buenos estudiantes también figura entre las propuestas llevadas ante el Ministerio.

Eran otros tiempos, otras medidas y otra disciplina que no encajaría, por mucho que lo intentaran, en nuestros días.
8 comentarios
  • 8 Miguel 17.09.2012, 08:04

    No idealicemos el pasado. Ahora sí que hay que saber pedagogía y ganarse el pan de verdad. Menos golpes de pecho y menos batallitas, que los tiempos no eran tan felices. Con la llegada de la libertad, todos tenemos que aprender, y los profesores los primeros, pues enseñar en un entorno democrático es infinitamente más difícil que en el pasado franquista. No le echen tanto la culpa a padres (que tienen lo suyo también) y sean autocríticos.

  • 7 Rubencito 16.09.2012, 09:04

    La Puerta clase se abrió y "apareció" dos pitones y Tabernero llegó y me quito dos cupones. Música :José Feliciano.

  • 6 Robin de La Caleta 15.09.2012, 23:55

    La función de un buen profesor es la de transmitir el conocimiento como sea. La educación y las buenas maneras, se aprenden en casa. PD: Mis hijos estudian en el Columela.

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