El momento dado en el que Peter Pan se hizo mayor

Pedro Ingelmo / Cádiz | Actualizado 12.08.2012 - 01:00
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Chechu Do Campo con su carro de curas en el hospital San Rafael.

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"En un momento dado" Chechu protagonizó un acto heroico. Se fue. Es muy interesante esa expresión que acabo de escuchar de boca de Chechu: "En un momento dado". Como tal, en un momento dado no signfica nada. Es un momento dado, otorgado, entregado, Pero si 'en un momento dado' se marchó Chechu, si 'en un momento dado' cambió de vida, pegó un volantazo, si es que esa expresión significa algo. Porque 'en ese momento dado' Chechu no era un crío. Tenía 46 años, la edad en la que empieza la cuesta abajo, la edad en la que todo está construido. Pero, ops, él no había construido nada que él considerara serio. Y decidió empezar a construirlo. Peter Pan se hizo mayor.

Vayamos al día de hoy. Estamos en la clínica San Rafael, con la placa en honor a José Manuel Pascual en el vestíbulo. En este centro médico Chechu posa con su carrito de curas, muy repeinao hacia atrás, "vestido de romano", como dice él, que quiere decir vestido de enfermero. Acaban de renovarle el contrato seis meses, espera que llegará a los dos años. Chechu es enfermero. Recién licenciado, como quien dice. Chechu cumple en septiembre 50 años. Por los pasillos le saludan los trabajadores de la clínica, él responde sonriente. Ha empezado en este trabajo hace poco, pero lo hace con la serenidad de un hombre al que se le ha acabado la década de los 40. Su acto de heroicidad fue ése: creer en sí mismo en un momento dado en que nadie cree en sí mismo.

Chechu joven era un hombre de la noche. Sus trabajos han sido innumerables. De joven, le puede la alegría, le puede el pasárselo bien. Y, en los años 80, Cádiz es un lugar en el que hay muchos sitios para pasárselo bien y, si no los hay, él los crea. "A mí se me daba muy bien la fiesta. No ganas mucho, pero ganas muchos amigos", comenta en una terraza del paseo marítimo recordando sus tiempos como hostelero en un local de fugaz éxito llamado La Nueva Taberna mientras pone en duda que su vida tenga interés para un artículo periodístico. "Buah -le digo- se publica cada artículo periodístico..."

Sinceramente, pienso que la vida de Chechu es un artículo periodístico porque me figuro, según él me cuenta, las largas cuchipandas en las que él se mantiene no por la juerga, sino para vender jamones, quesos y vinos. "Yo he vendido de todo". Como Jack Lemmon en Días de vino y rosas, Chechu es un bebedor social , tiene que estar hasta el final de la fiesta por el bien del negocio. Y sólo estoy hablando de uno de tantos negocios porque también monta un colmao en Isecotel que se convierte en un punto de encuentro de amigos donde nadie paga nada. No es el único, ni todos los negocios son nocturnos. También se enrola en una financiera y le endilgan el cometido de buscar morosos. Es desagradable.

Mejor era, pensaría, cuando se inventó el Photoprograma, haciendo fotos a la clientela de los bares para que se vieran luego de parranda, o incluso mejor antes, cuando jugaba al hockey sobre patines en el club Mirandilla. El patinador adolescente se va deslizando por el Cádiz cambiante, pero desconoce por completo hacia dónde ir. La noche va marcando el camino. Entre medias, un tiempo cortando champiñones en Holanda, otro tiempo en Eindhoven en la Philips, otro tiempo en el Marriot de Amsterdam limpiando habitaciones y, a la vuelta, sus famosas chinchetas de colores con una tecnología de esmalte made in Chechu y cable bipolar, que se hacen muy populares. Aún hoy las hace.

No falta el dinero, hasta que esta famosa crisis, ésta en la que estamos metidos, nos va tragando como arenas movedizas. Por entonces ya sabe Chechu que no quiere cobrar a morosos, que allá los morosos y sus acreedores con sus problemas. "Lo tenía dentro, nunca muy en la superficie, pero hay cosas de la juventud que sabes que tienes pendientes. Yo tenía pendiente algo, no sabía el qué". Porque Chechu es muy impreciso explicándose a sí mismo.

Lo que es seguro es que va dibujando el camino de alguna manera cuando hace cinco veranos le da por hacerse socorrista en la playa de La Victoria. ¿Por qué un vividor tiene que perder horas voluntarias pendiente de si un desconocido se ahoga o no se ahoga? A Chechu, ya digo, al que es difícil extraerle razones, dice que fue porque sí, porque le dio por ahí. Un fenómeno en construcción. Sigue construyéndose. Socorrista camillero, más cursos. Un paso más. Y otro. Conductor de ambulancias. Tras ese verano, congrega a los amigos. "Decidí lo que quería hacer". El acto heroico: estudiaré enfermería. Ja, ja, contestan los amigos, ¿tú sabes la edad que tienes?

No sólo la edad que tienes. Chechu sólo cuenta con el paro del último trabajo para pagarse la matrícula en una escuela de enfermería privada de Madrid porque no está a su alcance la universidad pública. Su sueño cuesta muy caro. Y así se convierte en "el universitario más pobre de España". Vive de prestado en un chalé. Sus compañeros, todos veinteañeros, son ricos, pero él, pobre, sabe hacerse querer. El pobre Chechu. Se utilizan piezas de pollos para practicar con las inyecciones subcutáneas. Primero se pinchan y luego Chechu se lleva los pollos a casa como comida. Encuentra trabajos variopintos. Un compañero le ofrece un curro sencillo: el cliente llama, pide una prostituta y tú haces el traslado. Traslada putas a las casas de los clientes. Va subsistiendo, estudiando cuando puede, haciendo prácticas en el hospital de toreros. De la nada está saliendo un profesional.

En El Aljibe, un bar junto a la clínica San Rafael ha aparecido Chechu con su bicicleta. Habla de suturas, heridas, betadine y vendas. La rutina. El no ve nada de particular en ello. "Soy un artista de la experiencia", bromea. Sus tres años en Madrid dejaron un vacío entre los amigos. De los de su generación hay muy pocos que no conozcan al Chechu. Sus tres años de estudios en Madrid, metido en una crisálida, devolvieron otra cosa que Wito Ponce y Miguel Benvenuty convirtieron en un romancero. No todo el mundo tiene un romancero. Chechu, sí. Y dice el tal romancero: "A los 46 años el Chechu se ha vuelto un chiquillo..." Como no hay vergüenza, los colegas lo han colgado en youtube. El caótico y divertido romance puede verse en MnGdKXX96CU&feature=youtube_gdata_play. Y ahí está todo contado.
13 comentarios
  • 13 columela 14.08.2012, 18:56

    Tuve el honor de conocerlo en mi trabano cuando el estaba de comercial. Una gran persona y buena gente, siempre con una sonrisa. Enhorabuena Chechu

  • 12 amigoorgulloso 13.08.2012, 11:56

    Oleesechechugüenoahí. El artículo no le hace honor porque no expresa lo que realmente vale, dichoso el que sea atendido por éste enfermero que no le va a poner jamás una mala cara y todo lo va a hacer siempre con la mayor amabilidad. Sin lugar a dudas la mejor persona que conozco.

  • 11 Me alegro. . . 12.08.2012, 20:13

    Que mala es la envidia, verdad Manuel? Pues si lo han enchufao. . . ole sus cojon. . . es, de lo contrario enhorabuena.

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