¿Y qué pasa con San Telmo?

  • El futuro del palacio está en el aire: Arenas se resiste a utilizar unas instalaciones que ahorran a la Junta un millón al año en alquileres y acogen a más de 300 trabajadores

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En esa suerte de presidencia virtual que Javier Arenas ejerce conforme se aproxima el 25-M, el Palacio de San Telmo juega un curioso papel. Pese a la reforma en dos tiempos del histórico edificio (fase uno: 1991-1992; fase dos: 2005-2010) y pese a ser la sede oficial del Ejecutivo autonómico, el PP no sabe qué hacer con él. Al principio, Arenas decía que evitaría siquiera pisarlo. En el recuerdo, flotando, aquella vieja oposición a vincular el inmueble a la Junta. Después, quizás persuadido por el coste potencial de la jugada, afirmó que su futuro se condicionará al resultado de un informe que describa con realismo las posibilidades de la Administración. Se habló de abrir a los ciudadanos un conjunto arquitectónico de 21.711 metros cuadrados (más 18.019 de jardines y zonas adyacentes) cuyas principales perlas ya son visitables: el Salón de los Espejos, la capilla barroca levantada por Leornardo de Figueroa, la versallesca sala donde el Consejo de Gobierno celebra sus sesiones. Otra idea era reconvertir el espacio en museo, pero sin aclarar qué colecciones albergaría y cuánto costaría trasladarlas y adaptarlo (otra vez) todo.

La ciencia presupuestaria tampoco está para bromas: en un contexto de recortes masivos y poco discriminados, añadir más leña a los 46 millones que ya desembolsó la Junta para recuperar el palacio sonaría a guasa. Si Arenas gana las elecciones, tendrá que medir sus pasos con prudencia quirúrgica.

El Gobierno andaluz ha respondido 25 veces durante la legislatura a cuestiones de la oposición relativas a San Telmo. Sus argumentos están claros: Uno. La Junta concentra en este lugar las oficinas que antes distribuía entre la Casa Rosa, la avenida de la Borbolla y la plaza de la Contratación. El ahorro en alquileres supera el millón de euros al año. Dos. Guillermo Vázquez Consuegra, el arquitecto encargado de las obras más recientes, recibió el mandato de compatibilizar patrimonio y despachos. Más de 19.000 personas han visitado el edificio desde su reapertura en verano de 2010. Y tres. Regiones como Cataluña, Madrid, Valencia, Galicia y Baleares utilizan como sedes gubernamentales inmuebles igualmente históricos sin que nadie se rasgue las vestiduras.

En San Telmo hay más de 300 trabajadores. Allí están los despachos del presidente, José Antonio Griñán; la consejera de Presidencia y portavoz, Mar Moreno; el viceconsejero; la Secretaría General Técnica; la de Acción Exterior; la Dirección General de Comunicación Social y la Oficina de la portavoz. El laberinto de cubículos, salas, escaleras y archivadores es enorme. Sin contar las joyas de la corona anteriormente descritas, no hay señales de lujo, sólo mobiliario de oficina. Y tabletas para los consejeros, que ya no usan papel en sus cónclaves.

El entorno de Griñán asegura que Arenas nunca se ha reunido allí con el presidente. "Quizás si supiera cómo son las tripas de la Junta cambiaría de idea", sostienen. La apuesta por la transparencia ha sido notable. Las partidas presupuestarias de la reforma aparecen explicadas año a año. 555.793 euros en 2005; 7,7 millones en 2006; 13,3 en 2007; 15,7 en 2009; 8,9 en 2009 y 364.625 en 2010. El montante incluye las tareas de catalogación y conservación de los yacimientos arqueológicos descubiertos (4,4 millones) y la restauración del techo de madera de la capilla y de las doce estatuas de la fachada de Palos de la Frontera (5,1).

San Telmo se levantó en 1682 en terrenos de la Inquisición para albergar el colegio seminario de la Universidad de Mareantes, donde se acogía y formaba a los huérfanos de los marineros. En 1847 se convierte en sede de la Sociedad del Ferrocarril, primero, y de la Universidad Literaria, posteriormente. Los duques de Montpensier compraron el edificio en 1849. En 1897 muere la infanta María Luisa de Orleans, que dona el palacio a la Archidiócesis de Sevilla y los jardines (hoy el parque homónimo) a la ciudad. De 1901 a 1989, San Telmo hizo de seminario, pero el Arzobispado acabó cediéndolo a la Junta. Dos tercios estaban entonces inutilizados -ratas, suciedad, décadas de ruina y abandono-. El precio de la cesión fue la salvación de un lugar aún demasiado desconocido pese a estar tan a mano.

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