El verano de las neveras ya llegó

LAS dos escenas resumen este verano. Una playa andaluza, de ésas que hace diez años apenas veía pasar un nudista en cada marea, uno de los viejos paraísos de los hippies de temporá de la costa atlántica gaditana, rebosa de gente a las 8 de la tarde. Hasta el carril más ignoto que llega furtivamente entre enebros a la supuesta playa escondida ha sido detectado por el GPS adosado en el salpicadero del inmenso todo terreno; como si de una medallita de un San Cristóbal cibernético se tratase, el aparatito ha dado con la cala. El camino está colapsado por muchos más automóviles de ese tipo, de ésos que se pagan empotrados en la misma hipoteca. Y pocas horas después, en uno de los restaurantes donde mejor pescado sirven, otro paraíso, un viernes 8 de agosto de 2008 casi a la 10:30 de la noche, hay preciosos boquerones frescos, pero algunos -¡misterio!- tienen piernas: son los camareros. Boquerones, tiesos: más de la mitad del restaurante está vacío. Y el de al lado también, y el otro... Sólo se salva Manguita, el del Novo Sancti Petri: hay clientes haciendo cola. Y las heladerías, para después de la cena en la casa, en la habitación del hotel o en el apartamento alquilado.

Al preguntarle al dueño por cómo va el verano, al de los boquerones, éste te responde cómo si le interrogaras por cuánto tiempo le queda de mili.

-"Vale, hombre, ponme la urta a la espalda, que ésa se come las uvas".

Casi ni sonríe. Más bien masculla un "la leche que mamó al euro". Para contestarle: "Sí, hombre, ahora, en 2008".

Éste es el verano de las neveras, las de las casas llenas, y las de las playas, enteras. Mercadona no está notando la crisis, al menos en la costa andaluza. Ni Carrefour. Hace años que no se veían tantas neveras repletitas de cervezas y refrescos bajo las sombrillas, y hasta han vuelto las tarteras para guardar la tríada dominguera de la tortilla de patatas, los pimientos fritos y el bistec empanado.

Cada día de esta semana ha amanecido con un indicador económico peor que el del trimestre anterior. El índice de producción industrial, el paro registrado en el Inem, el precio de los alimentos frescos... Trichet, el del Banco Central Europeo, por fin admite que el ajuste está siendo más grave de lo esperado y que, por el momento, mantendrá los tipos de interés al 4,25%. La Reserva Federal de los EEUU los tiene al 2%, pero como él mismo reconoce, su "única brújula" es el control de la inflación. Del crecimiento, viene a decir, que se ocupen otros. Los bancos españoles reconocen que no encuentran el dinero que necesitan, y el consejero de Vivienda, Juan Espadas, se lamenta de que las entidades financieras "han cerrado el grifo". En septiembre volverá a reunirse con cajas y bancos, porque el plan de la vivienda iba a ser el paliativo de la crisis inmobiliaria en Andalucía.

¿Se acuerdan del PER? Pues se lo cargó el ladrillo. Se esfumó. Apenas quedan 100.000 personas apuntadas a este sistema para completar las peonadas y cobrar el paro agrario. El sector de la construcción borró todo aquello. En Arcos de la Frontera, cabeza de partido de una comarca jornalera, los tejeros se levantaban el lunes a las 5 de la mañana, pero ya no iban a la gañanía, sino que se pasaban cuatro días colocando tejas en Marbella y volvían el jueves por la noche a pasearse por el pueblo con los bolsillos llenos de billetes. Hace diez años había en Andalucía 200.000 albañiles, pero en el año 2007 ya trabajaban en la construcción un total de 491.000 de media, según la Encuesta de Población Activa.

En aquel verano, el de 2007, aún todavía éramos ricos, pero ahora las cuadrillas de la vendimia de Jerez ya están copadas con jornaleros de la zona y a Francia se han marchado 12.000 trabajadores españoles, un 10% más que el año pasado. Siete de cada diez son andaluces. Y es que de todos los efectos de la crisis, el desempleo es sin duda la peor de sus secuelas.

El tremendo bajón de la licitación en los otrora opulentos colegios de arquitectos indica que la construcción seguirá perdiendo empleo. Según la EPA del segundo trimestre de 2008, en Andalucía trabajaban en la construcción 437.000 personas, mientras que en el año 2004 eran 400.000. Y fue un año bueno. No es muy aventurada la predicción de que el sector puede perder todavía unos 40.000 empleos, y si la tasa de paro se colocan en España en el año 2009 en el 12,5%, según la previsión del Gobierno central, Andalucía puede rozar o sobrepasar el 18% si se mantienen los diferenciales normales.

Todo el eje mediterráneo, e incluso Madrid, sufre el mismo proceso, aunque en Andalucía los otros sectores no son capaces de absorber tanto empleo.

Cuando Manuel Chaves se despidió el 29 de julio de sus consejeros les advirtió que estuvieran preparados por si a lo largo de las vacaciones necesitaba de su presencia para un Consejo de Gobierno o una reunión de rango inferior para analizar la situación de crisis económica. Y todos se han ido de descanso hasta que sean llamados. Excepto el vicepresidente Gaspar Zarrías, que hoy domingo comerá pulpo en O Carballiño con el presidente gallego, Emilio Pérez Touriño. A Zarrías le pasa como al alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, que parece que las próximas elecciones van a ser en septiembre. Chaves se ha ido unos días a Croacia, y hoy faltará al homenaje a Blas Infante, pero cuando vuelva tendrá que hacer como Zapatero: dejar Doñana durante unos días y, en su caso, llamar a sus consejeros, al menos a los que comanda el vicepresidente económico, José Antonio Griñán. Y es que el septiembre que se veía en julio era más benévolo que éste que se palpa en agosto.

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