Las aguas turbias del Guadalquivir en Sanlúcar las originó un desembalse

  • Un informe de Pistresa apunta a la presa de Alcalá del Río como fuente de la suciedad

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Sin contar con un informe oficial que aclare por qué las aguas del Guadalquivir permanecen en su desembocadura turbias desde hace seis meses, una investigación elaborada por la compañía Piscícola de Trebujena S. A. (Pistresa) -una de las principales afectadas por este asunto-, empieza a dar algo de claridad a este caso. Esta empresa apunta directamente al origen de este fenómeno: la presa sevillana de Alcalá del Río. Según su investigación, el inicio del oscurecimiento del caudal coincide con un desembalse que se realizó en esta infraestructura, la última de la cuenca, durante los días 21, 22 y 23 de noviembre, con el propósito de aliviarla tras las abundantes lluvias registradas.

Esta labor, rutinaria y propia de épocas de alta pluviosidad, tuvo, sin embargo, unas dimensiones descomunales y provocó la aparición de más de cinco millones de toneladas de fango, según consta en el estudio que la compañía hará llegar en las próximas semanas a la Dirección General de Pesca. El promedio de suelta de agua en la presa era hasta ese momento de 9 metros cúbicos por segundo y durante esos tres días consecutivos fue de 484 metros cúbicos por segundo. El ritmo llegó a ser 54 veces superior, según avanzó el alcalde de Trebujena y presidente del consejo de administración de Pistresa, Manuel Cárdenas, que lamentó la falta de claridad de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) y la Junta de Andalucía.

Los organismos oficiales atribuyeron la turbidez a un "fenómeno natural", según volvieron a remarcar hace diez días el presidente de la Comisión Científica del Plan Doñana 2005, Hermenegildo Castro, y la delegada de Medio Ambiente en Cádiz, Gemma Araujo, aunque también reconocieron que se trataba de "la primera vez que ocurre esto a medio o largo plazo en la historia". Hermenegildo Castro se mostró convencido de que a finales de mes se acabará la suciedad gracias a un desembalse de 50 hectómetros cúbicos de agua para 18.000 hectáreas de arrozales de la ribera del Guadalquivir.

El nivel medio de partículas sólidas en suspensión en la desembocadura es de 170 miligramos por litro, mientras que en este último semestre ha oscilado entre 5.000 y 15.000 miligramos por litro, según el día y la actividad registrada en el río

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