Los litorales de Málaga y Huelva son los más vulnerables a la subida del nivel del mar

  • Las costas malagueñas y onubenses son las más expuestas de Andalucía a la subida del mar, ya que, según el mapa de vulnerabilidad del Centro Andaluz de Medio Ambiente, muchas de sus playas quedarán inundadas durante este siglo

Ninguna playa de la Costa del Sol se librará de los efectos que el cambio climático tendrá sobre el litoral a lo largo de este siglo. El estudio que el Centro Andaluz de Medio Ambiente desarrolla sobre la vulnerabilidad de las zonas costeras por la previsible subida del nivel del mar en más de un metro no deja lugar a dudas. Todos aquellas edificaciones que se encuentren a menos de 80 metros de la línea de costa y entre uno y dos metros sobre el actual nivel del mar quedarán inundadas irremediablemente, lo que conllevará consecuencias impredecibles para el sector turístico.

En el caso de la provincia de Málaga el riesgo es enorme. La desmesurada ocupación urbanística que se ha hecho de la costa malagueña en las últimas décadas tendrá sus consecuencias en los próximos años si se cumplen los pronósticos más pesimistas. Miguel Losada, director del grupo de investigación de dinámica de flujos ambientales de este organismo, aseguró a este periódico que es un dato constatado que el nivel del mar de esta zona subirá alrededor de un metro durante este siglo y "eso implica que el mar ocupará en horizontal entre 50 y 100 metros de playa según cada caso".

El problema es que en la Costa del Sol prácticamente todas las playas desde Estepona hasta el límite de los acantilados de Nerja se encuentran ocupadas a menos de los cien metros de la línea de costa y a sólo un metro o metro y medio sobre el nivel del mar actual.

Esto convierte al litoral malagueño en el más vulnerable de Andalucía, junto a la costa de Huelva donde el mapa de vulnerabilidad que está realizando el Centro Andaluz de Medio Ambiente alerta de que muchas playas también quedarán inundadas durante este siglo.

El progresivo retroceso de la línea de playa supondrá también un peligro para las infraestructuras construidas en el litoral como los puertos, puesto que el nivel de rebase podría llegar hasta el 150% como consecuencia de los cambios que se producirán en el oleaje y las borrascas marítimas.

El riesgo de que esto ocurra también lo pone de manifiesto otro informe elaborado por el Ministerio de Medio Ambiente sobre las áreas costeras más vulnerables por culpa del calentamiento global que sufre la Tierra. Las playas de La Caleta, Maro, Carabeo y Carabeíllo Chico en la Costa del Sol oriental, y la de San Francisco, Santa Amalia, El Castillo, El Chaparral, El Egido, La Butibamba, La Cala y El Bombo en la zona occidental de la provincia son algunos ejemplos que se incluyen en el primer estudio de seguimiento del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático que se dio a conocer en marzo.

Según Losada, la subida del nivel del mar ocurrirá "independientemente de si se frenan o no las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera", por lo que considera que no se puede demorar por más tiempo la adopción de medidas para mitigar sus efectos.

Este estudio que está llevando a cabo el Centro Andaluz de Medio Ambiente servirá a las distintas administraciones para evaluar la situación actual y anticiparse a los posibles impactos que traerá consigo el cambio climático en las zonas costeras como consecuencia del retroceso de las playas.

Fue en 1920 cuando los científicos detectaron que el nivel del mar comenzaba a subir en todo el planeta. La tendencia se mantuvo de forma casi constante hasta los años 90, pero a partir de entonces el incremento ha sido cada vez más significativo.

A lo largo del siglo XX el nivel del mar subió unos 20 centímetros debido al aumento térmico que han experimentado las aguas. La subida de la temperatura del agua fue de media centésima al año hasta que a principios de la década de los 90 el aumento se situó en torno a las dos centésimas por año.

Esto también ha hecho que aumente la salinidad del mar en varias milésimas al año en la zona mediterránea, lo que según los expertos puede alterar la circulación de los océanos y la distribución de calor entre éstos y la atmósfera.

Ante este preocupante escenario, el también catedrático de Ingeniería Hidráulica de la Universidad de Granada advirtió que "hemos hipotecado nuestro territorio y eso provocará las pérdidas de zonas turísticas. No se puede continuar con esta sinrazón y ya no se debería ejecutar ninguna obra que pase de esa raya".

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