A galope hacia Almonte pasando por El Rocío

  • La aldea recibe yeguas y potros tras su pasto en Doñana

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Polvareda, relinchos y crines al aire en la repetición, ayer, del rito ancestal de la Saca de las Yeguas, la traída de caballos a Almonte, previo paso por El Rocío, que durante meses han estado pastando en estado semisalvaje en el Parque Nacional de Doñana. En la aldea y en los alrededores del santuario de la Blanca Paloma se volvieron a concentrar miles de curiosos para asistir a la presentación del ganado a la Virgen del Rocío antes de llevarlo a Almonte.

La Saca de las Yeguas, una tradición que este año celebra su 504 edición, es una actividad organizada por la Asociación de Criadores de Ganado Marismeño, en colaboración con el Ayuntamiento de Almonte, en la que se pone de manifiesto el vínculo existente entre el hombre y la naturaleza.

Tras su paso por El Rocío, las tropas se dirigieron hacia el lugar conocido como la plaza Chivo, a unos kilómetros de Almonte, donde sestearon durante unas horas. Allí se dividieron las reuniones para distribuir las reses en los distintos corrales cuando llegaron al recinto de Almonte que se ha instalado para la ocasión. Llegaron a la caída de la tarde, coincidiendo este año con el primer días de la feria ganadera que se prolongará hasta el próximo lunes, cuando el ganado vuelva a Doñana.

La tradición quedó regularizada en 1504 con una ordenanza del duque de Medina Sidonia en la que se citaba la figura del yegüerizo del concejo, y establecía que el ganado se sacase de los prados acotados al efecto por la festividad de San Juan, el 24 de junio.

El paso del ganado por El Rocío tuvo ayer tres espectadoras de excepción: las presidiarias Isabel, Francisca y Antonia que han obtenido permiso para abandonar durante tres días el centro penitenciario de Huelva y reunirse con sus hijos y sus nietos.

A lomos de sus caballos, los yegüerizos han sido estos días los protagonistas de un legado que perdura.

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