El empeño del asesino por tirar el 'arma' terminó por inculparle

  • Miguel Carcaño Delgado ocultó el cenicero en su cazadora, lo que provocó una "transferencia" de sangre · La Policía también halló restos en la colcha de la cama, una silla, una mesa y el suelo del salón

Todo el empeño que Miguel Carcaño Delgado puso para desprenderse del cenicero de cristal con el que golpeó a Marta del Castillo fue lo que aportó a la Policía la prueba decisiva sobre la autoría del crimen. El joven se guardó el objeto dentro de su cazadora para arrojarlo al río junto al cadáver y esa acción permitió una "transferencia" de la sangre de la víctima al forro de la prenda del imputado.

La explicación de este error que cometió el asesino la ofreció ayer el jefe superior de Policía de Andalucía Occidental, Enrique Álvarez Riestra, quien compareció en una multitudinaria rueda de prensa para informar sobre la investigación policial una vez que se ha levantado el secreto de sumario. No fue el único rastro de sangre que halló la Policía, puesto que se han localizado hasta cinco restos de sangre que coinciden con el perfil de ADN de Marta del Castillo. Estas pruebas científicas del delito se encontraron en la colcha de la cama donde Miguel Carcaño, de 19 años, depositó el cenicero de cristal con el que golpeó a Marta, así como en la silla y una mesa de ordenador que hay en el dormitorio donde se produjo el crimen, y en el salón de la vivienda de la calle León XIII donde fue envuelto el cadáver en una manta antes de introducirlo en un coche para llevarlo al río.

Álvarez Riestra realizó un relato cronológico y contrastado a través de la investigación policial sobre los hechos que ocurrieron la tarde del pasado 24 de enero, desde que la joven salió de su casa en el barrio de Tartessos en torno a las cinco y media de la tarde hasta que se produjo su asesinato y fue arrojada al Guadalquivir. La investigación ha puesto de manifiesto que Marta estaba "chateando" con una amiga cuando Miguel Carcaño, el joven de 19 años con el que tuvo una relación informal de un mes, llamó al portero electrónico de su casa.

Ambos estuvieron con varios amigos en distintos puntos de la ciudad y sobre las ocho y cinco de la tarde conversaron en Triana con otro joven que realiza bordados de Semana Santa. Desde ahí se trasladaron al domicilio de Miguel, en el número 78 de la calle León XIII, para recoger unos CD, aunque el jefe policial no quiso entrar a valorar el móvil del crimen que ha ofrecido el asesino confeso en sus declaraciones y en las que atribuye lo ocurrido a motivos sentimentales. Riestra sólo apuntó que Marta quería "aclarar unos rumores que Miguel estaba difundiendo sobre ella", lo que derivó en una discusión en la que Miguel asestó, en principio y a falta de recuperar el cadáver, un único golpe a Marta. El jefe superior indicó que desconoce si le propinó más golpes o si con un solo es posible que le causara la muerte.

La agresión se produjo cuando ambos estaban de pie, uno frente al otro, y el golpe alcanzó a la menor en la región parietal izquierda. Marta se desplomó en el suelo, quedando inerte y en estado inconsciente, sin que los investigadores ni el juez hayan podido determinar si estaba aún con vida, según subraya el auto del juzgado de Instrucción número 4 de Sevilla que el pasado lunes decretó el ingreso en prisión de Miguel Carcaño. La Policía cree que el crimen se perpetró antes de las 20:45, según se desprende del registro de las 17 llamadas perdidas que se realizaron al teléfono móvil de Marta del Castillo y de las que con posterioridad realizaron el asesino y su hermano mayor. Una amiga llamó a las 20:03 a Marta, pero ésta ya no contestó al teléfono, y a las 20:35 y 20:45 le envió dos mensajes de texto. Fue entonces cuando Miguel Carcaño cogió el teléfono y lo guardó entre las prendas de Marta. A continuación, telefoneó a otro de los imputados, Samuel Benítez Pérez, desde una cabina ubicada cerca de su casa, y este joven se presentó en su domicilio poco después, acompañado del menor de 15 años que también está imputado por un delito de encubrimiento.

En este instante de la secuencia temporal del crimen descrita por Álvarez Riestra es cuando coinciden los cuatro implicados con el cadáver de Marta del Castillo en la vivienda de la calle León XIII, donde también se encontraba Javier Delgado Moreno, hermano de Miguel y cuarto implicado que ha sido privado de libertad como cómplice del delito. Samuel y el menor observan a su llegada cómo Miguel está acabando de envolver el cuerpo en una manta, en presencia de su hermano Javier, quien posteriormente, según ha determinado la investigación, se quedaría en la vivienda limpiando los restos y huellas del asesinato de Marta.

Samuel y el menor llevaron a hombros el cuerpo hasta un Volkswagen Polo de color blanco -propiedad de la madre del adolescente-, mientras que Miguel les seguía apagando las luces de la vivienda. Acto seguido dejaron el cuerpo en los asientos traseros del vehículo y se marcharon en dirección a la antigua pasarela de Camas, frente al Charco de la Pava. Miguel Carcaño les seguía en su ciclomotor.

El cuerpo fue arrojado al río Guadalquivir sobre las 22:30 del 24 de enero, en una maniobra en la que Miguel cogió a Marta por los brazos y Samuel por las piernas. Después tiró también el cenicero al río con la intención de deshacerse del arma homicida, pero no se dio cuenta de que, por la forma en la que ocultó el objeto, hubo una transferencia que ha resultado fundamental en la investigación. El teléfono móvil, que Miguel colocó en la ropa de la víctima, también desapareció en el Guadalquivir.

La Policía está convencida de que los inculpados han confesado el punto exacto desde donde se arrojó el cuerpo, puesto que la zona fue descrita por separado por los tres sospechosos que estuvieron en la zona aquella noche. Después de arrojar el cadáver, Miguel Carcaño se dirigió a la vivienda de Camas donde estaba residiendo con su actual novia, de 14 años, a donde llegó sobre las 22:50. El jefe superior de Policía confirmó que el caso aún no está cerrado, puesto que los investigadores aún tienen que realizar un "ingente trabajo de análisis operativo, de pesquisas, de procesamiento de prueba e incluso de nuevas declaraciones si fuera preciso". Riestra explicó que durante el tiempo que ha durado la actuación policial, que calificó como una "investigación de libro", se han tomado ya más de 100 declaraciones relacionadas con el caso.

El jefe de Policía restó trascendencia a las amenazas de muerte que Miguel Carcaño había realizado a Marta cinco meses antes del crimen, a través de un mensaje que dejó en la red social tuenti, al entender que forma parte de la manera de hablar y comunicarse entre los jóvenes, pero que no guarda relación con la causa judicial abierta.

En esta página también dejó uno de los implicados, Samuel Benítez Pérez, algunos mensajes pidiendo a Marta que volviera, unos comentarios que la Policía considera que tenían la finalidad de "despistar" a los investigadores. Álvarez Riestra indicó que, a la vista de la intervención de los jóvenes implicados en la desaparición de Marta del Castillo, lo que ha quedado suficientemente claro es que "eran más amigos de Miguel que de Marta", en alusión a la conducta de colaboración y encubrimiento que mantuvieron desde que tuvo lugar el crimen y en las tres semanas siguientes al desenlace del caso.

La defensa de tres de los jóvenes implicados consideró ayer que los hechos no están tan claros como los expuso ayer la Policía y argumentó que se han producido muchos testimonios falsos o interesados, entre los que destacan el realizado por el menor de 15 años, informa Efe. El letrado Antonio Jiménez Almagro, que representa al autor material del crimen, aseguró que no entiende por qué el juez ha dado credibilidad a este testimonio a pesar de que quienes le conocen saben que es muy influenciable.

El abogado Manuel Caballero, que defiende al imputado Samuel Benítez, sostuvo que una interpretación de los hechos como la que hizo la Policía "es una barbaridad y un quebrantamiento del Estado de Derecho que convierte a España en una república bananera". Este defensor añadió que la labor de la Policía es recoge prueba, "no hacer una valoración que sólo corresponde al tribunal".

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