Un ciudadano chino aparece degollado en su bar de Triana

  • Los asesinos de Jin Ling Min, de 33 años y dueño del café La Pará, sustrajeron un televisor de pantalla plana y un ordenador portátil tras cometer el crimen

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La Policía encontró ayer por la mañana el cadáver de Jin Ling Min, ciudadano chino de 33 años, en el interior del café La Pará, el bar de Triana que regentaba desde hace aproximadamente un año. Jin fue degollado casi con toda seguridad durante la noche anterior y su cuerpo yacía junto a los aseos y la máquina tragaperras del negocio cuando fue encontrado por los agentes de la Policía Nacional, después de que su esposa llamara al 112 alarmada porque no había visto a su marido desde la noche anterior.

La llamada está registrada a las 8:20. María, de nacionalidad rumana y mujer de la víctima, informaba a la Policía de que no había logrado contactar con Jin desde las doce de la noche. A esa hora había hablado con él por teléfono y éste le había dicho que sólo quedaba un cliente por terminar y que estaría de vuelta en casa un rato después. Diez minutos después María volvió a llamar y nadie atendió al teléfono. Lo intentó de nuevo con el mismo resultado y decidió presentarse en el bar que regentaba el matrimonio, en el número 4 de la calle Rafael Belmonte García.

María se encontró con la puerta cerrada con llave pero con la persiana de seguridad subida, varias mesas en la calle y el rótulo luminoso encendido. Como no tenía llave de la puerta decidió no entrar pensando que su marido había salido un momento y que volvería después. Aparentemente todo estaba en orden y por eso se marchó a casa. Cuando se despertó por la mañana, Jin no había aparecido aún. Llamó a un amigo y éste le dijo que avisara a la Policía inmediatamente.

María llamó al 112 y en el bar se presentaron varios agentes de la Policía Nacional y una dotación de los Bomberos, por si era necesario forzar la puerta. Una vez abierto el local, los agentes descubrieron el cadáver de Jin desangrado y tendido sobre el suelo. La máquina tragaperras, a apenas un metro del cuerpo, todavía estaba encendida. El dueño del bar tenía una herida profunda en el cuello que había resultado mortal. Quien lo mató abandonó el local cerrando con llave y llevándose consigo el ordenador y el televisor. Sin embargo, dejó en su lugar y aparentemente intacta la caja registradora.

Un vecino del bloque situado enfrente del bar La Pará explicó a este periódico que se asomó a la ventana sobre las once y media de la noche para comprobar si llovía. En ese momento vio a Jin dentro del bar trabajando en su ordenador portátil. No había nadie más en el local. Luego cerró la ventana y no oyó nada hasta que por la mañana se despertó y vio a los policías examinar el interior del establecimiento.

"Quien le hizo esto debió hacerlo muy rápido", decía María a las puertas del establecimiento. La joven rumana lloraba la muerte de su marido acompañada por unos vecinos y por varios miembros de la asociación de chinos en Andalucía. Pero nadie le ofreció asistencia psicológica ni tampoco demasiadas facilidades. "Las tarjetas de crédito y la documentación del banco están dentro. No puedo sacar dinero, ni siquiera para pagarle a la funeraria", decía la mujer a un policía que franqueaba la entrada del bar. "Tiene usted que dirigirse al juzgado de instrucción 13", respondía el agente al tiempo que le indicaba un número de teléfono.

A unos metros, la furgoneta de la funeraria había provocado un pequeño atasco y un conductor intentaba por todos los medios que alguien le franqueara el paso porque llegaba tarde a una boda. "Yo comprendo lo del cadáver, pero podían echarme una mano". Al filo del mediodía la juez de guardia ordenó el levantamiento del cuerpo y el local quedó precintado por la Policía una vez que los agentes de la unidad científica terminaron de tomar muestras.

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