Los andaluces dicen que les interesa el campo, pero ignoran su agricultura

  • Andalucía, con una producción final agraria de 10.300 millones de euros y una facturación agroindustrial de 14.000 millones, es una primera potencia europea

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Está en peligro la olla de los garbanzos. Así resume la situación del campo andaluz Miguel López, secretario general de COAG, uno de los interlocutores del presidente del Gobierno el pasado martes en el Palacio de la Moncloa. Un mes largo después de la multitudinaria manifestación de decenas de miles de agricultores en las calles de la capital de España, el presidente Zapatero ha recibido a los líderes agrarios. La deuda acumulada por los agricultores españoles es de 23.500 millones de euros; al cambio, unos cuatro billones de pesetas. La cuarta parte en Andalucía.

La ruina ha caído también sobre esta región, que es una primera potencia agraria europea en apuros. Andalucía tuvo una década espléndida en los 90. Entre 1992 y 2002 se duplicó la producción final agraria andaluza, que se situó en 9.000 millones de euros. Pero desde entonces, el sector ha prosperado mucho menos. El año pasado la PFA fue de 10.300 millones. La industria agroalimentaria facturó 14.000 millones, casi la mitad exportada a clientes extranjeros.

Esta realidad no tiene un reflejo preciso en la conciencia del conjunto de los ciudadanos. La población andaluza responde que tiene una clara preocupación e interés por los temas relacionados con los pueblos y zonas rurales de Andalucía cuando se le pregunta en el agrobarómetro del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA), con sede en Córdoba. En 2007 más de la mitad de los encuestados respondían que les preocupaban mucho o bastante estos temas. En ese mismo estudio un 64% de los andaluces mostraban un elevado interés por los asuntos relacionados con la agricultura. Pero su desconocimiento sobre asuntos prácticos pone de manifiesto otro escenario: sólo algo menos de la cuarta parte (23%) reconoce haber oído hablar de la PAC. Menos de la mitad que en Cataluña, de acuerdo con encuestas similares. Curioso dato, si se tiene en cuenta que Andalucía recibe todos los años más de 1.500 millones de euros de las subvenciones de la Política Agraria Común.

El gran beneficiario de estas ayudas es el olivar andaluz. Un cultivo emblemático que supone una extensión de 1,2 millones de hectáreas en toda la región, con alrededor de 190 millones de árboles, que producen una media de 900.000 toneladas de aceite de oliva al año. Hay 250.000 olivareros de 300 pueblos de Andalucía que reciben un importe global cercano a unos 800 millones de euros, por esta producción.

Pero el cheque agrario andaluz está ahora amenazado por los cambios que se prevén en el presupuesto comunitario en el periodo 2014-2020. Las perspectivas no son buenas. La desconocida PAC podría pasar de representar grosso modo el 40% del presupuesto comunitario al 30%. Con un segundo riesgo; al cambiar los criterios de las ayudas, no necesariamente la reducción global será la misma para todas las regiones, con lo que Andalucía podría ver mermar sus ayudas a medida que avance el periodo hacia 2020, y además soportar un trasvase de dinero a otras regiones con zonas desfavorecidas que tuviesen una discriminación positiva. No está claro que se vayan a mantener los porcentajes regionales.

En la actualidad circula un non paper, documento oficioso en la jerga diplomática, que mezcla conceptos agrícolas, medioambientales y energéticos. Se vislumbra una tarifa plana, un pago único por hectárea, fuese cual fuese el cultivo anterior del agricultor, y después unos pluses por tramos en función de la potencialidad de la producción , el mantenimiento del medio ambiente o la fijación de población en el territorio. Eduardo Martín, agricultor de Estepa y coordinador de los servicios técnicos de Asaja Sevilla resume los objetivos de su organización para el futuro: "Un pago directo para el mantenimiento de la renta, por considerar que éste es un sector estratégico para Europa. Recuperar la intervención, suprimida en la reforma de 2003, para evitar el hundimiento de los mercados. Medidas de acompañamiento para la modernización, los jóvenes, las infraestructuras o los regadíos. Exigir a los proveedores extranjeros que cumplan con las mismas exigencias de calidad o fitosanitarias. Convencer a los consumidores de que los nuestros son productos sanos y de calidad. Y reequilibrar la cadena alimentaria".

A la pregunta de si los consumidores son conscientes de la calidad de los productos andaluces, José Gandía, empresario agrario que opera en Sevilla, Huelva, Badajoz, Portugal y Marruecos, responde que "quizá no lo suficiente". Y añade que el mundo rural, la naturaleza y el paisaje forman parte de la cultura de un país, de su atractivo: "Es una cosa que hacemos bien y que podemos vender como una forma de vida, una gastronomía, que tiene interés para el turismo, pero también es muy importante para el amor propio de un pueblo".

Miguel López, desde la Barca de la Florida (Jerez) también destaca el valor cultural de la agricultura: "Si no se cuida, se renuncia a un patrimonio y se desprecia una fuente de alimentos". El dirigente de COAG hace un retrato de la visión que en las capitales se tenía del campo: "Lo que olía a campo, olía a subdesarrollo, personas incultas, con mala apariencia, un espacio del que había que huir". Este retrato no se corresponde ya con la realidad, según el último agrobarómetro del IESA. Ahí se dice que más de dos tercios de los andaluces piensan que se vive mejor en los pueblos que en las ciudades. Eduardo Moyano, director del IESA, sostiene que los andaluces no viven de espaldas al campo: "De hecho, el sistema de ciudades medias andaluzas, que llamamos agrociudades, es único en España, ciudades que son urbanas y agrarias al mismo tiempo". Pero Moyano admite que hace tres décadas ese mismo mundo rural era la imagen del atraso, la pobreza y la desigualdad social.

Susana Corzo, decana de la Facultad de Ciencias Políticas de Granada, e investigadora de estos temas, también subraya que cada vez hay menos diferencias entre el llamado mundo rural y mundo urbano, por el cambio tan grande que han dado los pueblos. Sobre el subsidio agrario y la teoría del voto cautivo, la profesora Corzo estableció en una investigación que en las localidades más beneficiadas, el voto se había dirigido en su mayoría a Izquierda Unida.

El desarrollo indudable de los pueblos y su mejor percepción por la opinión pública no significa que en la España oficial haya una gran preocupación por la agricultura nacional. Una idea que vale también para el ámbito andaluz. Tomás García Azcárate, jefe de la división en la Dirección General de Agricultura de la Comisión Europea señala que en Francia ser ministro de Agricultura representa un aval para llegar a presidente de la República (Chirac) o primer ministro (Rocard o Cresson). Aunque ésta es una excepción francesa, que no tiene parangón en el resto de Europa.

Antonio Luque, agricultor de Antequera y director de Hojiblanca, sostiene que en España no ha habido un apoyo institucional al campo, como lo hay, por ejemplo con la industria. "No tengo datos, pero me gustaría saber el esfuerzo institucional que se ha hecho para generar una actividad aeronáutica en Andalucía. Me gustaría saber cuánto dinero público ha habido que poner encima de la mesa". Los técnicos de Asaja consultados por este diario ponen otro ejemplo: "Cuando hay problemas en el mercado del automóvil, a nadie le sorprende que haya ayudas para la Opel, la Mercedes o la General Motors, pero cuando se plantea desde el campo es que los agricultores estamos siempre llorando".

Para estimular el amor propio del que hablaba Gandía, ya ha habido ejemplos de actuaciones conjuntas de todo el sector que han tenido mucho éxito. Luque fue el presidente de la Mesa del Aceite que se creó para defender los intereses españoles cuando en 1996 y 97 se negoció el nuevo sistema de ayudas en la Unión Europea. "La Mesa del Aceite aglutinó a todo el sector y tuvo muy buena acogida en la opinión pública. Mejoró la imagen de los olivareros, y el aceite de oliva virgen extra se convirtió en un orgullo para muchos ciudadanos, e incluso aumentó notablemente su consumo". Ahora algunos quieren repetir la estrategia ante la difícil situación que pasa el campo andaluz y las dificultades que hay para que se consuman productos de calidad, con marca y origen. "En el día a día, la gente ha buscado en los supermercados más el precio barato que el origen o la calidad", añade Luque.

Miguel López dice que la unidad de acción es fundamental en esta coyuntura. Pero no es fácil. Los agricultores grandes y pequeños tienen serias diferencias en múltiples materias como la modulación de las ayudas, el cultivo de transgénicos o los criterios de utilización del agua. En todo caso, el campo reclama más atención de la sociedad andaluza.

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