El SAS resarce a la familia de una trasplantada de riñón con cáncer

  • La mujer y otro receptor murieron tras recibir órganos de un mismo donante en el Hospital Carlos Haya de Málaga

El Servicio Andaluz de Salud (SAS) ha emitido una resolución favorable para indemnizar, aunque la cuantía no ha trascendido, a la familia de una mujer que falleció en febrero de 2007, un año después de que se le trasplantara un riñón con cáncer en el hospital Carlos Haya de Málaga

La almeriense Mari Carmen Díaz, que tenía 38 años cuando falleció y una hija de 14, tuvo que comenzar a recibir diálisis en Barcelona en 1994, un proceso en el que estuvo encadenada a una máquina más de tres horas tres días a la semana. Poco después recibió un primer riñón que rechazó a los cinco años, aunque tuvo una desafortunada segunda oportunidad el 18 de enero de 2006.

El día anterior había fallecido un varón de 41 años por un accidente cerebrovascular, de cuyo cuerpo sólo pudieron extraerse las córneas y los riñones. De las exploraciones inmediatamente posteriores que se realizaron a estos órganos, la resolución del SAS estima que de ninguna de ellas se podía "descartar metástasis o micro metástasis", por lo que el viudo, Cristóbal Prieto, reclama más precisión en estas evaluaciones.

Durante el año que Mari Carmen vivió con el riñón donado, las visitas al hospital fueron incesantes por diversos problemas de salud que los médicos interpretaron como un segundo rechazo de la paciente al órgano transplantado.

La voz de alarma surgió cuando el otro receptor de los órganos del mismo fallecido que donó a Mari Carmen, Manuel Jesús Siles, de 32 años y también de Almería, fue ingresado en el Hospital Carlos Haya de Málaga con nódulos en los pulmones y en el cráneo. Tenía metástasis y no había solución. Mari Carmen fue entonces requerida de urgencia por el mismo centro para realizarle las pruebas correspondientes. De ellas se desprendió que también sufría otros dos nódulos en el pulmón y uno en la cabeza, por lo que comenzó a recibir quimioterapia.

Mari Carmen recibió durante el último año de su vida un tratamiento que le supuso una bajada de defensas con el fin de que conservara el riñón. De esta decisión se derivó un segundo error, además del trasplante del órgano enfermo, ya que la premisa de partida era el posible rechazo por lo que la terapia, con el debilitamiento que implicaba, favoreció la expansión del tumor cancerígeno. Mari Carmen falleció poco tiempo después que lo hiciera su compañero trasplantado Manuel Jesús Siles.

Fuentes del SAS recordaron ayer que los trasplantes son un tratamiento "imprescindible" para salvar la vida e indicaron que la posibilidad de que pacientes trasplantados de órganos fallezcan por un tumor transmitido por el donante, según las estadísticas, se sitúa entre 0,5 y una por cada 1.000 pacientes trasplantados. También añadieron que no existe una analítica capaz de detectar todos los tumores en estadios incipientes.

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