"Queremos ser vistos con la naturalidad con la que se ve el trabajo de una ONG"

  • Más de 30.000 personas de 60 países pertenecen a esta obediencia de la masonería, que regresa a la comunidad andaluza tras su desaparición de Sevilla, Almería y Málaga a raíz de la Guerra Civil

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-¿Cómo se le ocurrió a usted ingresar en la masonería?

-Bueno, eso ocurrió hace 25 años, cuando yo era estudiante de Medicina, en Francia. Mi decisión partía de una intensa experiencia de militancia política. Buscaba, por un lado, un cierto acomodo espiritual, sentirme bien en un sentido profundo. Y, por otro, un ambiente de intercambio de ideas, de diálogo, en torno a determinados valores de búsqueda de la igualdad, de la justicia social, del respeto entre seres humanos; un ambiente que permitiese realmente la interlocución, el enriquecimiento personal en un contexto metódico y sereno.

-Cualquier persona podría defender su adhesión a los valores a los que usted se refiere. ¿Qué es, entonces, lo específico de la masonería? ¿El método?

-En cierto sentido, podría decirse que sí. Cuando se ingresa en la masonería, el aprendiz vive un tiempo de silencio, en realidad de escucha, de aprender a valorar el criterio de los demás. Todo el itinerario a través de los grados de la masonería se basa en el trabajo personal por eliminar las propias imperfecciones, por uno mismo y con la ayuda de los demás. Simbólicamente, nos vemos como una piedra que hay que pulir hasta que encaja en el muro del templo que se va construyendo.

-¿Cualquier persona, entonces, que comparta esos valores, puede formar parte de la masonería?

-Sí, aceptando algunas peculiaridades propias de cada orden masónica. Nuestra obediencia es la Masonería Mixta Internacional, que surgió en 1893 en Francia gracias al impulso de una mujer, Marie Deraismes, que fundó la Orden del Derecho Humano. Nosotros defendemos especialmente, además de los valores comunes de las demás sensibilidades masónicas, dos señas de identidad: la igualdad radical entre hombres y mujeres y la renuncia a exigirle a nadie la creencia en cualquier clase de dogma, incluido el deísmo que está en el centro de la masonería más tradicional.

-O sea, que se puede ser masón y católico, o evangélico, o musulmán, o agnóstico... Cómo ha cambiado el cuento, ¿no?

-Para el Derecho Humano, la conciencia de cada persona es sagrada y admitimos que cualquiera venga a la masonería con sus creencias, si las tiene, pero dejándolas en el ámbito privado. Eso que usted llama cuento forma parte de nuestra leyenda negra, hemos sido perseguidos históricamente por todos aquellos que no querían vivir en libertad, en igualdad, en fraternidad.

-Algún secreto sí que tendrán...

-Sí. Uno solo. El derecho de cada masón a decir si pertenece o no a la masonería. Por lo demás, somos organizaciones perfectamente legales, que defendemos nuestro derecho a la privacidad, pero no el secretismo. Queremos ser vistos, por ejemplo, con la naturalidad con la que se ve el trabajo de una ONG. De hecho, en algunos países eso es así. Fíjese en que, por ejemplo, en Bélgica y en Francia se nos consulta, como a un agente social más, sobre asuntos de bioética, inmigración... El presidente de la UE, Durao Barroso, nos ha recibido oficialmente. Y eso nos gustaría que también ocurriese en España.

-Complicado, ¿no?

-Cierto. Antes de la Guerra Civil, nuestra obediencia tenía logias, por hablar de Andalucía, en Sevilla, Almería y Málaga. Todo eso quedó borrado con la represión franquista. Ahora, por fin, hemos abierto una logia en Sevilla, Luz de Al-Andalus. Es como volver a casa. Pero aún queda mucho por hacer para restaurar nuestro buen nombre. Un asunto importante en este ámbito es la recuperación de nuestros documentos de esa época, que están en Salamanca, con los demás legajos del Archivo de la Guerra Civil. Para nosotros es algo muy serio. Tenga en cuenta que cientos de nuestros hermanos fueron encarcelados y muchos, asesinados, en aquellos años: la masonería fue exterminada. Y ver ahora, expuestos en vitrinas como pantomimas en ese archivo los collares masónicos que llevaron esas personas es, sinceramente, un escarnio. Esas personas eran nuestra familia.

-Unas 30.000 personas en 60 países pertenecen a la Orden del Derecho Humano. Usted es su Gran Maestre. ¿Manda mucho?

-Pues, la verdad, no. Porque el gobierno en esta obediencia masónica no se basa en el poder, sino en la garantía de los valores en los que nos reconocemos. En caso de conflicto o discrepancias internas, se trata de velar por la armonía entre las personas y los valores. Respecto al poder exterior... Pues tampoco. Porque no tenemos posicionamiento corporativo alguno de tipo político. Quien tenga dudas, que se lea nuestra Constitución, es pública. Ah, y también nuestra web, www.elderechohumano.org, en español.

-Pero se les atribuye la paternidad de muchas cosas buenas y malas desde el siglo XVIII...

-Y a los judíos, y a los comunistas, y a los católicos... Ni siquiera reivindicamos la paternidad del Siglo de las Luces, la época de las revoluciones atlánticas... Es verdad que la masonería nació en ese ambiente, en ese contexto, formando parte de él, pero no es su origen. Hubo masones que tuvieron un gran protagonismo en determinados acontecimientos históricos. Otros, no. Entonces y ahora. Así ha sido en todas las épocas.

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